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lunes, 23 de enero de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO IV DE ORDINARIO. CICLO B.


IV DOMINGO DE ORDINARIO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 
Sorprende que el evangelista nos diga que Jesús enseñaba una doctrina muy interesante y, en cambio, no nos diga nada sobre esta doctrina. Pero esto tiene un significado profundo. Ya en el mismo relato nos hace notar la diferencia entre la forma de enseñar de los maestros de la Ley y la forma de enseñar de Jesús. Jesús enseña "con autoridad". Seguramente nos quiere decir que enseñaba con potestad o con poder. Sus palabras contienen el "poder" de realizar lo que dicen, como las palabras de Dios en el relato de la Creación: "Y dijo Dios: –Que exista la luz. Y la luz existió". O también "Dios dijo: Que haya un firmamento en medio de las aguas, para separar unas aguas de otras. Y fue así“ (Génesis 1, 3SS).
Dios "dice", y se hace. Del mismo modo, Jesús "habla", y seguidamente se explican los EFECTOS de sus palabras. No hay que repetir las palabras: basta ver los EFECTOS.
En el relato de hoy, los efectos de la enseñanza de Jesús en la sinagoga son, primero, la reacción del espíritu maligno y después, la liberación del hombre que estaba poseído.
Reacción del espíritu maligno.
Juan Bautista ya nos había presentado a Jesús como "el más fuerte": no sólo más fuerte que él, Juan, sino sobretodo más fuerte que el espíritu maligno que gobierna el "mundo". Jesús no comienza su obra en una sociedad neutra. En la sociedad ya existe quien manda, ya está el "príncipe de este mundo". Jesús inaugura el REINO DE DIOS en un mundo ya ocupado por otro "REINO".
Tras su Bautismo, Jesús es empujado por el Espíritu al desierto "para ser tentado por Satanás" (Marcos 1,13). Más que de "tentación" aquí habría que hablar de "confrontación". Confrontación entre el Espíritu de Jesús, humanizador, y el espíritu maligno, deshumanizador.
El evangelio de hoy es una escenificación: se encuentran cara a cara los dos "espíritus", los cuales se reconocen mutuamente. "Ya sé quién eres: eres el Santo de Dios".
"Eres el Santo de Dios".
Resulta sorprendente la insistencia de los evangelios al decir que los demonios sabemos quién es Jesús.
Con el desarrollo del cristianismo, la predicación del Evangelio fue tomando un carácter apologético, que intentaba sobre todo convencer de que "Jesús es Dios". De ahí se pasó a interpretar las obras liberadoras de Jesús como milagros. El razonamiento era fácil: dado que los milagros sólo puede hacerlos Dios, si Jesús hace milagros, quiere decir que es Dios.
Parece ser que esta forma de acercarse a los Evangelios no es correcta, sobretodo porque nos priva del auténtico MENSAJE que nos quieren transmitir. Lo que nos quieren decir los Evangelios no es que "Jesús es Dios" sino que "Dios nos ama, y en Jesús podemos ver y experimentar hasta qué punto nos ama: hasta hacernos partícipes de su propia vida". Por eso es tan importante que Jesús sea realmente hombre (1ª Juan 4,2).
Según los Evangelios, los demonios reconocen inmediatamente que "Jesús es el Santo de Dios". Pero Jesús les hace callar porque este "reconocimiento" no libera al hombre poseído. Afirmando la DIVINIDAD de Jesús, el espíritu maligno quiere mantener la separación de los dos "reinos", (como si el cielo no se hubiera rasgado, como leíamos en el bautismo de Jesús).
"¿Por qué te metes con nosotros?". Para los espíritus malignos es "blasfemo" que un hombre actúe a la manera de Dios, o dicho al revés: es blasfemo creer que Dios se haya hecho hombre. Este será el gran "escándalo"! Esta será la gran "blasfemia" que provocará la sentencia a muerte contra Jesús (Marcos 14, 63).
El espíritu maligno interpreta correctamente la situación. Ha comenzado un importante pulso. ¿Quién ganará?
La pregunta "¿quién ganará?" puede parecer impertinente. Evidentemente ganará Jesús, ya que el Espíritu Santo no sólo es "el más fuerte", sino "el único fuerte".
El espíritu maligno no tiene consistencia en sí mismo, es pura inercia de la NADA; presencia en nosotros del TODAVÍA NO; resistencia a ser, miedo a la libertad, pereza para el Amor; …
Sin embargo, la fuerza de Jesús no es para destruir.
"¿Has venido a destruirnos?". ¡No!
Al contrario: Jesús viene a salvar, a completar la humanización del hombre. Por parte de Jesús no habrá "LUCHA DESTRUCTIVA" sino DONACIÓN.
El espíritu maligno es el propio hombre en su situación de alienación, es la dosis de "des-humanidad" que hay en cada persona. El espíritu maligno es ideología que ofusca la mente, es miedo que paraliza, es orgullo que obliga a imponerse a los demás, condenarles y, si puede, destruirles.
El espíritu maligno destruye; el Espíritu Santo crea.
La "fuerza" del espíritu maligno mata. La "fuerza" de Jesús vivifica. "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la sofocaron" (Juan 1,5)
En los relatos que siguen se irá visualizando la fuerza humanizadora de Jesús. No se trata de "milagros" sino de amor. Paralelamente irá tomando forma el propósito de "matar a Jesús" (Marcos 3, 6).
¿Quién ganará?
Ganará el hombre.
Esto quiere decir que también ganará Jesús, ya que es hombre, y la "lucha" de Jesús es a favor del HOMBRE.
Liberar al HOMBRE del espíritu maligno que lo domina, a Jesús le costará la vida. Parecerá, pues, que Jesús "ha perdido". Pero todos aquellos que se han dado cuenta y han aceptado que VIVIR es DAR LA VIDA por amor, descubrirán que la muerte de Jesús es victoriosa para él y para nosotros. Jesús no vence sobre nadie; vence sólo sobre la Muerte.
"Sal de este hombre".
Y el espíritu maligno salió.
He aquí los efectos de la "nueva doctrina enseñada con potestad".
Jesús no enseña como los maestros de la Ley. Estos no pueden hacer otra cosa que leer las Escrituras y explicar a la gente su significado. Más o menos como hacemos también los sacerdotes en la misa. Los maestros de la Ley habían asistido a la Escuela de Maestros de Jerusalén para estudiar la "Torá" (los Libros sagrados) y luego explicar a la gente, en las sinagogas de los pueblos, como debían cumplirla.
Jesús no es maestro de la ley. Él es "el Hijo en quien Dios se ha complacido". Cuando se puso a la cola, con los pecadores, para recibir el bautismo de Juan, llevó a la plenitud su solidaridad con los humanos. Él es cien por cien hombre. Por eso se desgarró el cielo y bajó el Espíritu.
Los maestros de la Ley enseñan a obedecer la ley. Jesús nos da su fuerza (Espíritu) para participar en la propia vida de Dios. Esto nos humaniza ("Hagamos al Hombre a imagen y semejanza Nuestra"), nos libra de los espíritus malignos que siembran des-humanidad, a menudo sirviéndose de la Ley (Juan 19,7).
En una sociedad de NORMAS (religiosas, civiles, familiares, culturales, políticas, económicas, etc.) Jesús "enseña" una nueva doctrina humanizadora, liberadora, de anchos horizontes. Es lógico que "todos quedaron intrigados y se preguntaban entre ellos: ¿Qué quiere decir esto?".
MENSAJE. 
Como dice el evangelio de Juan, "Dios ha amado tanto al mundo que dio a su Hijo único para que no se pierda ninguno de los que creen en él" (Juan 3,16). Y también: "Ahora el príncipe de este mundo será echado afuera" (Juan 12,31).
El príncipe de este mundo está metido en la entraña misma de los seres humanos y en las instituciones que hemos creado. Incluso en las sinagogas, donde cada sábado se lee la Palabra de Dios. Por eso Jesús comienza su misión en la Sinagoga, en la sinagoga de Cafarnaún, el mismo pueblo de la Comunidad donde Jesús se encuentra "en casa".
RESPUESTA. 
En muchos aspectos, las parroquias actuales somos continuación de las sinagogas, y nuestros encuentros del domingo imitan los encuentros judíos del sábado. Y los sacerdotes explicamos la Palabra de Dios, más o menos como hacían también, y hacen aún, los maestros de la Ley.
Pero en los encuentros del domingo, el CLIMA DE HERMANDAD hace presente a Jesús. "Donde dos o tres se encuentran reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18,20). Sobre la mesa ya no hay la Torá (Libro de la Ley) sino el pan y el vino en que se ha convertido la "vida entregada" de Jesús y de cada uno de los hermanos. El culto, es la hermandad expresada y experimentada.
Pero, ¿es realmente así?
La misa tiene dos partes: la LITURGIA DE LA PALABRA y la LITURGIA DE LA MESA.
En la LITURGIA DE LA PALABRA, la fragmentación de las Lecturas de la Biblia y la falta de un clima de diálogo nos hacen perder lo más importante del mensaje evangélico.
La LITURGIA DE LA MESA, que debería visualizar los EFECTOS de la Palabra que se ha proclamado, sigue centrada en unos ritos demasiado rígidos. Sólo el rito de la paz logra descongelar el "misterio" para expresar la HERMANDAD.
No es fácil hacer cambios. Los propios "participantes" en la misa a menudo prefieren el "misterio" del rito a la vivencia de la comunión.
Afortunadamente hoy surgen en muchos lugares nuevos grupos, nuevas pequeñas comunidades, liberadas de compromisos y de inercias pasadas. Se reúnen alrededor de una mesa, alimentándose con la Palabra de Dios y con los propias vidas convertidas en alimento compartido.
Estas comunidades paralelas ofrecen una buena oportunidad. Es volver a los orígenes, sin que ello quiera decir que sea un paso atrás.
Así fue como empezamos, los discípulos de Jesús, y, posiblemente, así será como podremos recomenzar en la nueva sociedad en que vivimos.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La tendencia a la apologética ha sido constante en la Iglesia, y aún es fuerte. ¿Qué inconvenientes provoca en su comunidad? ¿Qué semejanza descubre entre Apologética y dogmatismo? 
  2. La Palabra de Dios es eficaz, es decir: realiza lo que dice. Relacione esto con lo que a menudo dice Jesús a quienes le escuchan: "Pedid y se os dará". Es decir: ¿puede considerarse la ORACIÓN como "una palabra de Dios dicha por nosotros"? 
  3. En la 1ª Lectura de hoy, Moisés consuela a su pueblo diciéndoles que Dios les dará otro profeta como él. Si hiciéramos una comparación entre Moisés y Jesús, ¿qué semejanzas y qué diferencias destacaríamos?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)