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miércoles, 11 de enero de 2012

RELECTURA - ADULTEZ.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
De Juan Bautista → a Jesús.
Del desierto → a la Tierra Prometida.
De menores de edad → adultos.
En Sant Feliu de Guíxols (Girona), además de la parroquia madre, hay actualmente otras dos parroquias. Cuando, ya hace tiempo, el sacerdote de la parroquia madre, el padre Pedro, entró en situación de larga enfermedad, vino un grupo de personas a pedirme si podía “decir” la misa de 12 los domingos. Mi respuesta fue: "No me dedico a decir misas. Además, en este caso, sería como una ofensa para todos vosotros”.
El grupo de personas con las que hablaba tenían, más o menos, mi edad. Esto significa que habían pasado más de 40, 50 ó 60 años yendo a misa cada domingo. ¿Y, ahora que su padre estaba enfermo, necesitaban que alguien de fuera les hiciera la misa?! ¿Con tantos años, todavía no habían aprendido?! ¿Eran tan pequeños que necesitaban un sacerdote que los dirigiera en sus celebraciones?!
Pero el caso es que yo conocía bien a aquellas personas, y sabía con toda seguridad que eran cristianamente maduras, adultas, preparadas, y con una fidelidad a la parroquia a prueba de bombas. ¿No habría sido una humillación considerarlos incapaces de preparar y hacer ellos mismos aquellas celebraciones que siempre habían hecho?
Así, pues, dije de que no, que no iría a hacer una cosa para la que ellos estaban perfectamente capacitados. Y también le dije que, si ellos se hacían la misa, yo les podría acompañar como signo de comunión interparroquial. Siempre ha habido comunión entre las diferentes parroquias, pero ahora las circunstancias aconsejaban de hacerla más explícita. El resultado fue que, durante casi dos años, ellos se hicieron la misa, homilía incluida, y yo les acompañaba, si bien revestido con alba en atención a algunos hermanos menores que todavía necesitaban ver a un cura.
Desgraciadamente, cuando murió el padre, se puso enseguida en marcha la maquinaria clerical del obispado. Ya en la misma misa exequial, los compañeros venidos del Obispado se atribuyeron toda la iniciativa de la celebración. Así provocaron que la comunidad parroquial retornara a la minoría de edad permanente. O, quizás, no? Quizá muchos de aquellos compañeros eran ya suficientemente adultos para vivir con madurez y comprensión la incapacidad de los representantes del Obispado para darse cuenta de que "Jesús pasaba". Porque la madurez del seguimiento a Jesús puede vivirse, incluso, en situaciones externas no favorables. Pero eso no da derecho a nadie de crear o mantener estas situaciones desfavorables. 
Los responsables del Obispado harían bien en estar atentos a este punto. Quizás su trabajo no consista tanto en hacer planes y programas diocesanos como, y sobre todo, en estar atentos para ver cuando Jesús pasa por una comunidad, y poder decirle: "He ahí el Cordero de Dios". E invitar a "pasar" de Juan a Jesús, de la minoría de edad a la edad adulta. Quizá nunca, en la historia de la Iglesia, las comunidades cristianas no habían sido tan adultas como hoy. ¿Dejaremos perder esta gran oportunidad?
El programa diocesano de este año incluye dar misión pastoral a algunos seglares de parroquias donde no hay cura. ¡Sea bienvenida la medida! Lo que no se hizo por fidelidad a la vida de las comunidades ahora se hará por falta de sacerdotes. ¡Bienvenida sea la carencia de sacerdotes! Ahora sólo falta que esto se produzca sin discriminación hacia las mujeres, con el respeto debido a la vida real de cada comunidad, y sin convertir a los o las seglares con misión pastoral en "curas de segunda categoría". Porque en el fondo, ¿qué somos los sacerdotes sino seglares con misión pastoral?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)