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miércoles, 18 de enero de 2012

RELECTURA - DEL “YO” AL “NOSOTROS”.


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
"Después de haber sido encarcelado Juan …".
Los cuatro evangelios son coincidentes en un mensaje que repiten de distintas formas para que le quede claro a todo el mundo: ha llegado la hora de pasar de Juan Bautista a Jesús. En un lenguaje actual, se podría expresar diciendo: también en la experiencia religiosa, a cada persona y a cada comunidad le llega la hora de pasar de la minoría de edad a la edad adulta.
Esto no debe ser fácil en ningún campo. Conozco a bastante jóvenes para los que llegar a los 18 años no ha supuesto ningún cambio real ni ninguna ilusión especial. ¡Es tan cómodo ser menor de edad!
Este gusto por mantenerse "pequeño" se manifiesta también en la Iglesia. Prueba de ello podría ser la facilidad con la que se introdujo el bautismo de niños. En sí mismo, el bautismo significa la incorporación a Jesucristo, que personifica la situación adulta en la historia de cada uno. Que se administre el sacramento de la adultez a los niños, debe querer decir que no nos tomamos muy en serio eso de pasar de Juan a Jesús.
También en la sociedad civil podemos detectar este gusto por la minoría de edad permanente. Esto explica que, prácticamente en todos los países llamados "democráticos", la democracia sirva sólo para legitimar el poder de los gobernantes, y no para sentirse ciudadano libre, activo y creativo de un pueblo. Así puede ocurrir que ciertos gobernantes decidan, "en nombre del pueblo", que determinados pueblos no existen, y, ¡que nadie se queje!
Pasar de menor a mayor de edad conlleva un proceso que, a menudo, nos da pereza y miedo. "Miedo a la libertad" es una expresión que ya se ha hecho clásica.
Quizás alguien pregunte: Y, ¿por qué tenemos que ser mayores de edad? ¿Por qué querer ser libres? ¿Por qué ir más allá del cumplimiento de las normas y abrirse al disfrute de la filiación? ¿Por qué buscar la plenitud cuando la mediocridad es tan cómoda?
No sé qué responder a quien haga estas preguntas… Quizá por eso el evangelio de hoy comienza con unas palabras sorprendentes: "Después de haber sido encarcelado Juan, Jesús se presentó…". Jesús no actúa hasta que "Juan" no ha sido encarcelado. Es una situación que conozco por propia experiencia. He tenido que decidir encarcelar mi minoría de edad, para ser un poco adulto; he tenido que “engrilletar” mi miedo a la libertad, para ser un poco libre. Y todo esto, ¿por qué? Por dos razones que acaban siendo una sola:
  • para poder experimentar ese mínimo de dignidad que me permita sentir la propia vida como algo valioso para mí y para los demás. 
  • porque la filiación es un don recibido del Padre, y despreciarlo pondría de manifiesto una ingratitud indigna. 

Sin este sentimiento de dignidad, nuestra vida sería
"una extraña opacidad,
objeto sin derecho ni fundamento;…
devastadoramente mortal,
naturaleza pura,
química sólo de mis fervores, de mis desdenes,
azar de mis orígenes
y mis dolores, adustos,
no son sino un defecto en una frágil estructura".
"una extraña opacidad,
objeto sin derecho ni fundamento;…
devastadoramente mortal,
naturaleza pura,
química sólo de mis fervores, de mis desdenes,
azar de mis orígenes
y mis dolores, adustos,
no son sino un defecto en una frágil estructura".
(David Jou: Canto espiritual).
En nuestra sociedad se habla mucho de derechos. Pero, sin este sentimiento de dignidad, los "derechos" se buscan sólo por el gozo de la confrontación; por el placer de reclamárselos a alguien, por el orgullo de afirmarse por oposición.
Pasar de Juan a Jesús significa afirmarse por comunión; pasar del YO al NOSOTROS.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)