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lunes, 27 de febrero de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE CUARESMA. CICLO B


II DOMINGO DE CUARESMA.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Este relato surrealista de la Transfiguración es muy conocido, ya que se lee cada año el segundo domingo de cuaresma. Desgraciadamente a menudo es entendido como un relato completo en sí mismo, separado de todo lo que le precede. Este es un problema grave de la Liturgia católica: la lectura tan fragmentada de los textos bíblicos no nos permite captar su MENSAJE GLOBAL y nos induce a interpretaciones de tipo simplemente anecdótico. Así este relato de hoy a menudo se ha entendido como una especie de exhibición de la divinidad de Jesús en beneficio de tres discípulos "privilegiados". El sentimiento espontáneo que puede producir es más o menos este: "Muy bien por ellos, si tuvieron la suerte de ver a Jesús así. Pero esto no significa nada para la gente de hoy".
Jesús no gasta tiempo con exhibicionismos para privilegiados. Los Evangelios fueron escritos para nosotros; para hacernos llegar hasta nosotros la Buena Nueva de Jesús. Por eso, la pregunta para acercarse a él no es "¿qué pasó?" o "¿qué hizo, Jesús?", sino "¿qué es lo que nos quieren decir?".
¿Qué mensaje nos trasmite, este relato de la Transfiguración?
Su contenido es demasiado rico para poderlo comentar todo aquí, tampoco me vería capaz. Pero intentaré decir alguna cosa que nos pueda ayudar.
El evangelio de Marcos, en el capítulo anterior, nos ha presentado a los discípulos confesando, por boca de Pedro, el mesianismo de Jesús. Pero Jesús les ha prohibido severamente de decírselo a nadie (Marcos 8,29). Aquello que ellos entienden por "Mesías" está en las antípodas de lo que es realmente la misión de Jesús. Jesús se ve obligado a explicarles lo que significa en la práctica "ser el Mesías": "Entonces comenzó a enseñarles diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre sufra mucho. Los notables, los sumos sacerdotes y los escribas le han de rechazar, debe morir, y al cabo de tres días resucitar. Y se lo explicaba con toda claridad".
El evangelio nos dice también la reacción de Pedro: "Entonces Pedro, tomándolo aparte, se puso a reñirle". Y la respuesta de Jesús es tajante: "Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro diciéndole: ¡Vete de mí, Satanás! No ves las cosas como Dios, sino como los hombres" (Marcos 8,32).
En el evangelio de Marcos, "Pedro, Santiago y Juan" representan a los discípulos "duros"; aquellos que, a pesar de ser seguidores de Jesús, "no ven las cosas como Dios sino como los hombres".
Por eso Jesús les fuerza a entrar en el punto de vista de Dios: "Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y subió con ellos solos a una montaña alta". La "montaña" representa el ÁMBITO DE DIOS. "En la montaña", los vestidos de Jesús son deslumbradoramente blancos. Es una forma de indicar que Jesús tiene y disfruta de la propia VIDA de Dios. Allí se les aparecen dos personajes que, en su momento, también habían subido a la "montaña": Moisés y Elías. Ahora "conversan con Jesús", como antes habían "conversado" con Dios para recibir las indicaciones de lo que debían hacer.
Pero los tres discípulos todavía no entienden nada de nada. Interpretan mal aquella visión. No se han dado cuenta de los vestidos resplandecientes de Jesús ni de lo que significan. Ellos ven a Jesús en paralelismo con Moisés y Elías. Piensan: Moisés dio la Ley, Elías la reinstauró, y ahora Jesús, el Mesías, la impondrá definitivamente. Todo gira en torno a la ley. Todo lo interpretan con categorías de "poder" y de violencia. Pedro incluso se atreve a ofrecer su colaboración: "Es bueno que estemos aquí" (traducción alternativa) para construir tres tiendas: una para cada personaje. "No sabía qué decir", comenta el evangelista con sorna.
Los tres discípulos creen en Moisés, creen en Elías, y también piensan creer en Jesús. Pero demuestran no creer realmente, ya que, poniéndolo al mismo nivel de Moisés y de Elías, ni siquiera se han dado cuenta de su auténtica realidad, hecha visible en los vestidos resplandecientes.
Dios mismo, a través de la voz que viene de la nube, deberá dejar claras las cosas: "Este (En contraste con Moisés y Elías) es mi Hijo, el amado, escuchadle".
Ha pasado el "tiempo de Moisés" con su Ley; ha pasado el "tiempo de Elías" con su violencia para reintroducir la ley. Ahora es el tiempo de Jesús, el cual hace presente el REINO DE DIOS. "Escuchadle".
Después de que quedara claro a quién hay que escuchar, Moisés y Elías simplemente desaparecen: "Pronto, al mirar a su alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos". Jesús solo. Moisés y Elías eran provisionales, como lo era la Ley que recibieron, dieron e impusieron.
Nada de "tiendas" para instalarse en ellas. Sólo queda Jesús, que no habita en una tienda. Su casa es la Comunidad, es decir: aquellos que acogen su vida-entregada dando su propia vida. Esto es lo que significa ESCUCHAR (creer) a Jesús, "Hijo del Padre".
Terminada esta experiencia, los tres discípulos siguen sin entender nada. Igual que cuando confesaron que Jesús era el Mesías, también ahora se les prohíbe decir nada a nadie "hasta después de que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".
La resurrección de los muertos formaba parte de la fe mayoritaria de los judíos. Por lo tanto esto no era ningún problema para ellos. Lo que no pueden entender los tres discípulos es que Jesús realice su misión pasando por la muerte (aunque luego resucite, como todas las personas buenas).
La muerte es fracaso. A los "buenos" Dios les evitará este fracaso resucitándoles. Pero, ¿por qué Jesús les dice que deben condenarle y matarle (fracasar) y resucitar?
Evidentemente, no lo podían entender, ni ellos ni nosotros.
Sólo el hecho concreto de la muerte-resurreccional de Jesús nos puede hacer darnos cuenta de que la VIDA no se debe valorar con categorías de poder, fuerza, triunfo o dominio sobre los demás, sino con categorías de amor, donación y filiación. "Este es mi Hijo, el amado".
No es la "resurrección" lo que cuesta de entender, aquello que nos cuesta entender es la VIDA.
MENSAJE. 
Creer en Dios no es "creer que Dios existe" sino "creer y aceptar que Dios nos ama". Igualmente, creer en Jesús ("escucharle") no es "creer que es el Mesías" o "el Hijo de Dios" sino "creer y asumir que su vida-entregada (muerte-resurrección) es la AUTÉNTICA VIDA a que Dios nos invita, participando de la suya".
Los legisladores Moisés y Elías quedan sustituidos por el HIJO-AMADO, que VIVE comunicándonos la vida que recibe del PADRE.
Esto no quiere decir que Moisés y Elías no fueran amados por Dios sino que, en ellos, el amor recibido de Dios aún no era acogido como "amor" sino como "ley", como ocurre con todos los hijos cuando aún son pequeños. Jesús marca la "mayoría de edad humana", la "plenitud del tiempo" o el "tiempo de la plenitud". Buena es la Ley, pero no nos podemos quedar en la Ley, igualmente como es buena la escuela, pero ningún alumno va para quedarse.
RESPUESTA. 
Hoy, la Religión Institucional ha entrado en una crisis profunda. Para muchos es como un vestido imposible de ponernos porque se ha quedado demasiado pequeño. No hay que echar la culpa al vestido o al sastre que lo hizo. ¿Es que, quizá, pensábamos que iba a ser para siempre?
Ahora que hemos descubierto que podemos crecer, no lamentamos la pérdida del vestido, sino alegrémonos de haber crecido y de poder crecer todavía. Hay diferentes ritmos de crecimiento. También se crece en diferentes direcciones. Cuando los hijos son pequeños todos suelen vivir en la misma casa, pero cuando han crecido, forman familias y vidas diferentes. El pluralismo muestra la fuerza de la VIDA RECIBIDA. Realmente, una BUENA NOTICIA.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Un vestido nos puede ir pequeño porque hemos crecido o porque hemos engordado demasiado. ¿Qué os sugiere esta imagen aplicada a vuestra relación con la Iglesia Institucional? 
  2. El Evangelio no nos quiere hablar de "Pedro, Santiago y Juan", sino que, a través de ellos, nos presenta una forma "dura", que hay que superar, de ser discípulos de Jesús. ¿Encontráis comportamientos "duros" en vosotros o en vuestra comunidad? Es decir: ¿vuestra fe en Jesús pasa por el Calvario? ¿Qué significa esto en concreto? 
  3. No vivimos "en la iglesia" sino que "somos iglesia que vive en el mundo". ¿Que supone para nosotros "escuchar a Jesús" en nuestra sociedad?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)