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lunes, 6 de febrero de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE ORDINARIO. CICLO B.


VI DOMINGO DE ORDINARIO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
El espíritu maligno, posesivo, puede provocar efectos que parecen opuestos. Puede que lleve a la exclusión, apartando al poseído del ámbito de convivencia.
En los relatos de los dos domingos anteriores hemos visto al espíritu maligno básicamente en su forma posesiva. En el relato de hoy nos es presentado, en la persona del "leproso", en su forma excluyente.
La situación de los leprosos era realmente trágica. Lo hemos leído en la 1ª Lectura. El aspecto visual que presenta el leproso, junto con la posibilidad de contagio, habían convertido esta enfermedad en un símbolo de los efectos del "pecado", y del "castigo de Dios" sobre el pecador. El leproso era declarado impuro. Excluido de la convivencia, no podía entrar en el templo ni participar en las reuniones de la sinagoga. Tenía que vivir al margen de la sociedad, e ir gritando "¡impuro! ¡impuro!" para que nadie, por casualidad, no pudiera encontrarse con él. Si alguien le tocaba, también quedaba impuro. El leproso era un cadáver viviente; su "vida" consistía en vivir su propia muerte, apartado de los hombres, "castigado por Dios".
El encuentro.
El relato del encuentro de Jesús y el leproso está cargado de detalles significativos. Jesús va por los caminos, de pueblo en pueblo. El leproso, al verle, grita para que  Jesús se aparte de ese lugar contaminado. Pero Jesús no se aparta. Entrecruzan las miradas. ¿Cómo debería ser la mirada de Jesús?, que el leproso se le acerca, se arrodilla y le dice: "Si quieres, puedes purificarme".
"Compadecido".
Según los estudiosos de la Biblia, la palabra griega original que el misal traduce por "compadecido" (recordemos que el escrito original del Padre Pere Torras está hecho en catalán y se basa en el misal catalán), en el Nuevo Testamento sólo se aplica a Jesús o a Dios-Padre. Nos recuerda las palabras de Dios a Moisés: "He visto la opresión de mi pueblo … por eso he bajado a liberarlo" (Éxodo 3,8).
Esta "com-pasión" no consiste sólo en sintonizar con el sufrimiento del otro, sino sobre todo al actuar para liberarlo del mal que le causa dolor.
Jesús hace dos cosas para liberar el leproso de aquella situación:
Primera.
"Le tocó con la mano". Literalmente: "Extendió la mano y le tocó". Esta acción recuerda el gesto mítico de Moisés abriendo el Mar Rojo para que los Israelitas pudieran salir del país donde eran esclavos: Moisés extendió su mano sobre el mar … y las aguas se abrieron, y los israelitas pasaron a pie enjuto por medio del mar (Éxodo 14,21). Jesús repite sobre el leproso el gesto mítico de Moisés sobre las aguas, abriendo un paso para salir de aquella situación de esclavitud.
El evangelista se ha servido del lenguaje de lo que pasaba con los leprosos para denunciar unos sentimientos muy profundos y malignos en las relaciones humanas: "no tocar", "no escuchar", "poner al margen", "sentimientos de superioridad "basados en cualquier cosa que señale una diferencia de raza, sexo, aspecto físico, salud, país, lengua, religión, cultura, nivel económico, nacionalidad, etc. … Sentimientos que afloran también hoy en expresiones tan "normales" como "tercer mundo", "cuarto mundo", "inmigrante", y tantas otras que todos conocemos, y que no quiero repetir aquí para no ayudar a mantener un vocabulario marginador.
Pero, aquel cadáver viviente ha visto en Jesús la presencia de la VIDA. No de una VIDA propiedad privada de Jesús, sino de la "VIDA que se da". De alguna forma el leproso ha descubierto en Jesús que la VIDA también se contagia. Él, leproso, puede contagiar la "lepra", y eso convierte en impuro. Pero la VIDA también se contagia, y purifica. "Tocándole", Jesús le contagia la VIDA.
Segunda.
"Acto seguido le mandó irse". Literalmente: "Enseguida le hizo salir".
La traducción del Misal ("A continuación le mandó irse") resulta un poco ambigua. No es que Jesús se lo quite de encima. Recordemos otra vez la acción de Moisés cuando extendió la mano sobre el Mar Rojo: las aguas se partieron para dejar paso libre a los israelitas para que salieran del país que les poseía como esclavos. "El Señor dijo a Moisés: Di a los israelitas que se pongan en marcha" (Éxodo 14,16).
Jesús "ordena" al leproso que "salga de inmediato". ¿De dónde ha de salir? ¿Cómo se puede decir a alguien que "debe estar fuera", a un "marginado", que salga?!
La posesión tiene diferentes niveles. En el País de esclavitud, los israelitas eran excluidos como ciudadanos, pero poseídos y utilizados como esclavos. El leproso es un excluido y, a la vez, un poseído a través de su propia mentalidad. Él se identifica como miembro del Pueblo Elegido, pero como miembro excluido. Por eso su exclusión no supone una liberación del ámbito que le excluye sino un castigo: marginado por la misma ideología que él ha aceptado como base de su identidad.
Jesús extiende la mano y le toca para cortar esa especie de "cordón umbilical" que le mantiene excluido pero poseído. Ahora el leproso se siente purificado. Ve su situación desde fuera de la ideología que lo hacía sentir impuro.
Jesús le envía al sacerdote no como un signo de sumisión o porque necesite que un sacerdote "certifique que ya es puro" (aquí la traducción del Misal vuelve a ser ambigua), sino para que, como se suele decir, “se enteren". "Como una prueba contra ellos", traducen algunos (como cuando Moisés fue "enviado" al faraón para comunicarle que Dios había hecho "libre" al pueblo que él esclavizaba).
De hecho, el ex-impuro, una vez "ha salido", ya no piensa ni en el sacerdote ni en la advertencia de Jesús de no decirlo a nadie, sino todo lo contrario. No es desobediencia sino experiencia exultante de la libertad.
Y aquí el evangelista apunta a una sorprendente permuta de situaciones: ahora es el "purificado" quien empieza a proclamar (el reino de Dios en) la experiencia que ha tenido, y, en cambio, Jesús "debía quedarse fuera, en lugares despoblados". Jesús le ha contagiado la vida; el leproso le ha "contagiado" la marginación. Este es el "precio" de la solidaridad. "Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él tomó nuestras debilidades y cargó con nuestras enfermedades" (Mateo 8,17). No se trata de "milagros" sino de solidaridad, o, si lo preferís, del milagro de la solidaridad.
MENSAJE. 
El espíritu maligno (recordemos: el propio hombre en situación de enajenado) posee y esclaviza; en casos extremos, posee y esclaviza a partir de la misma conciencia religiosa del poseído. Es la corrupción de la religión.
Jesús, el nuevo Moisés, rompe el círculo vicioso del marginado, que había asumido como identidad su propia marginación. El Reino de Dios no es un "parche" en el Reino del maligno sino que es "otro reino", que para poder ser disfrutado, antes se debe romper con el reino (ideología, valores, criterios, etc.) de este mundo. "¡Sal enseguida!"
RESPUESTA. 
Sugiero una respuesta en dos direcciones:
a) Todas las religiones (también la nuestra) tienen el peligro de caer en la tentación en que cayó la sinagoga: dividir la realidad en dos partes: lo PURO y lo IMPURO, y, a partir de aquí, declarar impuras a determinadas personas excluyéndolas de la comunidad, sin permitir que se sientan libres. 

Cuando una religión cae en esta corrupción, deja de ser legítima, y, si no se puede corregir, es urgente abandonarla "como una prueba contra ellos" (contra sus dirigentes).
Es una cuestión de FIDELIDAD, aunque será interpretada por los "dirigentes" como una muestra de orgullo y de rebeldía, merecedora de castigo. Todos estos marginados deben poder contar con nuestra solidaridad eficaz.
Aplicando esto a “nuestra casa”, nos permite entender positivamente, como un "signo de los tiempos", el gran éxodo de tanta gente en relación con las prácticas religiosas y a la propia Institución. Estamos llamados a la libertad. Si para alguien la Religión no es FUENTE DE LIBERTAD, que salga, a menos que tenga alguna posibilidad, o vocación, de ayudar a corregir esta situación maligna.
b) Jesús, antes de mandar salir al leproso de la ideología maligna que le hacía sentirse impuro, "le tocó", porque la VIDA, más aún que la lepra, se contagia. 
"Contagiar la VIDA": he aquí, en resumen, la obra de Jesús. He aquí la "respuesta" de los "tocados" por Jesús.
Nota.
Las enfermedades contagiosas son una realidad que no podemos pasar por alto. Evidentemente hay que protegerse de ellas y evitar su propagación. Es una cuestión sanitaria que debe tratarse con criterios médicos. Hay que agradecer a la Medicina y a sus expertos los avances que ha habido en este campo. También nos hace ver cuán buena la superación de una mentalidad mítica que todo lo relacionaba con la religión, y conducía a ver al enfermo como una persona culpable y, por ello, castigada por Dios.
Jesús no era un científico pero denunció esta forma de pensar como una perversión de la religión. La Religión sólo es válida si genera un plus de solidaridad. Si no, es mejor huir de ella y hacer que los demás huyan. 
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. "Puro" e "impuro" son conceptos que nos han llegado desde el campo de la Religión, pero que tienen su origen sobre todo en la vida social. Desgraciadamente en las sociedades no-religiosas no hay menos marginación. ¿Cómo se manifiesta en nuestra sociedad actual? ¿Qué palabras se utilizan para disimularla o legitimarla? 
  2. Afortunadamente nuestra sociedad ha asumido mucha de la acción solidaria que hasta ahora se veía como más propia de Instituciones religiosas. ¿Creéis que este hecho debería hacer cambiar algo en la acción de la Iglesia? 
  3. ¿Hay entre nosotros personas puestas al margen de la sociedad? ¿Cuáles? ¿Cómo debemos responder como ciudadanos y discípulos de Jesús? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)