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lunes, 13 de febrero de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VII DE ORDINARIO. CICLO B.


VII DOMINGO DE ORDINARIO.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Este relato del paralítico es demasiado extraño para que pueda ser la crónica de un hecho real, también es demasiado real para que pueda ser descrito con un lenguaje normal. Se trata de un relato surrealista que expresa una realidad profunda que queda oculta por la realidad superficial.
Jesús está "en casa", es decir: en la comunidad. Pero es una comunidad que todavía no es transparente sino opaca a la obra de Jesús: compactada a su alrededor, impide que otra gente pueda acceder.
"Jesús predicaba". Lo que decía lo podemos ver por los EFECTOS que produce.
El centro del relato es el paralítico que llevan entre cuatro. El texto resalta el número "cuatro". La misión de Jesús había comenzado aquí mismo, en Cafarnaún, con cuatro discípulos: dos parejas de hermanos llamados a ser "pescadores de hombres", y que son el núcleo inicial de la comunidad de Jesús.
Como, debido a la gente que rodea a Jesús, no pueden llevarlo hasta él, "levantan el techo sobre el lugar donde se encontraba Jesús". Esta expresión nos recuerda lo que pasó después del bautismo de Jesús en el Jordán: "El cielo se rasgó y se oyó una voz (la voz del Padre):"Tú eres mi hijo amado …". También aquí resuena la palabra "hijo". No viene del cielo sino de Jesús. No quiere decir que el paralítico sea "hijo de Jesús" sino que la filiación de Jesús llega hasta él. Como en el caso del leproso del pasado domingo, la filiación de Jesús "contagia" al paralítico. El original griego usa dos palabras distintas cuando dice "hijo" refiriéndose a Jesús (Υιος) y cuando se refiere al paralítico (Тεκνον). Las dos significan "hijo", pero de diferente manera. Dios no tiene "muchos hijos" sino un ÚNICO HIJO, encarnado en Jesús. Los demás somos "hijos en el Hijo".
Esta filiación conlleva para el paralítico que "tus pecados te quedan perdonados".
No se había dicho que el paralítico hubiera pecado, pero su parálisis es la muestra externa de su pecado interno (como también antes, en el relato de hace dos domingos, para la suegra de Simón, el hecho de estar en la cama era la manifestación externa del mal interno de la fiebre).
¿Cuál era el "pecado" del paralítico?
Es la propia parálisis. La parálisis exterior pone de manifiesto una parálisis interior. Esta consiste en entender y vivir la vida como una carga, como una pasividad. Es no haber descubierto la vida como una llamada a la creatividad, al amor, a la entrega de sí mismo. He aquí el "pecado" que paraliza.
Nota.
Evidentemente la PARÁLISIS FÍSICA no es ningún pecado sino una enfermedad como cualquier otra. Todos podemos tenerla. Cuando nos hacemos mayores, todos la sufrimos más o menos. Precisamente porque todos conocemos los efectos, en el relato de hoy es utilizada como lenguaje simbólico para hacernos descubrir la parálisis interior. Esta sí que está relacionada con el "pecado".
El relato nos habla de cuatro hombres que "llevan" al paralítico, y tienen la imaginación suficiente para conseguir ponerlo delante de Jesús, y así hacerle descubrir la realidad de la vida.
Jesús, al ver aquella fe, dice al paralítico: "Hijo, te quedan perdonados los pecados". Le llama "hijo". Hijo del Dios-Creador. La vida es capacidad creativa recibida de Dios. La conciencia de ser hijos, e hijos queridos, excluye la "parálisis del pecado" o el "pecado de la parálisis". "¿Qué es más fácil, decir al paralítico que sus pecados quedan perdonados o decirle que se levante, coja su camilla y ande?".
Te quedan perdonados los pecados.
Jesús no dice "Yo te perdono los pecados" sino que, al ver aquella fe, declara que los pecados le quedan perdonados.
No hay que entender los "pecados" como unas ofensas a Dios que sólo Él podría perdonar. A Dios realmente no lo podemos "ofender" o "hacerle daño". El pecado no es un mal para Dios sino para el hombre, porque no responde a la oferta amorosa de Dios. Negándose a acoger el don de Dios, ¡él se lo pierde! Por ello, en los evangelios, en las curaciones normalmente Jesús dice: "Tu fe te ha salvado". No se trata de una acción milagrosa sino de la consecuencia normal de abrir el corazón a la oferta "normal" que Dios nos hace. "Normal" a partir de la decisión de Dios de invitar a los humanos a participar de su propia vida. No aceptarla "nos duele", no porque Dios nos castigue sino porque no se realiza en nosotros el don de Dios. Es como un pájaro que no quisiera volar: ¡él se lo pierde! Y, si se puede considerar también una ofensa a Dios, es porque nuestro sufrimiento le duele. El amor es así.
Pero, sorprendentemente, el relato no termina con el perdón de los pecados. En la escena vemos de repente unos maestros de la Ley allí "sentados". ¿Qué hacen aquí, estos "maestros"? No estamos en la sinagoga sino en "casa de Jesús", es decir: ¡en la comunidad cristiana! Y, además, están sentados, como instalados.
Estar "sentado" era la posición propia de los maestros y de los jueces.
En este relato, los maestros hacen de jueces. Su sentencia es esta: ¡"Esto es blasfemo"! Se trata de una clara referencia a la SENTENCIA DE MUERTE que dictará más tarde el Gran Sacerdote junto con el Sanedrín (Marcos 14,64).
Ellos son maestros de la ley. Según ellos, la relación del hombre con Dios pasa a través de la ley. El paralítico es pecador porque no cumple (ni puede cumplir) la ley. Ellos piensan que sólo Dios podría perdonar sus pecados, pero, si lo hiciera, se contradiría a sí mismo porque la "Ley" nos la ha dado Él mismo. Se trata de "la Ley de Dios".
Sentados allí, estos escribas aparecen como los auténticos "paralíticos". Su "camilla" es la "cátedra" donde están sentados. Ser "maestros" les hace incapaces "de aprender" la novedad de Jesús. Han hecho de la Ley un absoluto que les lleva a condenar al Hombre. No pueden aceptar que Dios se haga presente no en la Ley sino en el Hombre. Jesús les quiere sacar de este error que les paraliza y paraliza los demás. Por eso les dice: "Pues ahora sabréis que el Hijo del hombre tiene el poder de perdonar los pecados en la tierra. Y a continuación dice al paralítico: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
Vete a casa
Hasta ahora el paralítico era llevado por la camilla. Ahora es él quien la lleva. Los papeles se han invertido. Pero, ¿para qué quiere todavía la camilla? ¿Por qué no la abandona, ahora que ya no la necesita?
La camilla tiene un significado importante. Cuatro veces aparece la palabra "camilla": es una forma de llamar la atención sobre su simbolismo.
"¿Qué hacen los maestros de la Ley, sentados aquí?" –nos habíamos preguntado–. Ahora vemos la respuesta. La camilla simboliza la ley. Estar acostado en la camilla significa estar paralizado por la ley.
La Ley es buena como apoyo en determinadas ocasiones, pero no nos podemos quedar en la ley. "No es el hombre para la Ley sino la Ley para hombre" (Marcos 2,27).
Aquel hombre no abandona la Ley, pero ahora no es un "paciente" sino que hace uso de ella, y no para condenar (como hacen los "maestros de la Ley") sino para ayudar, si fuera necesario.
Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y vete "a casa".
"A casa". Esta expresión constituye una inclusión: el relato comienza diciendo que Jesús está "en casa" y termina con el ex-paralítico yéndose "a casa".
"En casa", en los evangelios, significa "la comunidad". Pero no hay una sola comunidad. O mejor: la Comunidad no vive y celebra la comunión en una sola "casa". "Comunidad" excluye todo significado posesivo. La casa del paralítico no es la casa de los de Cafarnaún, si bien todos son hermanos.
El pluralismo está en la propia entraña de la COMUNIDAD.
MENSAJE. 
El mensaje es múltiple. Primero hay una advertencia clara para la Comunidad. Algo que no funciona cuando la comunidad es un obstáculo para llegar a Jesús, y se hace necesario "quitar el techo". Esto puede ser debido a que se han instalado los “maestros de la Ley”. La Ley debe llevar hacia la Comunidad, pero la Comunidad no se fundamenta en la Ley sino en la Hermandad. Así lo explica San Pablo a los Gálatas: "La Ley nos ha hecho de guía hacia Cristo, para que fuéramos justos en virtud de la fe. Pero ahora que la fe ha llegado, ya no dependemos de ningún guía. Todos vosotros, por la fe, sois hijos de Dios en Jesucristo (Gálatas 3,24).
El núcleo del mensaje está en la palabra "hijo" aplicada al paralítico. "Mirad qué amor nos ha tenido el Padre Dios nos llama hijos suyos, y lo somos!" (1ª de Juan 3,1).
RESPUESTA. 
Las cuatro personas que han traído al paralítico a la Comunidad representan a los discípulos de Jesús. Una vez hecho el trabajo, desaparecen. El paralítico no se queda en la comunidad de ellos sino que se va "a casa". Ha habido un servicio sin ningún sentimiento posesivo ni de proselitismo.
En este momento en que la Iglesia pierde "influencia social", hay que evitar la tentación posesiva de buscar "adeptos". Las Comunidades deben ser "espacios de libertad" donde cada uno pueda entrar y salir libremente (Juan 10,9).
La presencia de los maestros de la Ley "sentados" en la Comunidad es un aviso. ¡Qué fácil es que se instalen, en la comunidad, actitudes legalistas! Son signo de parálisis. ¿No os parece que en nuestra iglesia hay un exceso de legalismo, consecuencia de un exceso de jerarquización? Muchos hermanos están convencidos de que, en las parroquias, sin el cura no se puede hacer nada.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Haced un ejercicio de imaginación: si de repente os vierais privados de la acción del sacerdote, ¿vuestra comunidad sería capaz de seguir caminando, u os quedaríais paralizados? ¿Por qué? 
  2. ¿Conocéis comunidades, quizá convencidas de que sin el sacerdote no funcionarían, pero que, cuando se han encontrado en el caso, han funcionado tanto o mejor que antes? ¿Cómo lo han hecho? 
  3. La "parálisis" producida por un exceso de legalismo, ¿creéis que también se encuentra en la sociedad civil? ¿La consideráis también, de alguna forma, pecado? Poned ejemplos de "parálisis social".

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)