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jueves, 16 de febrero de 2012

Relectura - Jesús y los Enfermos (3/3)



(Continúa el diálogo del pasado domingo)

Marta   ¿Te acuerdas de aquel evangelio del Paralítico, que para presentarlo a Jesús quitaron el techo de la casa…? 
Víctor   ¡Ya lo creo que lo recuerdo! Es la tontería más absurda y extravagante que he oído nunca. 
Marta   Tienes razón. Todo es extravagante en aquel relato. Y lo es también el final: "Cárgate la camilla y vete a casa". ¿Para qué la quería aquella camilla si ya no le servía de nada?! Y no obstante el relato insiste: "Él cogió su camilla y se fue". Jesús no le libera de la camilla. No le cura, pero le salva. No es lo mismo estar acostado e inválido sobre una camilla que cargársela e irse a casa.

Jesús resucitado mantiene las heridas mortales; el paralítico mantiene la camilla; tu madre muere sin curarse … No hay "milagros", pero hay salvación. 
Víctor    Insisto: ¿de qué serviría esta extraña "salvación"? 
Marta    De nada. La salvación no sirve absolutamente de nada. Es el término. Es la plenitud. Es la sintonía con la Vida. ¡Es válida por sí misma!

A Jesús no le estorban sus heridas; aunque a nosotros nos ayudan a entender la resurrección.

Al paralítico no le estorba la camilla; aunque a nosotros nos ayuda a entender la salvación. 
Víctor    Y a mí, ¿quien me devuelve a mi madre? 
Marta    No es ella quien ha de volver; eres tú que puedes ir hacia ella. La Vida no va hacia atrás. "Baja de la cruz, y creeremos en ti", le decían los fariseos a Jesús. No habían entendido nada de nada. En cambio, uno de los condenados dijo: "Acuérdate de mí cuando estéis en tu Reino". Y escuchó la respuesta: "Hoy estarás conmigo en el paraíso".

¡Que ciegos somos! Nos quedamos buscando una simple curación cuando lo que se nos ofrece es la salvación. 
Víctor    Supongo que entenderás que un agnóstico como yo no puede aceptar eso que dices … 
Marta    No es necesario. Tu agnosticismo me encanta –respondió Marta, dándole un beso–. No ha contaminado nuestras vidas… 
Víctor, acostumbrado a decir siempre la última palabra, replicó como quien no quiere la cosa: "¡Ah, las mujeres! Todo lo arreglan con un beso". Pero, en su secreto, ahora admiraba un poco más a su Marta, y empezaba a entender que, si él se había puesto la etiqueta de agnóstico, lo mínimo que debería hacer era serlo con madurez, como madura era la creencia de su mujer.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)