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viernes, 23 de marzo de 2012

Foro Joan Alsina: No podemos permanecer callados



La injusticia y la pobreza van creciendo.
1.-La crítica situación actual y sus causas.
    "He visto la opresión de mi pueblo" (Éxodo 3,7).
  1. Vemos la realidad: Los desahucios, el sueldo que no llega al final de mes, la falta de trabajo, los jóvenes que deben salir al extranjero para poder trabajar, la necesidad creciente del Banco de Alimentos, las colas ante Cáritas para poder subsistir, las personas buscando comida en los contenedores y durmiendo en cajeros, otros que lo pasan muy mal y que tienen vergüenza de pedir. Se prefiere suprimir unas camas de los hospitales que escaños del Senado. Eso sí, se hacen grandes recortes que harán aún más difícil crear trabajo por la falta de dinero en circulación.
  2. Son muchas ya las familias que no tienen ningún ingreso. La Consejería de Trabajo de la Generalitat de Catalunya ha manifestado que, en un breve plazo, más del 70% de los que tienen subsidio de desempleo se quedarán sin él. Paralelamente los beneficios de las grandes empresas han aumentado un 20% y no se toman medidas serias contra el permanente fraude fiscal. Siempre les toca recibir a los más pobres.
  3. El Estado Español ha vendido armamento por valor de 1.128 millones de euros, gran parte del cual destinado a países pobres en conflicto, en situaciones de tensión y donde se vulneran los Derechos Humanos.
  4. La ayuda a la cooperación se desploma. El recorte real a las ONG de Cataluña está cifrada en un 55%, lo que ha hecho disminuir la convocatoria de programas de sensibilización y cooperación. Muchas ONG quizá desaparecerán y los programas destinados a combatir el hambre se verán muy afectados. La crisis, la especulación sobre los cereales y la falta de ayudas harán crecer aún más el hambre en el mundo.
  5. Estamos sufriendo una dictadura de los mercados especulativos. El que manda y dispone en el mundo no son ni los gobiernos ni las instituciones, elegidos democráticamente, sino la tiranía del sistema económico especulativo, con personas, grandes bancos y empresas concretas, que monopolizan la economía mundial.
  6. La ideología y la imposición del neoliberalismo económico, que fomenta la codicia y el lucro de unas minorías, recorta y anula los derechos más fundamentales de muchas personas y familias condenándolas al empobrecimiento. "El sistema con una mano roba y con la otra presta. Sus víctimas cuanto  pagan, más deben, cuanto más reciben, menos tienen; cuanto más venden, menos cobran" (Eduardo Galeano).
  7. Parece que todos seamos cómplices de la cada vez más injusta situación actual, porque no nos atrevemos a denunciar claramente cómo se ha llegado hasta aquí y quienes son los responsables.
  8. Ante esta realidad vemos entidades de Iglesia, como Cáritas y otras, con cientos de personas voluntarias, que apoyan a las víctimas de la crisis, pero vemos también que una buena parte de la jerarquía eclesiástica sigue con ceremonias ostentosas y anacrónicas, utilizando objetos ricos y valiosos propios de museos, que contrastan con la sencillez y autenticidad del Evangelio de Jesús. Vemos que grandes sectores de la Iglesia se parecen cada vez menos a lo que había soñado el Concilio Vaticano II (estamos ya a los 50 años de aquella primavera del Papa Juan XXIII), y que no se aplican las enseñanzas de las encíclicas sociales los últimos papas.
2.-Denuncia y valoración desde el Evangelio.
"He oído el clamor de los esclavizados" (Éxodo 6,5).
  1. Con la excusa de la salida de la crisis, se están violando impunemente derechos humanos básicos, como son el derecho al trabajo y a la vivienda. Por este camino no se ve ninguna salida de la crisis, en cambio se pierden puestos de trabajo y se recortan derechos laborales y sociales, sindicales y salariales. El paro, la falta de subsidios, la pobreza que va creciendo son un ataque a la dignidad de personas y familias. La persona humana es tratada cada vez más como una simple mercancía.
  2. Los gobiernos, en lugar de actuar para poner freno a la especulación económica, ignoran o reprimen la justa indignación de los que exigen trabajo y vivienda para todos.
  3. Son injustas e inmorales los recortes en las prestaciones sociales, sobre todo en sanidad y educación. Habría que pensar si no lo son también los políticos que las realizan. Se deben exigir responsabilidades penales a los profesionales corruptos que tienen sueldos escandalosos, o que se han adjudicado indemnizaciones millonarias o pensiones vitalicias al dejar entidades financieras. No vemos recortes proporcionados en los sueldos de los políticos, economistas, empresarios, deportistas de élite, ni en el ámbito militar.
  4. Los gobiernos miran hacia otro lado. Basta repasar los programas electorales para constatar que no se habla de erradicar la pobreza. En cambio, aumentan los casos de corrupción y "la justicia, como las víboras, sólo pica a los que van descalzos" (Oscar Romero).
  5. Todos los grupos solidarios y ONG, que no deben sustituir la obligación de actuar que tienen las instituciones públicas, deberían tomar conciencia de la gravedad de la situación y buscar vías de respuesta.
  6. Esta situación reclama compromisos rápidos y eficaces. Esperamos de todas las iglesias y confesiones religiosas respuestas contundentes a la nueva realidad. Todas incluyen en su mensaje una atención preferente hacia los pobres. Todas deberíamos poner en práctica la denuncia profética de la situación de injusticia en que viven muchos hermanos nuestros, como hicieron, con todas las consecuencias, Joan Alsina y Joaquim Vallmajó.
  7. No oímos la voz crítica de la jerarquía eclesiástica, tan insistente en otros temas, ante la grave situación que vivimos. Los creyentes en Jesús de Nazaret debemos repensar nuestros planteamientos en coherencia con el mensaje del Evangelio: "Tuve hambre y me disteis de comer, ... Cuanto hicisteis a uno de ellos, por pequeño que fuera, me lo hicisteis a mí "(Mateo 25,35 ss)." Quien se ha dado cuenta de las injusticias causadas por la mala distribución de las riquezas, captará la protesta, silenciosa o violenta de los pobres. Y la protesta de los pobres hoy es la voz de Dios "(Hélder Cámara).
3.-Qué se está haciendo y qué hacer.
"Yo os libraré de los trabajos forzados y de la esclavitud" (Éxodo 6,6).
  1. Denunciamos claramente el sistema perverso y ladrón de los llamados mercados y de la economía especulativa, que los gobiernos mantienen como legal, cuando de hecho es totalmente injusta, tiránica, ciega e inmoral, y, en ellas, se amparan personas y entidades con nombres y apellidos.
  2. Pedimos transparencia en todas las instituciones sociales, políticas, eclesiásticas y en todos los ámbitos de la vida pública y religiosa.
  3. Reafirmamos que la economía y la política deben estar siempre al servicio de las personas y de la sociedad y no al revés, como estamos viendo. Esto es una constante en el pensamiento social de la Iglesia. Las necesidades personales y sociales son el centro de todo.
  4. Queremos remover la pasividad de los que más sufren la grave situación de crisis, ser una voz crítica y voz de los que no tienen voz. Motivar la militancia obrera y sindical, siempre con sentido crítico.
  5. Apoyamos y nos comprometemos a colaborar con los grupos que van haciendo red de mentalización y de acción: a los movimientos y grupos solidarios, a las ONG, a Cáritas, a Àkan, al Banco de Alimentos, a las cooperativas, a los grupos de indignados que ponen en cuestión este modelo de sociedad, etc. Apoyamos a las personas y grupos que luchan por los valores de justicia y transformación social, que son valores que aprendemos de la palabra y la acción de Jesús y de su Evangelio (JOC, HOAC, ACO, Curas Obreros, etc.).
  6. Nos comprometemos en nuestras comunidades a priorizar y a escuchar la voz de los empobrecidos y buscar caminos de acción eficaz para dar respuesta. Repensemos el uso del dinero que gestionamos; no es nuestro, hay que compartirlo. Nos preguntamos: ¿hasta dónde podemos ganar?, ¿hasta donde podemos gastar?, ¿hasta donde podemos guardar? Queremos poner en práctica la cultura del compartir los bienes. Ser solidario hoy significa vivir sobriamente para poder compartir lo que somos y lo que tenemos con los más necesitados. Debemos ejercitar la "compasión" (que significa "sufrir con los que sufren"). No es justo que nosotros tengamos tanto y otros tan poco. Nos hemos de igualar. Responder a la actual crisis nos hará más dignos, más libres y más felices.
  7. Cuando hay tantas personas sin vivienda, hay que replantear el uso de los bienes eclesiásticos, viviendas y locales de la Iglesia. Sería testimonial que parte del patrimonio de objetos ostentosos de culto fueran utilizados para paliar la situación de muchas familias. Pedimos más claridad en todos los ámbitos de la economía eclesiástica, desde el Vaticano al obispado, parroquias, patronatos, fundaciones, etc.
  8. Queremos pensar globalmente pero actuar localmente. Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños harán cosas pequeñas que ayudarán a cambiar el mundo. No nos equivocaremos nunca cuando nos ponemos del lado de los que más sufren la crisis, en forma de explotación, de desempleo, de discriminación y de anulación de los derechos humanos más esenciales.
Foro Joan Alsina
Marzo 2012