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miércoles, 14 de marzo de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO IV DE CUARESMA. CICLO B


IV DOMINGO DE CUARESMA.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 
La liturgia nos propone para hoy la Lectura de la 2ª parte del diálogo de Nicodemo con Jesús. Para poder entender esta 2ª parte es muy conveniente leer todo el diálogo. De hecho, este proyecto de homilía lo va a tener en cuenta.
El evangelio del pasado domingo acababa diciéndonos que "Muchos, viendo los milagros que Jesús hacía, creyeron en su nombre. Pero Jesús no se confiaba, porque les conocía a todos".
Hoy vemos un caso concreto, y muy significativo, de personas importantes, representadas por Nicodemo ("Nicodemo" = vencedor del pueblo), que han captado el significado mesiánico de las obras de Jesús, pero que no son capaces de entenderlo. En el diálogo que comienza Nicodemo, Jesús le corta enseguida para decirle: Te aseguro que nadie puede "ver" el Reino de Dios si no "nace de arriba".
Según los expertos, el texto original griego juega con el doble significado de la palabra ανωθεν (anothen), que se puede traducir por "arriba" o por "de nuevo". Nicodemo pregunta a Jesús cómo se puede nacer de nuevo. ¿Es que se puede repetir el nacimiento volviendo a entrar en el seno de la madre?  
La propuesta absurda de Nicodemo es una estrategia literaria para poner en boca de Jesús la explicación correcta de su mesianismo. "Nacer de nuevo" o "nacer de arriba" significa "nacer del Agua y del Espíritu". No se trata de "repetir" el nacimiento sino de un segundo nacimiento que completa el primero.
El primer nacimiento es "en la carne". Este nacimiento nos hace capaces de respuesta, o mejor: nos hace capaces de ver que somos amados, y capaces de responder a ese amor acogiéndolo y dejándonos transformar por él. Pero, ser capaces de responder no significa responder realmente. Sólo si ejercemos esta capacidad, nos abrimos a un segundo nacimiento, que es "de arriba", o "del Agua y del Espíritu". Aquí "agua" significa aquello que hace visible al Espíritu. Quiere ser una alusión directa al BAUTISMO, por el cual una persona era acogida en la Comunidad Cristiana (Comunidad del Espíritu).
El Bautismo simboliza la continuación en nosotros de la MUERTE-RESURRECCIÓN de Jesús. Bautismo significa "baño". El bautizado es sumergido (muerte) en el agua para salir de ella renovado (resucitado).
El evangelista pone en boca de Jesús una referencia bíblica bien conocida para explicar qué significado tiene "nacer de arriba": "Como Moisés en el desierto, elevó a la serpiente, también el Hijo del hombre tiene que ser elevado, para que todos los que creen en él tengan vida eterna".
Es extraño el relato del LIBRO DE LOS NÚMEROS (el cuarto de los cinco libros que forman la "Ley" de los Judíos). Dice así: "(En el desierto) el pueblo hablaba contra Dios y contra Moisés… Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes venenosas que les picaban, y murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés para decirle: –Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Ruega al Señor que aleje de nosotros estas serpientes. Moisés intercedió a favor del pueblo, y el Señor le respondió: –Hazte una imagen de estas serpientes y ponla sobre un asta. Todo el que haya sido picado, si la mira, salvará la vida” (Números 21,6 s).
Resulta curioso y sorprendente que los Israelitas, para librarse de la muerte causada por las serpientes, deban confiar precisamente en la reproducción de una serpiente que Moisés eleva para que todos la puedan ver. Pero así quedaba claro que los que morían no era por culpa de las serpientes sino a causa de su infidelidad a Dios. Mirar a la serpiente elevada significaba "volver a Dios", fuente de la VIDA de los Israelitas como Pueblo Elegido.
Jesús también debe ser elevado. Sin darse cuenta de lo que realmente hacían, los que crucificaron a Jesús le elevaron, es decir: le situaron en el ámbito de Dios. Jesús, elevado, hace visible para todos lo que Dios es. "Tanto amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna".
Aquí hay un cambio radical en la forma de entender a Dios y su relación con los hombres. Dios no es JUEZ. Dios es AMOR. Dios es VIDA QUE SE ENTREGA. Porque es vida que se entrega podemos hablar de un Hijo vida recibida─ igual al Padre. Y también la VIDA-RECIBIDA del Hijo es vida que se entrega.
El Hijo se ha hecho Hombre y, este hecho, lo podemos ver en Jesús de Nazaret. Elevado en la cruz, Jesús nos hace visible "la vida que se entrega". Mirarle y acoger esta VIDA es "nacer de arriba" o "nacer del Espíritu" o "nacer del agua y del Espíritu". Por eso Juan describirá la muerte de Jesús diciendo: "Inclinando la cabeza, entregó el Espíritu". Y también: "Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante brotó sangre y agua" (Juan 19,30. 34).
Como ya se había dicho en el Prólogo del Evangelio de Juan: "A todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hijos de Dios" (Juan 1,12). Y también: "De su plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia" (Juan 1,14).
En la Cruz, elevado, Jesús queda "exhibido" como HIJO DE DIOS y como HOMBRE-MUESTRA, para que todos puedan acoger la VIDA que de Él se desprende y nacer de nuevo (de Dios). Es la LUZ que brilla en la OSCURIDAD.
Sin embargo, no todo el mundo está dispuesto a mirar al Crucificado. Cuando las propias obras son malas, se tiene miedo a la Luz y se prefiere la Oscuridad.
Dios ha entregado a su Hijo único ...
"Entregar al propio hijo" no significa deshacerse de él o abandonarle. Al contrario: para la "vida-que-se-entrega", el "hijo-entregado" expresa la plenitud de la paternidad y la plenitud de la filiación. El "Hijo-entregado-a-los-hombres" es la oferta amorosa de Dios a participar de su propia VIDA. "El Padre, que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él. Así, también, el que me coma vivirá por mí" (Juan 6,57). Y también: "Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que también ellos sean uno en nosotros"(17,21).
A veces puede escandalizarnos que Dios haya permitido que su Hijo fuera tan maltratado. ¿Por qué Dios-Padre permitió los horrores de la Pasión? Y también, ¿por qué el Dios-Bueno permite los grandes sufrimientos de tantos de sus hijos queridos?
Estas preguntas no pueden responderse adecuadamente porque, en realidad, no están bien formuladas. Provienen de que imaginamos a Dios obrando a nuestra manera. Jesús se lo dijo claramente a Pedro cuando éste quería apartarlo de la Pasión: "¡Apártate de mi vista, Satanás! No ves las cosas como Dios, sino como los hombres"(Marcos 8,33).
Nosotros vemos las cosas desde una VIDA OBTENIDA , afirmada, defendida, poseída. Dios las ve desde una VIDA-QUE-SE-ENTREGA, compartida, radiante, amorosa.
Es normal que nosotros veamos las cosas "como los hombres". Sin embargo, y esta es la gran noticia, Dios nos invita a verlas "como Dios", y a obrar como Él obra. Somos invitados a nacer de arriba y así disfrutar de su propia vida.
MENSAJE. 
En una reunión de diálogo, alguien dijo: "si los sacerdotes explicaseis mejor el evangelio, mucha más gente creería".
Es posible. Pero no olvidemos una cosa: Jesús explicaba bien su MENSAJE, y, sin embargo, muy pronto le condenaron a muerte por blasfemo, y le mataron.
Una buena explicación ayuda a "conocer" el Evangelio, pero para  acogerlo hay que "nacer de arriba". Es decir: hay que "mirar al Crucificado". Y es bueno darse cuenta de que, incluso sin saberlo explícitamente, han sido y son muchísimos los que "miran al crucificado" en el reflejo trágico de miles y miles de crucificados de todo el mundo.
En el evangelio de Lucas, el viejo Simeón dice a María: "Este niño será el motivo para que muchos en Israel caigan o se levanten; será bandera de contradicción" Lucas 2,34).
El Crucificado es bandera: o se le combate clavándole en la Cruz, o se le mira como fuente de VIDA.
Expresado con un lenguaje actualizado: Todo ser humano tiene que tomar partido ante este dilema:
  • o mirar al Hombre, a menudo crucificado, marginado, despreciado… y dedicarle la propia vida,
  • o mirarse a sí mismo, y eso le llevará indefectiblemente a utilizar (crucificar) a los demás en la pretensión de construir su propio YO.
Esta segunda opción es posible, y no depende de si se "conoce" más o menos bien el evangelio sino de si tenemos o no un "corazón duro".
RESPUESTA. 
La respuesta puede ser a dos niveles:
  1. A nivel institucional.

    Sería bueno ver hasta qué punto la Iglesia-institución (o cualquier otra Religión institucional) reproduce la situación de la Religión oficial del tiempo de Jesús.
    Nicodemo representa a la Religión, pero desde una posición de Poder, e intenta "incorporar" la llegada del Mesías anunciada por los profetas. Pero Jesús le dice que no es este el camino. La Religión puede ser buena, muy buena, pero no es definitiva. La Religión, inicialmente, forma parte de la "vida-según-la-carne". Pero resulta que el amor extremo de Dios nos invita a la "vida-según-el-espíritu". Es por ello que la "vida-según-la-carne" se queda corta. Es valida sólo como trampolín para llegar a "nacer de arriba".

    En la medida en que la Iglesia (o cualquier otra Religión) haya incorporado
    estructuras de Dominio sobre los demás, es necesario que sea superada.
  2. A nivel personal.

    "Superar la Iglesia" (o cualquier otra Religión) no quiere decir necesariamente abandonarla, sino vivirla teniendo
    al hombre real como referencia.

    Dios nos invita a todos a aceptar y a disfrutar de la
    FILIACIÓN.

    Las Religiones tradicionales tienen en sí mismas suficiente sabiduría y ductilidad como para poder ofrecer LENGUAJE y "ESPACIO" para esta FILIACIÓN. Quizá sea posible, en casos especiales, vivir esta FILIACIÓN al margen de toda forma religiosa; pero ello conlleva desaprovechar unos buenos recursos que la mayoría tenemos al alcance.

    Las Religiones son la
    HERENCIA que nos han dejado quienes nos han precedido. Es una herencia que nosotros tenemos que gestionar según la realidad en que vivimos. En situaciones normales, el hijo que se emancipa no deja de ser "hijo" ni rompe la relación con los padres. Al contrario: la emancipación se convierte en una forma madura de vivir la FILIACIÓN.
En el ámbito de las Religiones, quizás nos sucede como en muchos países empobrecidos: a la pobreza material se le añade la pobreza de personas, consecuencia de la emigración de muchos ciudadanos que podrían producir riqueza para el propio país si no se hubieran ido.
La renovación que permanentemente necesitan las Religiones es más difícil si las personas que ven la necesidad "emigran" como signo de protesta. 
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Aquí somos, la mayoría de nosotros, hijos de la Iglesia. Pero, ¿somos hijos aún menores o ya emancipados?
  2. Físicamente, la crucifixión elevaba al crucificado. ¿Pero, los Evangelios se refieren sólo a Jesús o a todas las víctimas de los Poderes Humanos? En este caso, ¿qué quiere decir, en la práctica, "mirar al crucificado"? 

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)