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jueves, 8 de marzo de 2012

Relectura - "Sin papeles"




Una vez me contaron el caso de un señor que, por un error, constaba como fallecido. Sus esfuerzos para demostrar que estaba vivo eran en vano. La burocracia no tenía previsto que un difunto pudiera demostrar nada, ni, por supuesto, que estuviera vivo. Al final quería dejarlo, pero tampoco le era posible, porque, legalmente, no podía hacerlo: se le podía acusar de falsificación de documentos… De eso hace más de 40 años, y no sé cómo acabó la cosa.
En este aspecto hemos ido de mal en peor. Hoy la burocracia ha invadido la totalidad de nuestra vida, incluso la más personal. Sin papeles, no existimos, y, encima, somos delincuentes. Sólo los papeles nos dan identidad. Sólo los papeles nos pueden decir qué podemos, qué no podemos, y qué debemos hacer. Y ahora que se han introducido los ordenadores utilizados por personas que no saben cómo funcionan, los líos pueden ser de pronóstico reservado! Eso sí: los problemas siempre son para el sufrido ciudadano.
Jesús, como toda persona realmente humana, tenía una misión que cumplir: hacer Humanidad. Pero no tenía papeles para poder hacerlo. "¿Qué señal (‘¿Qué papeles’) nos muestras para obrar así?". Jesús no tiene los papeles, y sabe que eso le costará la vida si quiere ser fiel a la misión recibida. "Destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días… Se hablaba del templo de su cuerpo". Jesús convierte en señal, la inevitable destrucción provocada por la burocracia. "Cuando Jesús resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que él había dicho eso".
La primera pretensión de todo Poder es hacerse indispensable. No importa la clase de Poder: civil, religioso, económico, militar, cultural, etc. Quién tiene poder, enseguida ordena las cosas de forma que nada funcione fuera de su control. Por eso la experiencia nos dice que es preferible un mal Estado a la carencia de Estado, a pesar de que los Estados hoy son “trastos monstruosos” que nos cuestan muchísimo más de lo que dan. Pero se han hecho indispensables.
La forma más eficaz de hacerse indispensable es la burocracia. La burocracia está convirtiendo nuestra precaria democracia en la dictadura más sutil e invulnerable que haya existido nunca. No nos deja ni la dignidad de rebelarnos. Es impersonal, maquinal, ciega. Todo es "cosa de los papeles": necesita un permiso … vuelva mañana … falta un certificado … lo tiene que convalidar … falta una firma … hay un defecto de forma … el señor está reunido … el encargado ha salido … Todo para que un funcionario os pueda hacer unos papeles que otro funcionario le exige que os exija!
En la Iglesia tampoco nos hemos liberado aún de los perniciosos comportamientos burocráticos: señal inequívoca de que aún mantenemos, por vacías que sean, estructuras de Poder, siempre antihumana.
Cuaresma: tiempo de conversión. ¡Aprovéchemonos! Los de arriba, y los de abajo.   
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)