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jueves, 1 de marzo de 2012

Relectura - Transfiguración?



También este domingo Marta y Víctor irán a comer a casa de su hija mayor para celebrar el cumpleaños de Sandra, que cumple 13 años. También esta vez, Víctor ha acompañado a su mujer a misa. Pensando en Víctor, Marta se ha inquietado al ver que, una vez más, el evangelio del día era de lo más extraño. Al salir de la iglesia, ella ya se esperaba algún comentario puntiagudo. Pero, no: Víctor no decía nada. Por eso ha comenzado, ella.
Marta   El evangelio de hoy volvía a ser bastante extraño … 
Víctor   Ya sabes que a mí me parecen todos extraños. Pero hoy, yo me he hecho mi propio sermón. 
Marta    ¡Ah, sí! Y, ¿es sólo para ti este sermón? 
Víctor    Eso de ver personas transfiguradas, también me pasa a mí! 
Marta    Caramba, ¡qué privilegios! Y, ¡¿A quién has visto?! 
Víctor    Pues … a una mujer que se llama Marta … ¿Quizás la conoces? 
Marta    … ¡Vaya! Veo que se te ha activado el romanticismo, ahora … 
Víctor    ¿No decía, uno de esos de allá arriba, que se querían hacer una tienda para vivir allí? … Es lo que hemos hecho nosotros, ¿no? A veces mi cerebro me dice: Marta forzosamente ha de ser una mujer como cientos de miles de otras mujeres … Pero de repente te veo transfigurada … y, claro, entonces, ¡eres única! 
Marta    … Y ahora esperas que yo te diga que a mí me pasa lo mismo, ¿verdad? Pues, mira: aunque parezca muy cursi, te diré que sí. Con mis amigas a menudo comentamos que las mujeres somos muy estúpidas al casarnos, ¡sólo nos complicamos la vida! El mal está en que … ves a un muchacho "transfigurado" … y, ¡patapam!: ¡Te la das de morros!

De repente recibieron un fuerte empujón y sintieron que alguien ¡se estaba empotrando entre ellos! Era Sandra, su nieta. 
Víctor    ¡¿De dónde sales, tú, ahora?! 
Sandra   Os he visto en misa. No he venido a saludaros porque iba con una amiga … 
Marta    ¿Has querido celebrar tu cumpleaños yendo a misa? 
Sandra   … sí … También había un niño … 
Víctor     ¿Quieres decir que has ido a misa para ver al niño? … 
Marta    ¿Un niño que te gusta? … 
Sandra   Sí, mucho. Aquel que tocaba la flauta … Pero, no le digáis nada a mi madre, ¿vale?

 ¡Voy a decirle que ya estáis aquí! Dijo, mientras se avanzaba corriendo. 
Comieron en un buen clima festivo. En la hora de los postres, la madre de Sandra, pidió que apagaran las luces, y entró con un magnífico pastel coronado con 13 velas encendidas. Cantaron el cumpleaños feliz de rigor, y Sandra hizo el gran soplo … Pero su madre le había preparado una pequeña broma: doce velas formando un círculo, y la decimotercera, en el centro, de aquellas que, cuando soplas, se vuelven a encender. Cuando Sandra se dio cuenta, dijo mirando a su madre: "Es Papa que está aquí, y nos mira". La madre asintió, conteniendo como pudo la repentina emoción, y miró a los abuelos, que también asintieron sin decir nada. El padre había muerto de accidente hacía 6 años, pero siempre había estado presente. El rostro de la niña era radiante. Fue un momento de gran intensidad emotiva. Víctor se acercó discretamente a Marta y le dijo al oído:
   – ¿Ves? ¡Una "transfiguración"! 

Durante el regreso a casa, Víctor y Marta no encontraron palabras adecuadas para decirse. Víctor pensaba: "¡Ah, las palabras! ¡¿Por qué no vienen cuando más las necesitas?!"
Llegados a casa, lo primero que hizo Marta fue coger el Nuevo Testamento y releer el relato de la Transfiguración. Allí vio que era sólo una parte de un relato mucho más largo: un relato realmente extraño y complicado.
   – No entiendo nada. Todo ello debe tener un sentido muy profundo –dijo cuando Víctor entró –. Lo de la transfiguración es especialidad tuya. Toma: léelo: a ver si tú lo entiendes. 
Él lo leyó. Pero también dijo:
   – Nada de nada. No le veo ningún sentido. De todos modos me hace gracia que al principio se hable de unos discípulos que hablan sin saber qué dicen, y que al final se presente un mudo que termina hablando correctamente. Si esto quiere decir que en nuestro mundo hay demasiada palabrería, estoy de acuerdo. Cuando las palabras quedan cortas, tenemos el peligro de la palabrería. Cuando puedes contemplar la vida, a menudo el mejor lenguaje es el silencio absoluto! 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)