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miércoles, 11 de abril de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE PASCUA. CICLO B.


DOMINGO II DE PASCUA.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
"Al atardecer de aquel mismo domingo…"
El estilo literario usado por el evangelista nos indica, a voz de pronto, que no pretende hacer la crónica del Primer Encuentro de Jesús resucitado con los discípulos, sino que se trata de una escenificación para poner de relieve el significado profundo de las reuniones de la Comunidad cristiana. Es en esta en donde se hace visible y experimentable el "Resucitado".
"Domingo" proviene del latín "dominica", y dominica proviene de la expresión "dies dominica", que significa: "Día del Señor". Es una expresión tardía que se fue utilizando en los países cristianizados del antiguo Imperio Romano.
Los evangelios utilizan la expresión "Al día uno del sábado", o sea: primer día de la Semana, en una clara referencia al "día uno" o día primero de la Creación (Génesis 1,5).
Con Cristo resucitado comienza una Nueva Creación, o mejor: la Creación entra en una nueva etapa que podríamos llamar: "tiempo para la HERMANDAD". La "semilla" de esta Nueva Etapa, o el "motor" de este Nuevo Tiempo es la vida-entregada que va creando COMUNIDAD.
La primera lectura nos describe el "modelo de Comunidad", y el Evangelio nos presenta la COMUNIDAD como el ámbito donde se hace visible el Resucitado. Estar en la Comunidad permite "ver" al Resucitado; no estar, conlleva "no verle". La figura de Tomás "ausente" es el contrapunto de Jesús "presente".
De Tomás se hace notar que es "gemelo". ¿Gemelo de quién? Algunos comentaristas suponen que es "gemelo de Jesús" por su disponibilidad a morir junto a él (Juan 11,16). Quizás sí. A mí me resulta más inspirador pensar que es "gemelo" de todos aquellos que, como él, no estábamos en el primer encuentro de Jesús con los discípulos. La diferencia viene después: "Bienaventurados los que crean sin haber visto", que seríamos, tal vez, todos nosotros.
También es posible que lo que nos quiere decir el evangelista sea mucho más radical. Quizás nos quiere indicar que, además de las personas que podemos "ver" a Jesús resucitado cada domingo en la COMUNIDAD CRISTIANA, también hay muchísima otra gente que no "ven" a Jesús pero "creen", porque creen en los crucificados, y responden con su vida. Los discípulos y Tomás (y nosotros) "se alegraron de ver al Señor". Pero también son declarados bienaventurados aquellos que creen sin haberle "visto". (Compárese con Mateo 25,31-46).
La palabra "ver" es importante en este relato. Responde a la presencia de Jesús ("se puso en medio") y en su acción de "mostrar las manos y el costado”. En las manos y al lado hay las "marcas" del Crucificado. El evangelio nos quiere dejar claro que la RESURRECCIÓN no consiste en "desactivar" los efectos de la CRUCIFICCIÓN. Ver a Jesús es ver que el Crucificado está vivo. El realismo exagerado de la pretensión de Tomás lo pone de relieve: "meter el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado".
Los "Relatos de resurrección" no eran desconocidos ni sorprendentes en aquellos tiempos. Lo que resultaba del todo impensable e inaceptable era que un "crucificado", un "condenado a muerte", resucitara. Y sin embargo, esta es la experiencia que tuvieron los discípulos. A partir de aquí, la fe cristiana no consiste sólo en "creer en la resurrección" sino sobre todo en "creer que Dios acoge y sostiene la vida entregada de los Crucificados". "Padre, encomiendo mi espíritu en tus manos" (Lucas 23,46).
La resurrección no es un "milagro" sino la respuesta ordinaria y definitiva de Dios a la injusticia humana. "Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera" (Juan 12,31).
La resurrección del Crucificado nos muestra el inicio de una nueva humanidad con un nuevo "motor": "Como el Padre me envió, también yo os envío a vosotros". Y el propio Espíritu Santo que Jesús recibió (Bautismo) ahora es transmitido a los miembros de esta Nueva Humanidad: "Recibid el Espíritu Santo" (Juan no usa la expresión de los Sinópticos "El Reino de Dios").
Como la Luz, que por sí misma es la anulación de las Tinieblas, también el Espíritu Santo es la anulación de los pecados. El "poder" de perdonar los pecados no es un "poder de los discípulos de Jesús" sino el "poder del Espíritu Santo" que los discípulos han recibido. "A todos aquellos a quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados". Pero en la continuación, parece que la traducción del Misal es demasiado ambigua cuando sugiere la posibilidad de no perdonar. El evangelio no nos presenta dos posibilidades: perdonar o no perdonar. Lo que hace el evangelio es resaltar la importancia de la misión confiada a los discípulos repitiéndola con dos frases distintas. El significado sería: "Recibid el Espíritu Santo: a todos aquellos a quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a todos aquellos en quienes los reprimáis, les quedarán reprimidos". El evangelio considera el pecado como una fuerza contraria a la fuerza del Espíritu Santo. La presencia del Espíritu Santo anula la presencia del espíritu maligno o reprime su fuerza. "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron" (Juan 1,5).
"Milagros".
Después del relato de las ENCUENTROS DEL DOMINGO, el evangelio de Juan nos presenta un primer final de todo el Evangelio donde habla de los muchos "milagros" que Jesús hizo.
Hoy la palabra "milagro" suele tener un significado totalmente diferente a lo que nos querían transmitir los evangelios. (Milagros)
En todo caso, hay que tener presente que los "milagros" de los evangelios no son para probar la verdad de lo que dice Jesús sino para visualizar narrativamente los efectos interiores que las palabras de Jesús provocan en quienes "creen en él". De hecho, la palabra original griega "semeia" se puede traducir mejor por "signos".
MENSAJE. 
Jesús, el crucificado-viviente, se muestra a la COMUNIDAD y en la COMUNIDAD. Por eso la comunidad queda constituida en el primer testimonio de la Resurrección. Pero la fe en el Crucificado-resucitado no es patrimonio exclusivo de la Comunidad que cree y celebra. Fuera de la Comunidad constituida también es posible "creer"; y estos "creyentes" son también llamados "Bienaventurados". Esto quiere decir que no es la Comunidad quien "produce" la presencia del Resucitado, sino que es el Resucitado quien, en los que creen, va generando comunidad.
RESPUESTA. 
Para nosotros, la respuesta puede ser doble:
  1. Valorar la COMUNIDAD y colaborar para que ésta sea fiel a la misión de hacer visible al Crucificado-viviente. Debemos ser "Buena Noticia" para todos los crucificados. No somos "comunidad" para nuestro beneficio. Somos "enviados" ("apóstoles"). Cuando en el CREDO confesamos que la Iglesia es "apostólica", no expresamos sólo la continuidad con los Apóstoles sino que confesamos una de las características constituyentes de la Comunidad Cristiana: no existe para sí misma sino para el Mundo. "Como el Padre me envió, también yo os envío a vosotros".
  2. No sentirnos propietarios del Crucificado-viviente. Somos "enviados" para perdonar los pecados, no para conseguir nuevos clientes.
Y, dado que, de hecho, nos hemos convertido en otra Religión, conviene excluir todo proselitismo y toda contraposición frente a otras Religiones. No estamos en competencia con ninguna otra religión, ya que desde las otras Religiones (y, incluso, desde la "no-religión") también es posible "creer en el crucificado-viviente", y son muchísimos estos creyentes.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La Iglesia es esencialmente apostólica, o sea: enviada. ¿A qué es enviada, en concreto?
  2. Sorprendentemente el Concilio Vaticano II promulgó no una sino dos Constituciones sobre la Iglesia: la "Constitución dogmática" y la "Constitución pastoral". ¿Cómo interpretáis este hecho?
  3. La palabra "iglesia" significa "asamblea" o "comunidad reunida". ¿Qué os sugiere esto, a la luz del evangelio de este domingo?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)