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lunes, 30 de abril de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE PASCUA. CICLO B.


DOMINGO V DE PASCUA.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
De ciertas personas decimos que son "unos manitas": pueden arreglarnos tanto un reloj antiguo, como una lámpara, una puerta, una persiana, un enchufe …
¿Quién es Jesús? No sabemos si era un manitas, pero, según el Evangelio de Juan, es "lo que necesitan los demás". Para quienes se sienten perdidos, él es el buen pastor (10,11); para quienes se encuentran abrumados por la muerte, es resurrección y vida (11,25), para las personas sedientas, es fuente de agua viva (4,10); para la multitud hambrienta, es pan de vida (6,35); para los ciegos, es luz (8,12); para los paralíticos, es camino (14,6); …
¿Quién es Jesús? Es el hombre para los demás. También lo podríamos decir al revés: Los "hombres para los demás", en el evangelio, vienen personificados en Jesús. Por eso no se puede hacer una "biografía individual" de Jesús a partir de los Evangelios. Estos excluyen que nos quedamos en un solo individuo concreto y singular. Los Evangelios nos presentan a Jesús para referirse a los humanos.
Situando estos complementos a la expresión nuclear "yo soy" (que es el nombre de Dios), el Evangelio de Juan, con un lenguaje distinto, repite lo que nos dice también el Evangelio de Mateo: Jesús es el Emmanuel ("Dios con nosotros". 1,23).
"Yo soy… la vid verdadera" …
Si somos "sarmientos", necesitamos una vid.
La ciencia actual ha descubierto que todos los humanos, junto con todos los vivientes de la Tierra, formamos una única vida, que ha ido evolucionando tomando formas distintas. Todos juntos somos como un único y gran árbol de muchas ramas que tiene su inicio en una primera y única semilla.
Esto que la ciencia moderna ha descubierto, el mensaje cristiano lo había intuido, con respecto a los humanos, cuando nos dice que todos somos hermanos.
Como vivientes, todos experimentamos que la vida no empieza ni termina en nosotros. Somos pequeñas ramitas del gran árbol de la Humanidad. Estar unidos al árbol significa participar de su vida; separarse de él, significa separarse de la vida. La solidaridad no es sólo una cuestión moral sino vital.
El evangelio de hoy nos habla del gran árbol de la Humanidad concretándolo en la vid.
La "vid" y la "viña" eran uno de los símbolos importantes de la predilección de Dios hacia el Pueblo Elegido. "La viña del Señor del universo sois vosotros, pueblo de Israel. Vosotros, gente de Judea, erais su plantación predilecta"(Isaías 5,7). En el evangelio de Juan vemos que esta predilección se extiende a toda la Humanidad. "Yo (el Hombre) soy la vid verdadera".
Como miembro del pueblo de Israel, Jesús cumple la misión del Pueblo Elegido de ser testigo de la predilección de Dios. "Mi Padre es el Viñador".
Como Hombre, Jesús personifica la nueva humanidad que, como una vid, vincula y vivifica a todos los sarmientos.
La vid es una planta que destaca por la abundancia de su fruto. Los sarmientos nacen y crecen para dar fruto. Hay que limpiarlos y podarlos para que den más fruto, si no, la savia de la vid se "gasta" en los sarmientos viejos, que sólo pueden ofrecer uvas raquíticas.
La expresión: "El Padre corta todos los sarmientos unidos a mi que no dan fruto", puede parecer dura. Si pensamos en el sarmiento cortado, parece un abuso. Puede sugerir la idea de que el viñador "explota" los sarmientos (que somos nosotros). ¿Sólo se nos valora por nuestro rendimiento?
En aquel tiempo todo el mundo conocía la acción experta del viñador, ya que muchas familias tenían su propia viña, por pequeña que fuera, o al menos una parra a la entrada de casa.
Hay que distinguir dos acciones distintas: cortar un sarmiento, y podarlo.
Un sarmiento sólo se corta cuando ya está muerto. La señal de que ya está muerto es que no da fruto. Cortándolo, el viñador ni lo mata ni le hace ningún daño, porque ya no recibía vida de la vid.
Aplicando esto a la comunidad, el sarmiento que no da fruto es que se ha separado de la vid: no tiene vida ni puede dar fruto. Cortándolo no se le hace ningún daño porque, en realidad, ya no forma parte de la vid. De ahí la afirmación de Jesús: "Quien permanece en mí y yo en él da mucho fruto, porque separados de mí, no podéis hacer nada".
Otra cosa es podar el sarmiento. Se poda un sarmiento para que dé más fruto, y así pueda recibir más vida. La cantidad de fruto dado marca la cantidad de savia que se puede recibir. La cantidad de vida entregada marca la cantidad de vida recibida. Pasa como en un conductor eléctrico: si se conecta una bombilla de 500 vatios, recibe 500 vatios, si se conecta una bombilla de 10 vatios, recibe 10 vatios.
Es por ello que se poda un sarmiento: para que, dando más fruto, reciba más vida.
Con el lenguaje de la poda, Jesús está ofreciendo a sus discípulos la interpretación de su Pasión y Muerte. Recordemos que este relato está situado después de la despedida de Jesús y mientras van hacia el huerto de Getsemaní donde comenzará su Pasión (la Poda). También ofrece la interpretación de las persecuciones que sufría la comunidad cristiana.
También sería un error entender que "dar fruto" significa sólo "hacer cosas para los demás". El fruto es nuestra propia vida en la medida que toma la forma de vida que se entrega. Jesús en la cruz es la expresión máxima de la vida convertida en "fruto". Un enfermo inmovilizado en su cama puede ser igualmente imagen de una vida que se entrega. El criterio del fruto no es la eficacia externa sino el amor.
… pedid lo que queráis …
Nuestros deseos pueden tomar dos direcciones opuestas:
  1. mantener y guardar nuestra propia vida, independientemente del resto. Son deseos sin futuro porque están en contradicción con el proyecto creador de Dios; o
  2. asociados a Jesús, conectar con el proyecto de Dios. "Si permanecéis en mí, y lo que yo os he dicho queda en vosotros, pedid todo lo que queráis, y lo tendréis". Hay coincidencia entre nuestros deseos y el proyecto de Dios. Somos "socios y beneficiarios" de una misma y gran empresa que no quebrará. Más aún: los horizontes de la empresa van mucho más allá de todo lo que ahora podamos desear.
MENSAJE. 
La solidaridad con la Humanidad es la condición indispensable para vivir. Dicho al revés: vivir es "vivir para los demás". Vivir para los demás conlleva, de hecho, aceptar que nuestra vida inicial (la "vida obtenida") vaya siendo "podada" en muchos puntos, hasta convertirse plenamente en "vida entregada". Una vez se ha entrado en la dinámica de la vida entregada, nuestros deseos se harán realidad, incluso más allá de lo que somos capaces de desear.
RESPUESTA. 
En la medida en que vamos descubriendo lo que significa realmente vivir, podemos decidir hacerlo con generosidad, y disfrutar. "Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado" (Juan 15,11).
A veces parece que en nuestra iglesia está surgiendo un pesimismo mal disimulado sobre el futuro. ¿No será que confundimos la vid con los sarmientos? ¿No será que no entendemos que el sarmiento que da fruto, el Padre lo poda y lo limpia para que dé más? ¿No nos estará pasando como a los discípulos que, pensando en Jesús como cadáver, no le reconocían como Crucificado viviente?
Hoy la Iglesia está en tiempo de poda. La poda es un bien, y un bien urgente. Es necesario podar muchos sarmientos liberándolos de residuos inútiles de una situación de Cristiandad que ya ha pasado, y disponerse a recibir savia nueva para vivir, y dar mucho fruto.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Sintiéndonos cristianos adultos, pensemos qué sarmientos de la Iglesia o de nuestra comunidad o de nosotros mismos sería necesario podar.
  2. En la nueva situación de pluralismo religioso, ¿vemos las otras Religiones como una competencia o como una oportunidad? Si vemos una oportunidad, ¿en qué consiste esta oportunidad? ¿Es la oportunidad de "convertirles" o de "convertirnos"? ¿Qué significado tiene "convertirse"?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)