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viernes, 13 de abril de 2012

Relectura - En un grupo de niños de catequesis … (1/6)


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)


Niño/a Señorita: Jesús, después de resucitar, ¿a qué país se fue a vivir?
Niño/a ¡Anda! ¡¿Qué dices?! No vive en ningún país. ¡Jesús subió al cielo!
Niño/a Pero también vive aquí en la Tierra. Se apareció a los 12 discípulos. Vive allí donde tiene discípulos, ¿señorita?
Niño/a Señorita: cuando Jesús se apareció a los discípulos, ¿cómo iba vestido?
Niño/a ¡Qué preguntas más burras que haces! ¡Los resucitados no van vestidos!
Niño/a ¿Qué quieres decir? ¿Que Jesús iba desnudo? …
Niño/a ¡Hombre!, Desnudo … quizás no. Quizás llevaba una sábana.
Niño/a ¿Como los fantasmas? ¡Que diver!
Niño/a ¡Sí, hombre! ¡Jesús no es ningún fantasma! Y, ¿de dónde quieres que sacara la sábana?!
Niño/a Cuando le pusieron en el sepulcro, le envolvieron con una sábana …
Niño/a ¡Ah! … Quizás sí … Pero Jesús no es ningún fantasma. Los fantasmas son para dar miedo …
Niño/a Seguramente, cuando resucitó, fue a ver a su madre … Quizás ella le dio ropa …
Niño/a Pero un resucitado no puede llevar ropa. Además: yo pienso que los resucitados son invisibles. Jesús, para que le vieran, se disfrazó. Pero así no le reconocían … ¿Eh, señorita, que una vez iba con dos discípulos, y ellos no sabían quién era?
Niño/a ¿Por qué no nos lo explica todo esto, señorita?
Catequista Estaba pensando cómo hacerlo …

Las cosas que habéis dicho son muy interesantes, pero también veo que me será muy difícil explicaros lo de la resurrección.
A ver si lo consigo:
La catequista se levantó. Cogió una vela, la encendió y la puso sobre la mesa. Luego pidió a todos que se pusieran en torno a la mesa, y que alguien bajara las persianas para oscurecer.
Niño/a ¿Haremos espiritismo, señorita?
Catequista No. Haremos algo mucho más interesante. Fijaos bien en esta vela. ¿Qué está pasando?
Niño/a Que hay luz.
Catequista Es verdad. Todos lo vemos. Y, ¿de donde sale, esta luz?
Niño/a De este vaso.
Catequista ¿Los vasos hacen luz?
Niño/a Es la cera. La cera se está convirtiendo en luz.
Catequista ¡Muy bien! Y, ¿dónde estará esta cera cuando se haya quemado toda?
Niño/a ¡¿Dónde estará?! No estará en ninguna parte. Se habrá convertido en luz.
Catequista ¡Perfecto! Fijaos: ahora, antes de convertirse en luz, puedo coger esta cera, ponerla aquí, o aquí; subirla, bajarla … También es necesario el vaso de vidrio para que aguante la cera fundida. Pero, cuando toda la cera se haya convertido en luz, ¿podré coger la luz? ¿Se podría coger toda la luz que ha salido de este vaso y volverla a convertir en cera y meterla en este vaso?
Niño/a Esto es imposible.
Catequista Tienes toda la razón: esto es imposible. Esta vela fue hecha para convertirse en luz, pero no al revés.

Pues, escuchadme bien: con la vida humana (la vida de cada uno de nosotros) pasa algo parecido: puede convertirse en "luz". Es decir: puede convertirse en amor, bondad, calor para los demás … Esto es la "resurrección".
Niño/a No lo entiendo. ¿Resucitar, no significa volver a tener vida después de morirse?
Catequista ¿"Volver a tener vida"? Morir no significa necesariamente perder la vida. En el caso de Jesús, y de la mayoría de gente, la muerte no significa perder la vida sino entregarla; entregarse del todo. Una vida entregada no es nunca una vida perdida. Fijaos en esta vela: sólo se perderá la cera que no se queme. Toda la que se queme continuará en forma de luz.
Niño/a Cuando yo entrego una cosa, ya no la tengo …
Catequista Pero eso no quiere decir que lo hayas perdido. Es como si uno de vosotros tiene 100 € para comprarse cosas. Imaginad que alguien os los roba o no sabéis dónde los tenéis. Para vosotros, serían perdidos. Pero imaginad que os habéis encontrado con un amigo que los necesita más que vosotros, y se los dais. ¿Diríais que los habéis perdido? ¿No pensaríais, mejor, que los habéis ganado haciendo un favor a un amigo? Aquellos euros se han convertido en amor a tu amigo. Podríamos decir que aquellos euros vuestros ahora "viven" en vuestro amigo.

Con nuestra vida sucede lo mismo: sólo la vida que
no entregamos acaba siendo vida que se pierde.
(Continuará).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)