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miércoles, 18 de abril de 2012

Relectura - En un grupo de niños de catequesis … (2/6)


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
Niño/a Señorita: ¿podemos volver a encender la vela del otro día? ¡Fue muy guay!
Catequista ¡Claro que sí!… Nos hará compañía.
Niño/a Señorita: Si después de encender esta vela, nosotros nos fuéramos, nadie vería que la cera se convierte en luz. Quemaría para nada…
Catequista Lo que dices es muy, pero que muy, importante. La vida humana (nuestra vida) se puede convertir en amor, pero sin los demás, no lo podríamos hacer. Por eso el verdadero amor tiene dos caras: amar y dejarse amar. No amamos realmente a una persona si no nos dejamos amar por ella.
Niño/a Esto no lo entiendo. En nuestra clase hay un niño que no quiere ser amigo de nadie. Pero los demás no le hemos hecho nada, y queremos ser amigos suyos.
Catequista Me gusta que me hagáis preguntas; pero con vuestras preguntas me obligáis a hablar de cosas muy difíciles para vosotros, porque todavía sois demasiado pequeños. Debéis saber una cosa: a menudo decimos que amamos, pero no amamos de verdad. Hay personas que dicen que aman a otra, pero en realidad intentan dominarla. Por eso a veces tenemos miedo de ser amados, porque hemos tenido la mala experiencia de ser dominados por personas que decían que nos amaban.

Lo tenéis que saber desde ahora: la palabra "amar" es muy bonita, pero para amar de verdad, hay que hacer un largo y difícil aprendizaje. Y como la palabra es tan bonita, a veces la usamos para esconder otras cosas no demasiado buenas.
Niño/a Los 12 discípulos de Jesús no le querían mucho, ¿eh señorita? ¡Le abandonaron cuando más les necesitaba!
Catequista Ellos creían que le querían mucho, porque lo habían dejado todo por él. La verdad es que necesitaban un líder, y pensaban que Jesús les podría servir. Le amaban como líder, pero aún no habían aprendido a amarle como persona. En realidad, querían utilizarlo. Cuando vieron que Jesús no se dejaba utilizar y que no quería ser ningún líder, le abandonaron.
Niño/a ¿Y por qué no quería ser líder?
Catequista Los Discípulos eran buenas personas: amaban a su pueblo. Su pueblo era esclavizado por soldados romanos y por otros poderosos. Por eso buscaban un líder que luchara contra los soldados romanos y contra los poderosos que les dominaban.
Niño/a Es muy normal. Yo también lo haría.
Catequista Sí: amar a nuestro pueblo está muy bien. Pero también los Romanos pensaban que amaban a su pueblo y por eso lo convirtieron en un Imperio que dominaba sobre los otros pueblos. ¿Veis? El amor de los Romanos hacia su pueblo no era verdadero, porque hacía daño a los demás pueblos.

El amor sólo es verdadero si llega a todos: a todas las personas y a todos los pueblos. Jesús amaba a todo el mundo, incluso a aquellas personas que muchos tenían por malas. No quería ser un líder para hacer la guerra. Él buscaba la paz; y la paz no necesita "líderes" que luchen contra los otros sino personas que quieran devolver el mal recibido por bien. Por eso os he dicho que, para amar de verdad, hay que aprender. Los 12 discípulos no aprendieron hasta el final, y aún no todos.
… … …
Niño/a En la misa, el sacerdote ha leído en un libro que Jesús, cuando ya había resucitado, se presentó a los discípulos, y tenía carne y hueso como nosotros, y que lo podían tocar porque no era ningún fantasma…
Catequista Y esto os parece lo contrario de lo que os he contado yo, ¿no? Pero no lo es. Aquello que está escrito en los Evangelios es una forma de decir que Jesús resucitado es el mismo Jesús que ellos habían conocido antes. Los discípulos, como la mayoría de gente, pensaban que, con la muerte, la vida desaparece. Fijaos en la cera de aquella vela: mientras arde, va desapareciendo. Pero nosotros vemos que no desaparece sino que se convierte en luz: una luz que ilumina nuestras caras y nos entra por los ojos. La vida resucitada es real como lo es la luz de esta vela. El evangelio dice que Jesús les enseñó las manos y los pies porqué en las manos y en los pies estaban las heridas que le había causado la muerte. Los discípulos pensaban que por aquellas heridas Jesús había perdido su vida, en cambio Jesús les quiere hacer entender que por aquellas heridas les había entregado su vida. La vida entregada de Jesús sólo se perdería si ellos, sus discípulos, no la aceptaban.
Niño/a Pero aquellos discípulos ¿vieron a Jesús o no?
Catequista Les costó; pero al final aceptaron la vida entregada de Jesús y, ¡le pudieron ver! Pero, ¡no con estos ojos! ¡La vida entregada no se puede ver con estos ojos! Estos ojos sólo pueden ver las cosas corporales. Si vemos un cuerpo que se mueve, decimos: este cuerpo tiene vida, pero no vemos la vida. Como tampoco podemos ver la luz.
Niño/a ¡Todos vemos esta llama!…
Catequista Pero la llama no es la luz. Nuestros ojos no pueden ver directamente la luz. Sólo vemos las cosas que se dejan iluminar por la luz. Vemos las cosas iluminadas, pero no vemos la luz. Algo parecido ocurre con la vida entregada, o con el amor. No vemos directamente el amor, sólo lo podemos "ver" a través de las personas amadas. Por ejemplo: yo no veo el amor que os tienen vuestros padres; pero, claro: si vuestros padres no os amasen, ahora vosotros no estaríais aquí, y ni siquiera existiríais. Por eso podríamos decir que la vida entregada, o el amor, sólo los "vemos" con los ojos del corazón.
(Continuará).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)