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martes, 15 de mayo de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO B.


ASCENSIÓN DEL SEÑOR.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
La Ascensión, al igual que Pentecostés, no se basa en un relato evangélico sino en un relato de los Hechos de los Apóstoles.
El relato de la Ascensión es una escenificación de la "vida del Resucitado". Sólo Lucas hace esta escenificación. La sitúa al inicio de los Hechos de los Apóstoles, pero ya incluye una referencia al final del Evangelio. Podríamos decir que sirve de bisagra entre las dos partes de la obra de Lucas: El Evangelio ("la obra del Espíritu que actúa en Jesús") y los Hechos ("la obra del Espíritu [de Jesús] que actúa en las Comunidades Cristianas"). A pesar de que en las actuales ediciones del Nuevo Testamento, estas dos partes de la obra de Lucas quedan separadas, no hay que olvidar su unidad, ya que no se puede entender correctamente la segunda sin ponerla en relación con la primera.
Hechos de los Apóstoles.
Escenificando la "vida resucitada" de Jesús como una ascensión a los cielos, Lucas la enriquece con una gran cantidad de detalles muy significativos: el hecho de "subir" al cielo, que es el "lugar de Dios" en el lenguaje popular; la "nube" que le hace invisible a los ojos de los discípulos; los "dos personajes" vestidos de blanco, representando a Moisés y a Elías, y que "se interponen" entre Jesús y los discípulos; la promesa de que "regresará de la misma forma en que le han visto subir al cielo"
El punto clave de este relato es la notificación de que Jesús regresará de la misma forma en que le han visto subir al cielo. Se refiere a la venida del Espíritu Santo, presentado ahora como "el Espíritu de Jesús". Lucas destaca esta venida (como ya la había destacado en la Concepción de Jesús, en el inicio del Evangelio). Los discípulos acaban de ver que una nube "tomaba" a Jesús y se lo hacía "invisible". La nube significa la presencia de Dios, pero también "tormenta", "viento", "fuerza", "espíritu", … Y es en forma de tormenta, viento, fuerza y espíritu … que los discípulos, dentro pocos días (Pentecostés) y a lo largo de toda la Historia, lo irán recibiendo; como antes lo había recibido María, para engendrar al Hijo del Altísimo, y como lo recibió el propio Jesús, en el bautismo, para ser constituido Mesías.
La Ascensión de Jesús está en función de Pentecostés.
Todo es obra del espíritu, el cual, en Adán y Eva se hizo "ser viviente", en Moisés se hizo "Ley" que reúne a un Pueblo, en María se hizo "hombre para todos", y en Jesús se hace "comunidad de amor", como Dios mismo.
La Ascensión es un lenguaje para expresar experiencias importantes y profundas de la vida humana, y no la debemos entender como la descripción de una acción objetiva. Jesús no sube hacia arriba como un globo o un cohete o un proyectil. "Arriba" y "abajo" son lenguajes para expresar vivencias humanas. Sentimos nuestra vida situada en el espacio y en el tiempo. "Espacio" y "tiempo" no tienen realidad en sí mismos; son ideas que nos ayudan a situarnos, midiendo y expresando nuestra relación con lo que nos rodea. Por esto tienen tanta fuerza significativa como lenguaje simbólico.
Desgraciadamente ha sucedido a menudo que nos hemos quedado en la escenificación, sin atender al significado que se nos quiere trasmitir, como aquellos que, cuando alguien les señala las estrellas, se quedan mirándole sólo el dedo. "Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?"
Propiamente, el mensaje de este relato no es la "subida al cielo" sino la transformación de la vida de Jesús. Es como si Jesús dijera a sus discípulos: "Me alejo de vosotros como Maestro y Señor; y volveré como Luz y Fuerza".
Evangelio.
En la misa, este "Año B" toca la lectura básicamente del Evangelio de Marcos. Podemos ver que Marcos también habla de la Ascensión. Aunque los estudiosos están de acuerdo en que este relato no pertenece al Evangelio original de Marcos sino que fue añadido, en el siglo II, por alguien que pensó que el Evangelio de Marcos había quedado inacabado. Por eso puso un "final" inspirándose en lo que dicen los otros evangelios. El relato de la Ascensión está sacado de Lucas.
Aparte de la Ascensión, el Evangelio de hoy contiene unas sentencias que, si se interpretan mal, pueden resultar bastante escandalosas. Dice: "los que crean y sean bautizados, se salvarán; los que no crean, serán condenados".
Estas palabras fueron escritas cuando los discípulos de Jesús no formábamos una nueva religión ni estaba previsto que lo fuéramos. "Bautizarse" no significaba "apuntarse" a una determinada Religión sino morir al hombre viejo para resucitar al hombre nuevo. "Despojaos del hombre viejo que se va destruyendo tras los deseos seductores; renovad espiritualmente vuestro interior y revestíos del hombre nuevo …" (Efesios 4,22). O también: "Todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte" (Romanos 6,3). "Morir en el hombre viejo" significa apartarse de todo lo que genera división, separación, superioridad, indiferencia, dominio, … "Nacer en el hombre nuevo" es abrir el corazón a todos los hombres, es sentirse "conectado" a la Verdadera Viña, es ser una ramita del gran árbol de la humanidad. Y esto es posible desde cualquier religión o no-religión, porque es la respuesta del corazón al don de la Vida.
"Creer" no significa principalmente aceptar lo que con el tiempo se ha convertido en la Doctrina Cristiana o en los Dogmas de la Iglesia, sino que es una actitud positiva ante la vida, ante cada hombre, y, sobre todo, ante cada "crucificado" de este mundo. La doctrina y los dogmas pueden dar lenguaje a nuestra Fe. Esto es muy importante, pero no son la Fe. Es ante cada crucificado que encontramos en nuestro camino, que se nos ofrece la posibilidad de la Fe: si creemos, seremos salvados, si no creemos, nos condenamos. Recordemos el examen final, según el Evangelio de Mateo: "Tuve hambre y me disteis de comer …" (Mateo 25,35 ss), o bien el Relato del Samaritano que se compadece del hombre medio muerto que encuentra por el camino (Lucas 10.33 ss).
Jesús y los primeros discípulos eran de religión judía y nos hablan con el lenguaje y los símbolos de esta Religión. Pero su mensaje es sobre el Hombre, y tiene por objetivo no la "Religión" sino la Libertad (Salvación) del Hombre.
Esta liberación está expresada en el Evangelio de una forma realmente provocadora: "Los que hayan creído harán milagros como éstos:
  • expulsarán demonios por el poder de mi nombre,
  • hablarán lenguas nuevas,
  • si cogen serpientes con las manos o beben veneno no les hará daño,
  • los enfermos a quienes hayan impuesto las manos, se pondrán bien".
Cuatro "milagros": dos en favor de los demás, y dos para el propio disfrute.
A favor de los demás: expulsar demonios y curar las enfermedades.
Para el propio disfrute: hablar lenguajes nuevos (conocimiento profundo) y ser invulnerables ante las serpientes y su veneno. Con la referencia a las "serpientes" y al "veneno", el evangelista quiere relacionar este "final" con "el inicio" de la Humanidad, cuando en el "Paraíso terrenal" Adán y Eva se dejaron engañar por la "serpiente" que incitó a comer el fruto "venenoso" del Árbol del conocimiento del bien y del mal. Aquel veneno les causó enfermedades y muerte. El evangelista nos presenta una especie de "cabeza y cola" que enmarca toda la historia de la salvación, desde Adán y Eva hasta Jesús y la nueva Comunidad (Humanidad). Así, el Hombre Jesús "ha subido más arriba que todos los cielos, para llevar a la plenitud todo el universo". Y cada discípulo está llamado a "edificar el cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que seamos hombres perfectos, hasta que alcancemos en plenitud la talla de Cristo" (2ª Lectura).
MENSAJE. 
El mensaje de la fiesta de hoy viene expresado por las propias palabras del evangelio: "Id por todo el mundo y predicad a todos la Buena Nueva del Evangelio". Así había empezado también la predicación de Jesús en Galilea (Marcos 1,15). Es Necesario, sólo, no entender mal la palabra "Evangelio". Se trata de no reducirlo a un conjunto de hechos y palabras de Jesús, sino que es la visualización de un hecho importante: que Dios se sitúa del lado de los "crucificados" y acoge en Él sus vidas.
El mensaje también se convierte en advertencia. Ante cada crucificado sólo hay dos actitudes: la compasión y solidaridad (que genera salvación), o la indiferencia culpable (que nos mantiene fuera del ámbito de la Vida).
RESPUESTA. 
Evidentemente, la respuesta adecuada a una buena noticia es creerla y dejarse inundar por el optimismo y por la alegría de su contenido. Jesús, "el hombre para los demás", resucita y "sube al cielo" para convertirse en "espíritu" que será derramado sobre todos aquellos que tengan el corazón abierto. Como nos pide San Pablo en el fragmento que hemos leído en la 2ª Lectura: "Os ruego que viváis como lo pide la vocación que habéis recibido, con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos con amor unos a otros, no escatimando ningún esfuerzo para mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz".
No responderíamos correctamente si "nos quedábamos mirando al cielo". "Os conviene que yo me vaya", ya había dicho Jesús a los discípulos (Juan 16,7). Nuestro punto de referencia no está en el "cielo" sino a la "tierra". Es aquí donde hay que construir el Reino de Dios, no como los reinos de este mundo sino como ámbito de comunión. Es por ello que Jesús se ha hecho "vida que nos es entregada", fuerza, espíritu, etc.
El "cielo" no representa un lugar por encima de la tierra, sino la nueva manera de estar, Jesús, con nosotros.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Los "dos hombres vestidos de blanco" dicen a los discípulos: "¿Por qué estáis mirando al cielo?" ¿Pensáis que en la actualidad también se nos podría hacer este reproche? ¿Cómo lo concretaríais con palabras actuales?
  2. Se observa en nuestra sociedad laica un retorno de la religiosidad (aunque al margen de las instituciones tradicionales). ¿Lo consideráis positivo? ¿Podría ser peligroso? La experiencia nos enseña lo fácil que es caer en una religiosidad alienante. ¿Existe hoy este peligro?



Por el Padre Pere Torras

Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)