Traductor

martes, 8 de mayo de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO B.


DOMINGO VI DE PASCUA.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Vivimos conviviendo. Pero la convivencia puede quedarse en una relación de superioridad-dependencia, o podemos dar el paso hacia una relación de igualdad-amistad.
Todos, como vivientes, hemos comenzado en una relación de superioridad-dependencia. Es la forma "inicial" en la que los vivientes convivimos. Desde los inicios entra en escena la "lucha por la vida".
Jesús acepta, sólo como punto de partida, la actitud de dependencia de sus discípulos hacia él. "Vosotros me llamáis 'Maestro' y 'Señor', y decís bien, porque lo soy" (Juan 13,13). Pero su "lección" consiste en enseñarnos a pasar desde esta relación inicial de dependencia a una relación de igualdad-amistad: "Ya no os llamaré siervos… a vosotros os llamo amigos".
Los humanos estamos invitados a "entrar en la convivencia de Dios" donde quedan excluidas las relaciones de superioridad-dependencia. Podríamos no haber sido invitados, pero lo hemos sido. "No sois vosotros quienes me habéis elegido. Soy yo quien os he elegido…". La aceptación de esta oferta por parte nuestra tiene carácter de respuesta. La iniciativa comienza en Dios. Por lo tanto, tampoco en este punto debe haber relaciones de dependencia entre nosotros. "No os hagáis llamar 'Rabí’, porque solo es vuestro Maestro uno, y todos vosotros sois hermanos; ni llaméis a nadie 'Padre' aquí en la tierra, porque padre solo tenéis uno, que es el del cielo: ni os hagáis llamar 'guías', porque de guía solo tenéis uno, que es el Cristo" (Mateo 23,8 s).
Las relaciones de superioridad-dependencia han ido construyendo el "Reino de este mundo". Los "superiores", para mantener su superioridad, suelen utilizar sobretodo dos "herramientas": la fuerza bruta y el secreto. La herramienta más directa y eficaz es la fuerza bruta. Todos los Estados actuales son el producto, directo o indirecto, de una guerra, expresión máxima de la fuerza bruta. Pero no siempre los superiores disponen de más fuerza que los demás. Para ello se ha creado el secreto, que se convierte en una nueva herramienta de dominio. El secreto genera inseguridad en aquellos que no conocen como "funciona" la forma de convivencia "programada". El secreto puede tomar diferentes formas. Actualmente, una de las más eficaces, perversas e irracionales es la burocracia.
Jesús nos invita a otra forma de convivencia. La Comunidad de Jesús tiene como vínculo la dinámica del Amor: "Yo os amo como el Padre me ama". El Amor excluye las herramientas propias del Dominio: la fuerza y el secreto: "A vosotros os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre".
La amistad entre Jesús y los discípulos no es sólo una relación bilateral. Conlleva un cambio radical en la forma de convivencia. No se puede ser amigo de Jesús y mantener con alguien relaciones de superioridad-dependencia y de secreto: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando". Y lo que nos "manda" son relaciones de amistad: "Mi mandamiento es que os améis unos a otros como yo os he amado".
MENSAJE. 
Estamos invitados a entrar en el ámbito del amor, donde ya ha entrado Jesús, uno de los nuestros. Es un ámbito transparente, donde no hay lugar para los secretos. Esta "entrada en el ámbito del Amor" es escenificada en la Ascensión, que celebraremos el próximo domingo.
RESPUESTA. 
El proceso de jerarquización que ha sufrido la Comunidad Cristiana, la ha hecho, estructuralmente, muy similar a los "reinos de este mundo".
Parece que en la Iglesia actual hemos renunciado a la fuerza bruta, pero se mantiene aún una gran dosis de secreto y de burocracia. Como todas las jerarquías, también la eclesiástica funciona de tal forma que el secreto se convierte en indispensable. El "respeto" más elemental a las personas concretas lo demanda… Pensemos en los nombramientos de obispos, párrocos, o de otros responsables eclesiásticos.
Es prácticamente imposible que una sociedad se organice jerárquicamente sin generar la necesidad de secreto. Pero la necesidad de secreto nos demuestra que la organización eclesiástica sigue siendo  demasiado parecida a los reinos de este mundo.
Nuestra respuesta podría consistir en hacer algo para corregir esta situación. No se trata de que lo que ahora es secreto sea público, sino de encontrar aquella forma de organización en que el secreto no sea necesario y quede excluido.
Para lograr esto, es necesario invertir el flujo de la vida eclesial. A menudo se da por supuesto (y aceptado) que la vida de la Iglesia sigue este proceso: Jesucristo (el cielo) → Papa (Vicario de Cristo en la Tierra) → Cardenales → Obispos → Curas → Pueblo Cristiano. Este proceso, esencialmente jerárquico, contradice directamente la obra de Jesús, y es un calco de los reinos de este mundo. Si la Iglesia tuviera que funcionar así, resultaría inútil, y más bien sería un estorbo (como, de hecho, ya lo piensan muchos). Para funcionar así, ya tenemos suficiente (y de sobra!) con la Sociedad Civil.
El lugar de la presencia y acción de Dios es el hombre, el cual, en la medida en que acoge la obra de Dios, se hace comunidad o pueblo ("Pueblo de Dios"). "Donde dos o tres se hallan reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18,20).
Es muy posible que el ejercicio de la comunión vaya pidiendo servicios concretos, sin secretos, ni estrategias ni burocracia. Es en la (pequeña) Comunidad donde se encuentra el inicio del flujo de la vida eclesial.
Y no se trata de "democratizar" la Iglesia. La "Democracia" (de demos = pueblo, y kratos = poder) es una forma de originar y legitimar Poder. En la Iglesia no debe haber ninguna clase de Poder porque es un ámbito de comunión. La comunión pide y ofrece servicios, pero excluye toda forma de dependencia y de secreto.
En una sociedad religiosa, es posible que la religión estructurada tuviera una cierta "utilidad": servir de contra-poder. Pero no es esta la misión de la Iglesia. En todo caso, en una sociedad laica y democrática (aunque sólo sea formalmente democrática), una Iglesia jerarquizada se convierte en una complicación añadida para la Sociedad y para los fieles. Tal y como funciona la Iglesia estructural en nuestra sociedad actual, a veces es más una molestia que un servicio. Evidentemente, no estoy hablando de la Iglesia más real: aquella que se caracteriza, y destaca, por los innumerables servicios de todo tipo que efectúa en la sociedad y en el mundo actuales.
Es necesario un cambio, y un cambio importante. Y no debemos esperar que este cambio se haga "desde arriba". "Arriba" hay unos compañeros nuestros que necesitan nuestra ayuda para poder "bajar" y disfrutar, también ellos, del verdadero gozo de la hermandad, liberándose del falso gozo de la sumisión recibida.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Por la forma en que está organizada la Iglesia, sobre todo a nivel mundial, hay personas que consideran que se asemeja a una mafia. Vosotros, ¿qué pensáis de ello?
  2. En algunos lugares van surgiendo, al margen de la organización oficial, grupos o pequeñas comunidades que se reúnen para leer la Biblia y compartir. ¿Qué opináis? ¿Lo veis positivo? ¿Lo veis negativo o peligroso? ¿Por qué?
  3. ¿Cómo valoráis la posibilidad de que el "servicio presbiteral" de una parroquia sea diseñado y escogido dentro de la propia comunidad, y, después, confirmado por el obispo de la diócesis en señal de comunión eclesial?
Traducido por mí del original del Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)