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lunes, 21 de mayo de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. PENTECOSTÉS. CICLO B.


PENTECOSTÉS.
CICLO B.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Nota.
Pentecostés, junto con la Ascensión, no tiene como núcleo inspirador un relato o texto de los Evangelios sino de los Hechos de los Apóstoles. Este relato (1ª Lectura) se lee cada año (Año A, B y C).   Por lo tanto hoy aquí, sobre este relato, reproduzco el Lenguaje que ya hice para los Apuntes del Año A, aunque algo cambiado.
Hechos de los Apóstoles.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta la VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO utilizando el marco de la fiesta judía de Pentecostés, (de una manera parecida a como todos los evangelistas nos presentan la muerte-resurrección de Jesús utilizando el marco de la fiesta judía de Pascua). Esto quiere decir que no se trata de la crónica de un hecho objetivo sino de expresar un nuevo y más profundo significado, ya sugerido por la propia FIESTA. Es decir: la fiesta judía de Pentecostés es utilizada como lenguaje, un lenguaje que era conocido de la gente, y al que se añade y se explícita una nueva dimensión o significado.
La fiesta de Pentecostés era la FIESTA DE LOS FRUTOS o de la RECOLECCIÓN. Los judíos celebraban también la fiesta de la RECEPCIÓN DE LA LEY (Alianza) que les constituía en "Pueblo de Dios". San Lucas pretende hacernos ver que el Espíritu Santo es el auténtico y definitivo "fruto" de la vida de Jesús. O dicho de otro modo: la vida de Jesús no debe entenderse sólo como una experiencia suya sino como una experiencia que se "proyecta" hacia toda la Humanidad, constituyéndose en el nuevo y definitivo "Pueblo de Dios".
"Pentecostés" significa "50". En el lenguaje popular, los números están cargados de simbolismo. "50" manifiesta un nuevo comienzo que es resultado de una plenitud. Los "frutos" son también "semillas" de nueva vida.
"50" sugiere la continuación de la PLENITUD expresada ya en el "7".    7 × 7 = 49: es la PLENITUD. Luego viene el "50", que vuelve a empezar desde la PLENITUD. Cada 50 años la vida del pueblo se renueva. (Año jubilar.> Levítico, 25,10). Israel, como "Pueblo Elegido", llega a su PLENITUD en Jesucristo. En el Nuevo Pentecostés recomienza el "Pueblo Elegido", ahora ya universal y definitivo.
La UNIVERSALIDAD es una característica destacada de este nuevo Pueblo, expresada por el simbolismo de las lenguas. "Residían en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones que hay bajo el cielo". Con la recepción del Espíritu Santo descubren que "todos se entienden". Es la corrección de lo que había sucedido cuando la Humanidad, en su afán de "ser como dioses", quería construir una torre "que llegara hasta el cielo". (Relato de la Torre de Babel  Génesis 11.5. También  Génesis 3,5). La "Torre" simboliza "Poder", y el Poder no sirve para "entenderse". La Torre de Babel es un relato mítico para expresar la diversidad de las lenguas, lo que impide que la gente "se entienda". Como no se entendían, se habían dispersado.
El nuevo Pentecostés cambia esta situación. Congrega a todos. Las LENGUAS tocan a cada persona de la nueva comunidad. Son lenguas vivas, de fuego. Gracias a estas lenguas todos se entendían, y oían "proclamar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios". Aquello que impide entenderse no es la variedad de lenguas sino la búsqueda del Poder ("Torre"). Si el Espíritu nos abre al Amor, la variedad de lenguas no es ningún problema.
Evangelio.
"Cuando venga él, el Espíritu de Verdad…"
Si el Espíritu Santo es llamado "defensor" y "Espíritu de Verdad", se puede suponer que aquello de lo que debemos ser "defendidos" es de la mentira.
A menudo hemos aplicado los conceptos de verdad y mentira a las Religiones. Antes se hablaba de la "verdadera Religión" y de las "falsas Religiones". No va en este sentido el evangelio que de hoy.
Jesús ("el Hombre") fue declarado "culpable", y es esto lo que constituye la gran "mentira".
¿Cómo podemos saber que su condena fue una mentira? Es que, ¿quizás, las Leyes eran injustas? Los sumos sacerdotes se expresan con claridad ante Pilatos: "Nosotros tenemos una ley, y, según esta Ley, este hombre (es culpable y) tiene que morir" (Juan 19,7). La Ley a que se refieren era considerada "Ley de Dios".
No fueron los especialistas en leyes quienes dedujeron que la condena de Jesús fue una equivocación. No fue ningún Tribunal Superior, ni ningún Tribunal Constitucional quien declaró que se habían vulnerado los derechos de un hombre.
Pero, cuando alguien se da cuenta de que aquel que ha sido condenado y muerto, está vivo … es que algo ocurre … Si aquel que ha sido realmente ajusticiado y muerto está vivo, quiere decir que la sentencia a muerte y su ejecución no constituyen la última palabra.
Entonces, ¿quien tiene la última palabra? ¿Quién decide en último término y más allá de la Ley, lo que es verdad y lo que es mentira?
Jesús-muerto no se mostró viviente delante de todos sino sólo ante unos testigos escogidos. Para la gran mayoría, Jesús continuó siendo un condenado a muerte y ejecutado. Sólo unos cuantos tuvieron la experiencia de que era viviente, y que su condena constituía una gran mentira.
¿Qué es la Verdad?, preguntaba Pilatos sin esperar respuesta (Juan 18,38). Y, sin embargo, esta es la pregunta clave que nos pone ante la respuesta decisiva. En lo más íntimo de sí mismo, cada ser humano debe decidir si, para él, la Verdad es el Hombre o es la Ley.
Si decide que la Verdad es el Hombre, toda Ley y toda acción que vaya contra la realización plena de un hombre pertenece al campo de la Mentira.
Pero, si decide que la Verdad es la Ley, de una manera u otra siempre acabará condenando al Hombre.
Jesús, condenado y crucificado, encarna y personaliza la Verdad del Hombre"Cuando venga el Defensor que yo os enviaré cuando esté junto al Padre, el Espíritu de la verdad que proviene del Padre dará testimonio de mí."
Es, sobre todo, cuando nos encontramos con un "crucificado" (atormentado, despreciado, marginado, etc.) que aparece ante nosotros el gran dilema: ¿El Hombre (este hombre) o la Ley?
Si nos decidimos por el Hombre, en seguida nos daremos cuenta de que el Espíritu de Jesús ha triunfado en nosotros y nos ha defendido de la mentira. Pero, si nos decidimos por la Ley o por alguno de sus innumerables sucedáneos, será muy difícil que nos demos cuenta de la "posesión" a que hemos sido sometidos por el espíritu maligno. Y sólo un nuevo encuentro con un "sufriente" nos ofrecerá de nuevo la posibilidad de "convertirnos" a la Verdad. Cada sufriente con quien nos encontramos es para nosotros "el encuentro con el Mesías". "Aquí está el Hombre", proclamó Pilatos sin entender lo que realmente estaba haciendo (Juan 19,5).
MENSAJE. 
"Si os dejáis conducir por el Espíritu de Verdad no estáis bajo el dominio de la Ley", nos dice San Pablo en la 2ª lectura.
El hombre, que ya era "criatura de Dios", ahora pasa, si acoge el Espíritu Santo, a ser "Hijo de Dios". Somos hijos en el Hijo. Ha comenzado la Iglesia, entendida como la Comunidad Universal de los hijos de Dioscomunidad en la cual, a pesar de pertenecer a diferentes lenguas, razas, culturas, religiones, etc.… "todos nos entendemos" porque nos vincula el Amor.
RESPUESTA. 
La mentira de la Ley que condena al Hombre esconde su veneno presentándose con bonitos disfraces. En una sociedad religiosa, la Ley suele presentarse, directa o indirectamente, como "Ley de Dios". Actualmente, en bastantes sociedades, suele presentarse como "Ley del Pueblo" ("Democracia"). ¡Qué más da!
Si aceptamos ser guiados por el Espíritu de Jesús, nuestra respuesta debe ser ayudar a detectar y a corregir la mentira instalada también en nuestra sociedad.
Durante mucho tiempo existía una especie de pacto tácito por el cual la "Moral" era considerada un asunto religioso. Los deberes morales, su exposición y defensa, eran competencia, sobre todo, de la Religión. Pero en una sociedad laica esto ha cambiado. Ahora la Iglesia se ve liberada de un "trabajo" que no era realmente el suyo, y que resultaba muy comprometedor por el gran peligro de acabar aliándose con el Poder (Ley) y proponer una "moral" de acuerdo con sus puntos de vista.
Ahora, más que nunca, y con más libertad que nunca, la Iglesia puede dedicarse a lo que es realmente su trabajo.
No corresponde a la Iglesia dictaminar qué está bien y qué está mal. Esto está reservado a la conciencia de cada hombre, considerado individualmente y colectiva. La misión de la Iglesia es predicar la BUENA NUEVA del Evangelio. Esta BUENA NUEVA incluye algo realmente liberador: La "Ley" y "el orden de este mundo" no constituyen la última palabra. Dicho con "lenguaje moral": No es el Hombre para la Ley sino la Ley para el Hombre.
Este "principio moral" puede resultar muy escandaloso para todos los promotores de la ley. A Jesús le costó la vida. Pero, es el núcleo del Evangelio.
En realidad no es tanto un "principio moral" como la afirmación directa y absoluta de la dignidad inalienable de todo hombre. Afortunadamente para los Humanos (y sobre todo para los condenados por el "Soberano de este mundo"), es Dios quien tiene la última palabra. Y la última palabra de Dios siempre va dirigida hacia la VIDA.
Y cuando hablamos del Hombre, hay que entenderlo como individuo y como pueblo. En este sentido resulta sorprendente, escandaloso y denunciable que en nombre de la democracia ("Poder del Pueblo") se esté negando la existencia de todos los "pueblos" que no coinciden con un Estado. También aquí hay que proclamar que "no es el Hombre para la Democracia sino la Democracia para el Hombre".
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Diríais que los Estados actuales, en algunos aspectos, pueden ser la manifestación más clara de lo que el Evangelio llama "mentira"? Dicho de otro modo: ¿Pensáis que en nuestra sociedad, muchos consideran que la Ley constituye la última palabra?
  2. En el ámbito de la Iglesia, ¿veis situaciones contrarias al Espíritu de Verdad? ¿Se hacen "leyes" para condenar al hombre?
  3. San Pablo, en la 2ª Lectura, nos dice: "Si os dejáis conducir por el Espíritu, no estáis sujetos a la Ley". ¿Qué significa esto, en concreto?
  NOTA.
Actualmente, muchas personas manifiestan una creciente incapacidad para distinguir entre "moral" y "legal". No es ahora el momento de comentarlo, pero es urgente ir pensando en ello para tener las ideas más claras. Lo necesitaremos cada día más.

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)