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miércoles, 16 de mayo de 2012

Relectura - En un grupo de niños de catequesis … (6/6)


(Con RELECTURA intentaré, si puedo, expresar, con un lenguaje diferente, alguna de las ideas de un relato evangélico o fiesta. Quisiera ser una especie de "traducción" no de conceptos sino de esquemas mentales. Soy consciente de que se trata de algo arriesgado, que puede ser útil o estorbar. Imagino que habrá algunas de algo acertadas y otras muy desacertadas, pero me hace ilusión poner mi granito de arena al esfuerzo de tanta gente que ya hace tiempo también se dedican a este trabajo absolutamente necesario y urgente. Pido al posible lector una tolerancia benevolente. Que cada uno lo juzgue como le parezca más oportuno)
Cuando la catequista llegó, ya habían llegado algunos niños del grupo. Ya habían encendido la vela que les había acompañado durante varios días, y tenían los ojos pegados a su llama. Ni siquiera miraron a la señorita para saludarla. Sólo uno le preguntó:
Niño/a Señorita: si la llama no se apaga mientras estamos aquí, ¿nos podremos quedar hasta que se apague?
La catequista entendió enseguida la situación, y comprobó que, efectivamente, la llama estaba a punto de quemar toda la cera del candil. También vio que sería imposible hablar de cualquier otro tema de catequesis.
Aquellos niños y niñas, y los que llegaron después, estaban totalmente pendientes de aquella llama que se apagaría de un momento a otro. En un silencio total, casi sin respirar para no provocar ningún movimiento del aire, miraban aquella llama amiga que se iba extinguiendo. De pronto, como quien ha encontrado la solución a un gran problema, uno de ellos dijo:
Niño/a Señorita: ¡podríamos encender en esta llama los cirios que nos trajo el otro día!
Catequista ¡Buena idea!
Uno de los niños tomó enseguida uno de esos cirios, y preguntó:
Niño/a ¿Puedo poner mi nombre?
Y sin esperar respuesta, escribió su nombre en la parte de debajo del cirio.
Niño/a ¿Por qué escribes el nombre aquí debajo? ¡Aquí no se puede leer!
Niño/a Es igual. Así arderá toda la cera antes de que se queme mi nombre.
Todas las niñas y niños del grupo escribieron su nombre en la parte de debajo de su cirio. Después, uno de ellos trató de encenderlo en la llama de la vela. ¡Oh! ¡Imposible! Aquella llama era ya demasiado pequeña, y estaba al fondo del vaso de vidrio que formaba el candil, y los otros cirios eran demasiado grandes para llegar a la débil llama. Los niños experimentaron una profunda decepción. ¿Qué podían hacer? ¡Y quedaba tan poco tiempo!
Pero pronto uno de ellos tuvo una idea genial: cogió un trozo de papel, lo atornilló un poco, y lo encendió en la pequeña llama. Hubo un estallido de alegría mientras él mostraba, como un trofeo, el papel encendido. Con el papel encendido pudo llegar a encender el cirio de la catequista …
Niño/a Hacemos otro papel para encender los otros cirios …
Niño/a ¿Por qué? Ahora ya podemos encender con el cirio de la señorita. ¡Es la misma llama!
Catequista Como queráis. Podemos hacer otro papel o encender los demás cirios con los que ya están encendidos.
Niño/a Señorita: a mí me gustaría más encender mi cirio en el suyo.
Todos encendieron su cirio en el de la catequista. Esta se dio cuenta perfectamente de lo que significaba este gesto tan sencillo pero tan elocuente, y no pudo evitar que unas lágrimas le brillaran en los ojos. Casi al mismo momento la llama amiga del candil de cristal se apagó, y aquellos niños y niñas, como impulsados por un resorte automático, dejaron sus velas en la mesa y se pusieron a aplaudir …
Catequista ¿Hemos aplaudido de alegría o de pena?
Niños       Las dos cosas, señorita. De pena, porque se ha apagado. Y de alegría, porque toda la cera se ha convertido en luz. Y ahora hay ocho llamas en vez de una.
Catequista Cierto: una vida así, que se da del todo, merece ser aplaudida.
Después, acabando el encuentro de catequesis, cada uno se llevó a casa el cirio que llevaba su nombre. E hicieron un pacto entre ellos: no dejarían apagar nunca aquellas llamas, que simbolizaban sus vidas.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)