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miércoles, 6 de junio de 2012

Nueva Evangelización? - Evangelios


Con este título inicio una nueva serie de reflexiones. Querrían ser un granito de arena a la iniciativa de Benedicto XVI de celebrar, a partir del próximo 11 de octubre (50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II) un "Año de la fe" con el lema NUEVA EVANGELIZACIÓN. La Fiesta de Pentecostés, parece un buen momento para iniciar esta nueva tanda de Reflexiones Previas.
B. Los DOCUMENTOS del Concilio.
Los Documentos tenían una finalidad muy concreta, expresada con una palabra italiana que se puso de moda: aggiornamento, que significa "ponerse al día". Con relación a la mentalidad ambiental, la Iglesia se había quedado atrás en muchos e importantes aspectos. Así pues, había que ponerse al día. Sin embargo, también hay que decir que al día siguiente de proclamarse los diferentes documentos ya hubiera sido conveniente actualizarlos, porque la Historia avanza constantemente.
Los Documentos del Concilio nacieron en un momento en que había la necesidad de superar una etapa. Las diferentes mentalidades pactaron unos textos en un clima de diálogo en el que cada uno cedía algo a favor del consenso. Pero, como textos pactados, si faltara el espíritu que los inspiró, podrían volverse peligrosos para un aggiornamento continuado de la Iglesia.
Los Documentos son los que son y dicen lo que dicen. Cincuenta años después del Concilio, y con los grandísimos cambios que ha habido en la Sociedad y en la Iglesia, algunos de aquellos documentos, leídos hoy, pueden resultar incluso decepcionantes. Algunos de los más significativos, como por ejemplo la CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA DE LA IGLESIA, ponen de manifiesto su génesis complicada: propuestas, nuevas propuestas, correcciones, más correcciones, añadidos, aclaraciones… Si lo lee alguien poco iniciado en el lenguaje religioso le podrá parecer el juego de los disparates. El conjunto de los documentos dice tantas cosas que todo el mundo puede encontrar en ellos aquello que busca.
Alguien entendió el Concilio como un abrir puertas y ventanas de la torre de marfil en que se había convertido la Iglesia Católica. Es una buena imagen. Ahora, gracias al Concilio, todo el mundo puede saber que la Iglesia tiene puertas y ventanas que se pueden abrir y cerrar. Pero también quien quiera o necesite torres de marfil con puertas bien cerradas, o palacios confortables, lo podrá legitimar con palabras conciliares.
Sin embargo, hay algo que nadie puede olvidar: El Concilio nos hace mirar hacia el Evangelio. Este es el propósito de todos y cada uno de sus documentos, y de cada una de sus afirmaciones.
El Evangelio parece claro: somos peregrinos, en una Iglesia peregrina, y en una Humanidad peregrina. Podemos caminar con sólo una tienda de campaña a la espalda, y entrar o salir según convenga. Dentro o fuera han dejado de ser un problema de conciencia para convertirse en una simple cuestión funcional. "No es el hombre para la Iglesia sino la Iglesia para los hombres".
Esta fue la gran aportación del Concilio y sus Documentos. Y es irreversible. Es cierto: quien quiera cerrar puertas, podrá encontrar las palabras necesarias para legitimar sus actos. Pero también encontrará un dedo que señala permanentemente hacia el Evangelio. Y quien escuche el Evangelio no podrá evitar la llamada a la Libertad, y es una Libertad creciente.
El HECHO y los DOCUMENTOS. Las dos cosas. Los Documentos los tenemos impresos en papel y se pueden editar y reeditar. El Hecho se va transmitiendo de persona a persona, de comunidad a comunidad, porque el espíritu conciliar es obra del Espíritu de Dios que va conduciendo la Historia humana suavemente y con eficacia.
Pero también podemos ser impermeables a estas cosas. Vista la situación actual, podría ocurrir que este AÑO DE LA FE y la NUEVA EVANGELIZACIÓN, aun con referencias constantes a los documentos del Concilio, se hiciera con resistencia al espíritu. En Cataluña hicimos una buena y notable experiencia de este espíritu en el Concilio de la Iglesia catalana. Sin embargo, la forma humillante como el Hecho y las Conclusiones fueron tratados por la Conferencia Episcopal Española y la Curia Romana dejó bien claro que, en estos ámbitos, del espíritu del Concilio no debe quedar apenas nada.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)