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jueves, 14 de junio de 2012

Nueva Evangelización? - Referencia a Jesús

 

Concilio ☞ Evangelios ☞ Jesús de Nazaret.
 
Aunque sea con motivo del 50 aniversario del comienzo del Concilio, la Nueva Evangelización hace relación directa al Evangelio. Y no sólo por razón del nombre, sino sobre todo porque el Concilio es un dedo que señala al Evangelio.
Pero, cuidado: también el Evangelio es un dedo!!! Un dedo que señala a Jesús de Nazaret. Algunas veces se dice que el Cristianismo es una de las "religiones de libro", indicando así la importancia que tienen los textos sagrados y, más concretamente, los Cuatro Evangelios. Pero sería un grave error convertir los textos sagrados en el fundamento de la fe cristiana. El único fundamento de la fe cristiana es Jesús. Quedarse en los Evangelios como si fueran portadores de una Revelación de Dios, o de una Sabiduría superior, o de una Ley divina, etc., nos haría caer en el fundamentalismo. No sería la primera vez. En nombre de los Evangelios o de la Revelación se han cometido crímenes atroces. El mismo Jesús fue condenado y muerto en nombre de la "Ley de Dios". Nosotros tenemos una ley, y según esa ley este hombre debe morir (Juan 19,7).
El objetivo de los Evangelios es dibujarnos el rostro de Jesús. Con esto no quiero decir que los Evangelios sean una biografía de Jesús. Una biografía no nos serviría de mucho. Los Evangelios no nos narran los hechos y las palabras de un hombre extraordinario llamado "Jesús", sino que nos muestran el "hecho" HOMBRE en la persona concreta de Jesús. Un hombre crucificado, que es un escándalo para los judíos y, para los griegos un absurdo. Pero es poder y sabiduría de Dios para todos los que son llamados, tanto judíos como griegos (1ª a los Corintios 1,23 s). Es decir: es un escándalo para la gente religiosa y para los sabios un absurdo. Conviene no descuidar esto.
Cada día la actividad del Concilio comenzaba con la solemne entronización del Libro de los Evangelios. Era una ceremonia cargada de simbolismo, y también de contradicción. Aquel magnífico y artístico LIBRO, entronizado entre las esbeltas columnas del grandioso baldaquino de bronce, de Bernini, bajo la soberbia cúpula de Michelangelo, difícilmente podía hacer pensar en el Crucificado de hace dos mil años. La grandiosa, magnífica y rica basílica del Vaticano no parece el lugar más adecuado para entronizar unos Evangelios que nos presentan un Jesús "entronizado" sólo en la cruz, entre otros condenados, sobre el Calvario.
Los Evangelios contienen parábolas preciosas, sentencias de una gran sabiduría, críticas radicales, consejos vivificadores, discursos de una gran densidad, narraciones ejemplares, respuestas a situaciones difíciles de la vida, etc. Pero todo esto son pinceladas para dibujarnos el rostro de Jesús. Si descuidásemos este hecho, un fundamentalismo más o menos disimulado estaría al acecho.
La Nueva Evangelización no puede quedarse en enseñar, difundir o predicar los Evangelios, sino que debe llegar a dibujarnos y a dibujar, a la mayor perfección posible, el rostro del Crucificado-resucitado. "Crucificado" y "resucitado": las dos cosas a la vez. El resucitado sigue siendo el crucificado y la resurrección no anula la crucifixión. En los relatos evangélicos, El Resucitado se hace visible a los discípulos enseñándoles precisamente sus llagas mortales. Estas llagas no son una rémora incómoda de los sufrimientos pasados, sino su signo de identidad. No sólo el Resucitado es la misma persona que fue crucificada, sino que su identidad más propia la constituyen aquellas llagas a través de las cuales dio su vida. Son la expresión de una vida entregada.
 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)