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lunes, 11 de junio de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XI DE ORDINARIO. CICLO B.


DOMINGO XI DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
En las Lecturas de este domingo, en primer lugar, hay que fijarse en el contraste entre lo que se dice, como una promesa del profeta Ezequiel, en la 1ª Lectura y la realidad del reino que nos presenta la 2ª parábola del evangelio que hemos leído. Ezequiel habla del brote altivo que corona el cedro,… Extenderá sus ramas, dará fruto, y se hará un cedro magnífico. En cambio la parábola de Jesús habla del reino como un grano de mostaza, la más pequeña de las semillas, pero que una vez sembrada, se pone a crecer, y acaba siendo más grande que todas las hortalizas. Ser más grande que las hortalizas no significa ser como un cedro del Líbano (árbol gigantesco). En ambos lugares se habla de pájaros que pueden asentarse a la sombra de las ramas, pero no es lo mismo asentarse bajo las ramas de un gran cedro que entre las ramas de un arbusto como la mostaza. ¿O quizás, sí? Un águila puede posarse en las ramas de un cedro, no en las de un arbusto, pero los humildes y pequeños pajaritos están más seguros entre las ramas de un arbusto que dentro del grandioso ramaje de un cedro con la peligrosa compañía de las grandes aves rapaces.
En un mundo de grandes y pequeños, los pequeños suelen ser "devorados" u oprimidos… Israel siempre ha sido un pueblo pequeño entre grandes. Pensaba que la única forma de triunfar era intentar hacerse también grande. Sus profetas alimentaban esta esperanza. Pero Jesús enseña que los planes de Dios no van en ese sentido. El proyecto de Dios es una Humanidad de hermanos, sin grandes ni pequeños. Los cedros no son plantación de Dios sino el resultado de una historia humana cargada de violencias y de injusticia.
La 1ª parábola nos visualiza el plan de Dios: un campo en que un hombre ha sembrado con buena semilla, y que de noche y de día, mientras él duerme o está salvo, la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. La tierra, sola, produce primero los tallos, luego las espigas y finalmente el trigo granado dentro de las espigas. Entonces, cuando el grano ya está a punto, se va a segar, porque ya ha llegado el tiempo de la siega.
La "siega" significa que el grano plantado no ha de competir con los otros para ver quién es más importante. Toda la plantación será recogida y llevada a casa. Toda la "cosecha" es invitada a participar en la propia vida del Sembrador. El huerto en donde están sembradas las semillas no debe convertirse en un campo de batalla, sino en el espacio mimado y protegido para que nazca y crezca una gran y exuberante variedad de Vida.
Las parábolas sugieren, pero cada uno debe completarlas desde su propia experiencia y opción. Pero, quién decide ser discípulo, las debe entender de acuerdo con lo que quiere decir el Maestro. Por eso el relato de hoy termina diciendo que Jesús "… en privado lo explicaba todo a los discípulos".
MENSAJE. 
Jesús expone el proyecto de Dios, pero cada uno lo entiende según sus disposiciones. Quien aspira a ser "cedro" no puede aceptar vivir en un simple huerto. El plan de Dios no se enuncia hablando magistralmente como de algo que está fuera de nosotros. El "reino de Dios" está en nosotros, y nosotros estamos en él. Encajar en él bien o mal depende de las pretensiones de cada uno. Es según la actitud de cada uno que es posible entenderlo o no; disfrutarlo o no.
RESPUESTA. 
No se puede hacer un huerto debajo de un cedro, o de un abeto y de un simple pino. Son árboles que segregan sustancias nocivas para los otros vegetales. En cambio se puede plantar un huerto con una higuera o un olivo o una parra… Sus frutos combinan espléndidamente. ¿No habéis disfrutado nunca de una buena rebanada de pan con tomate, con buen aceite y con higos y / o uvas? ¡Una delicia!
Vivimos conviviendo. Pero sólo convivimos de verdad si cada uno entiende su vida particular como un servicio a la Vida compartida. Es aquello que llamamos comunión, y que engendra comunidades.
Quizás en el jardín de nuestra Iglesia hay demasiados pinos, abetos y cedros
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Nuestra Iglesia actual aparece ambivalente: con grandes "cedros" y también con muchísimos pequeños "arbustos" como la mostaza. ¿A qué os apuntáis?
  2. En el evangelio hemos leído que de noche y de día, mientras el sembrador duerme o está salvo, la semilla germina y crece sin que él sepa cómo. ¿Qué comentario os sugiere esto aplicándolo al proceso de vuestra vida y de vuestra fe?
  3. Poniendo el ejemplo del grano de mostaza, ¿no se desvaloriza mucho nuestra vida? ¿En qué ponéis el valor de la vida?
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)