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miércoles, 4 de julio de 2012

Nueva Evangelización? - De la Religión al Evangelio.

 


Cuando, hace unos 2000 años, Jesús de Nazaret predicó el mensaje evangélico, la mayoría de los humanos eran muy religiosos. Esto quiere decir que todo tomaba forma religiosa: política, cultura, relaciones con el entorno próximo o lejano, autocomprensión del ser humano y de los demás vivientes, … Todo se daba en un marco y con un lenguaje religioso.
Pero el mensaje de Jesús lleva al Hombre más allá de la Religión. La primera consecuencia de ello fue que tanto Jesús como su Mensaje fueron condenados. A pesar de ello, dado que era realmente humanizador, el mensaje de Jesús fue abriéndose paso entre los humanos, si bien tomando también forma religiosa y convirtiéndose en una NUEVA RELIGIÓN. Así la dimensión más humanizadora del mensaje de Jesús quedó bastante escondida. Escondida, pero presente. Esto explica la evolución que ha tenido el Cristianismo: ha ido apareciendo una tendencia a superar la Religión. Esta tendencia ha acabado desembocando en esto que hoy llamamos LAICIDAD. La laicidad, bien entendida, se ancla en el corazón del mensaje de Jesús. De hecho, antes del siglo IV, los "cristianos" fueron perseguidos porque eran "poco religiosos" o "ateos", ya que esto provocaba, según los perseguidores, la ira de los dioses contra el Imperio romano.
Aquí tomo las palabras "Religión" y "Laicidad" en su significado más humano. Es decir: llamo Religión a aquel conjunto de sentimientos, dogmas, ritos, mitos, celebraciones, … gracias a los cuales los Humanos disponemos de "respuestas" para las grandes "preguntas sin respuesta" de nuestra vida. La Religión nos permite superar inseguridades, pero nos mantiene en la inmadurez. En cambio, entiendo la Laicidad como aquella actitud por la que un hombre se acepta a sí mismo como "ser sin respuestas" a sus Preguntas trascendentes. Esto le ayuda a mantenerse abierto. Y esta obertura es la "puerta" por donde puede recibir la evangelización. Estas dos situaciones, evidentemente, no se dan químicamente puras, sino que en todo hombre religioso hay elementos de laicidad, y en todo hombre laico hay elementos de religión (más o menos reconocida).
Religión y Laicidad no deben entenderse como dos caminos paralelos y contrapuestos, sino que constituyen un proceso. En un primer estadio, el ser humano es estructuralmente religioso (o "antirreligioso", que para el caso es igual). Como dice gráficamente David Jou en su libro La Poesía del Infinito:
Nuestro precio es el infinito,
maternal, paternal, fríamente condescendiente,
clavado en el alma en forma de nostalgia,
(El subrayado es mío)
Pero, madurando, nos hacemos capaces de laicidad. Y la laicidad nos hace más abiertos a ser evangelizados. El sentimiento religioso nos pone ante el infinito, mientras el Evangelio nos sitúa ante el hombre, el hombre concreto. Y es en el encuentro con el hombre concreto en donde el Evangelio nos espera. Poco importa la religión o la no-religión. Es la presencia de un ser humano plantado ante nosotros, lo que nos pide que nos des-centremos y nos convirtamos en respuesta para él. San Lucas visualiza esta situación en la sorprendente parábola del Samaritano (10,30): En un camino hay un hombre medio muerto … Pasa un sacerdote … Pasa un levita … Pasa un samaritano … Sólo este se le acerca, y le atiende. "Entonces Jesús dijo: Ve, y haz tú lo mismo" (Lucas 10,30 ss).
El mensaje de Jesús no pide religión, sino respuesta al hombre que encontramos por el camino. De esta respuesta haremos religión o no, pero lo que se nos pide es la respuesta. Notemos que tanto el sacerdote y como el levita tenían prohibido acercarse a un muerto (medio muerto, en este caso) a fin de no contraer una impureza legal que les habría impedido dedicarse al culto del templo. Como "sacerdote" y "levita", ellos tenían que ir por el otro lado del camino … Pero el Evangelio trastoca esta forma de hacer: ante el hombre herido, se nos pide obrar como humanos, que es anterior a ser o no "sacerdotes" o servidores del templo. Ellos no lo hicieron, y por eso no son un ejemplo a seguir, en cambio, hay que seguir el ejemplo del samaritano, que estaba considerado un "incrédulo".
Aquí aparece un significado importante para la expresión Nueva Evangelización: la 1ª Evangelización se hizo con lenguaje religioso para un mundo religioso. Es la Evangelización que, más o menos bien, ha llegado hasta nosotros. La Nueva Evangelización tendría que encontrar un lenguaje laico para un mundo laico. El lenguaje laico no es opuesto al lenguaje religioso, pero lo supera, y permite entender el mensaje evangélico de una manera más madura y liberadora.
 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)