Traductor

jueves, 26 de julio de 2012

Nueva Evangelización? - Restos de "Cristiandad" II.

 

 
B) EN RELACIÓN CON LA SOCIEDAD CIVIL.
Propiedades y privilegios heredados.
Estábamos hablando de los restos de Cristiandad que se han convertido en escandalosos. Después de ver algunos de estos restos en la Comunidad cristiana actual, ahora me fijaré en algunos otros con relación a la Sociedad civil.
A pesar de las desamortizaciones de que habla la Historia, en los antiguos Países cristianos la Iglesia-institución continúa poseyendo riquezas patrimoniales, culturales, situaciones de privilegio, … De acuerdo con las leyes de cada país, estas riquezas pueden ser perfectamente legales. Pero la Comunidad cristiana, (que debe observar, como todo el mundo, las leyes justas de un país) no debe actuar según el espíritu de las leyes civiles sino según el espíritu del Evangelio. Y el Evangelio parece pedirnos la renuncia de bienes y privilegios heredados de tiempos pasados. En muchísimos casos estos bienes, de gran valor histórico-artístico, se pueden considerar patrimonio popular. En una sociedad que se ha vuelto religiosamente plural, sería un signo de coherencia que la Iglesia considerara así (patrimonio popular) algunos de sus bienes históricos, ya que provienen de aquellos tiempos en que Iglesia y Pueblo formaban una única y misma realidad. Una vez Sociedad e Iglesia se han emancipado una de la otra, sería muy oportuno que la Iglesia no reclamara la propiedad en exclusiva. La Iglesia no debería tener, ni buscar, otra "riqueza" que el Evangelio que ha recibido. Así podríamos seguir el ejemplo de Pedro y Juan, como nos propone ese impresionante relato de los Hechos de los Apóstoles 3,6: … el hombre vio que Pedro y Juan entraban en el templo y les pidió caridad. Pedro, con Juan, fijó los ojos en él y le dijo: «Míranos». Él les miró, esperando recibir algo. Entonces Pedro le dijo: «De plata y de oro no tengo, pero lo que tengo te doy: ¡En nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y anda!»
Mientras las comunidades cristianas tengamos propiedades, "el hombre" nos pedirá propiedades, y no Evangelio. Y, si tenemos propiedades, sería de mala educación no dar aquello que "el hombre" nos pide, y pretender que reciba aquello que nosotros le queremos dar.
La Iglesia no debe ser una Sociedad paralela a la Civil.
En la Cristiandad existían en paralelo, como organizaciones soberanas, la Sociedad civil y la Sociedad religiosa, cada una con sus autoridades, leyes, fiestas, organización, etc. En una sociedad laica y plural, la coexistencia de una Sociedad religiosa soberana se convierte en un privilegio, y una injusticia con relación a las otras opciones religiosas. Por justicia y coherencia, los seguidores de Jesús tenemos que colaborar en que haya una sola Sociedad: democrática, plural, variada, abierta, sin privilegios. Conviene evitar duplicidades provenientes de otros tiempos en que, por un pacto implícito, Sociedad civil e Iglesia se repartían determinados aspectos de la vida de las personas (moral, educación, fiestas ...). Pero cuando la Sociedad civil se democratiza (aunque sea con tantas deficiencias como nuestra democracia), hay que excluir "hacerle la competencia".
El Concilio asumió la realidad de una Sociedad civil adulta y autónoma, si bien en la Declaración sobre la Libertad religiosa parece que todavía no se asume del todo la nueva situación. Pero se quieren hacer esfuerzos por conseguirlo. De hecho, la Declaración sobre la Libertad religiosa fue el documento más discutido y polémico. Y acabó teniendo un nombre bastante raro: "El derecho de la persona y de las comunidades a la libertad social y civil en el campo religioso". (!).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)