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lunes, 2 de julio de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XIV DE ORDINARIO. CICLO B.

 

DOMINGO XIV DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

 

PROYECTO DE HOMILÍA. 
 
"Jesús fue a Nazaret, su pueblo" …
El texto original dice sólo que "Jesús fue a su pueblo", sin mencionar Nazaret. De hecho, en los evangelios, "Nazareno" tiene un significado "añadido" positivo debido a su semejanza fonética con otra palabra que significa "retoño", aplicada a Jesús: "Rebrote de Jessé" (Romanos, 15,12). Por eso sería impropio mencionarlo en esta situación conflictiva. Además: la expresión "a su pueblo" tiene un significado fuerte, que va más allá de una localización geográfica concreta. Lo mismo ocurre en la referencia a los "cuatro" hermanos y a las hermanas (que el Misal ha traducido por "parientes"). "Cuatro" es el número de la universalidad, por aquello de los cuatro puntos cardinales. Todas estas expresiones, pues, en los Evangelios, tienen un significado añadido que conviene no olvidar.
El evangelio de Marcos no contiene ningún relato sobre la infancia de Jesús (como encontramos en Mateo y Lucas), ni habla de su preexistencia (como ocurre en el evangelio de Juan). Los RELATOS DE INFANCIA tienen por finalidad poner en evidencia que Jesús es cien por cien humano, nacido de la Historia humana como cada uno de nosotros. "Hijo del hombre".
Este punto, absolutamente esencial para entender el Evangelio, Marcos lo pone aquí.
Jesús va a su pueblo. Aquí le conocen bien: es éste el carpintero, el hijo de María, hermano ("pariente" traduce el Misal) de personas que viven allí con ellos.
La pregunta que se hacen "los suyos" no es "¿quién es éste?" Sino "¿De dónde le viene esto?" No es una pregunta para comenzar a investigar sino para excluir toda otra respuesta que no sea aquella que ellos ya conocen bien. Por eso se escandalizan de él. Es como si dijeran: "Pero, ¿qué le ha pasado a este? Si es uno de nosotros".
Y tienen toda la razón: Jesús es uno de nosotros; cien por cien humano; hermano de hermanos y hermanas, como todo el mundo; hijo de mujer, como todos.
La expresión "el hijo de María", en lugar de señalar el nombre del padre, como era lo habitual, también tiene un significado añadido. Según la mentalidad de la época, del padre se recibía el nombre, la personalidad, la identidad social, la herencia, lo que nos permite diferenciarnos de los demás… De la madre se recibía la biología, la carne, la materialidad corporal. Para la madre, Jesús es como todos, un "ser humano", hijo de Adán. "Adán" significa "terrenal", "hijo de la (madre) tierra".
Marcos nos quiere presentar la característica más propia de Jesús: ser cien por cien humano, hijo de la tierra, miembro de la Humanidad.
Y de este punto nace, precisamente, el escándalo de los suyos; de los "suyos", que somos todos los humanos. Todos somos "su pueblo".
¿Qué es lo que hace que a los humanos nos cueste tanto creer en el hombre?
Siempre estamos dispuestos a creer en Dios, o en dioses, o en seres extraordinarios!!! Pero nos cuesta creer en el hombre. Cuando nos conviene "creer en un hombre", primero le separamos de nosotros, aunque sea simbólicamente: le ponemos en alto, le disfrazamos con vestiduras sagradas o solemnes y exclusivas. Le "deshumanizamos" haciendo un "líder", o un "rey", o un "ídolo", o un "padre", o un "maestro", o un "sacerdote", o un "profeta", o un "dios", … cualquier cosa menos un "hombre".
El problema lo tenemos con quienes conocemos demasiado bien para poderles deshumanizar. "Los profetas sólo son mal recibidos en su pueblo, en su parentela y entre los de su casa". No porque sean "profetas", sino porque nos escandalizamos de profetas que sean como nosotros.
MENSAJE. 
El problema no es aceptar a Jesús como "profeta", sino creer que los profetas deben ser, en algún aspecto, sobrehumanos y que, por tanto, no lo puede ser uno de los nuestros si no deja de ser de los nuestros.
El evangelio no nos propone "creer en Dios". En "Dios", de una forma u otra, ¡todo el mundo cree! Lo que nos pide el Evangelio es "creer en el hombre". Esto no significa, en absoluto, que el Evangelio nos proponga un simple HUMANISMO. No somos "creadores" sino "criaturas". No nos toca "crear" al Hombre sino servirle. El Hombre no es fruto de un proyecto nuestro sino de Dios. No nos es lícito acercarnos a los demás con proyectos para ellos sino sólo con una actitud de respuesta. Si miramos a los demás desde un punto de vista sólo HUMANÍSTICO, siempre acabaremos intentando dominarles o condenarles. Nadie es una "criatura" de los demás; ni los propios hijos. Cierto que somos "padres", pero sólo después de ser antes "hijos". Somos "semilla de humanidad", pero después de ser "fruto de humanidad". Sólo desde una sincera actitud religiosa que reconoce que formamos parte de un PROYECTO que no hemos iniciado nosotros, podemos "creer" en cada ser humano, el cual, sin dejar de ser "humano" y uno de los nuestros, puede convertirse para nosotros también en "profeta", "sacerdote", "padre", "rey", … o, incluso, "Emmanuel", es decir: "Dios con nosotros".
Tienen razón la gente de Nazaret: Jesús es "paisano suyo", e "hijo", y "hermano". El problema está en que esto les escandaliza.  
RESPUESTA. 
Si intentamos mirar la Historia Humana desde el MENSAJE del Evangelio, nos daremos cuenta de que habitualmente se ha creído demasiado "en Dios" (o en dioses) pero hemos creído demasiado poco "en los humanos". También a veces, demasiadas veces, se ha creído en algunos humanos divinizándoles. Y al contrario: demasiadas veces hemos pensado que nos convertiríamos un poco en "dioses" si alguien se hacía súbdito o fiel o devoto nuestro. En la Iglesia no hemos estado libres de este defecto fatal.
Si queremos responder al Evangelio, tendremos que repensar nuestra forma de "ver" a los demás, y de relacionarnos con ellos.
Hay que reconocer que es muy fácil "creer en Dios", ya que cada uno se lo imagina como mejor le parece: puede imaginarlo como bueno, y decir que existe; puede imaginarlo como malo o inútil, y decir que no existe. "A Dios no le ha visto nunca nadie" …! (Juan 1,18).
"Creer en el hombre" resulta mucho más exigente, porque nos encontramos con hombres de carne y hueso, concretos, particulares, que vemos como son. Para creer en el hombre tenemos que irnos haciendo también nosotros más humanos, más libres, más maduros. Y esto no se consigue en un día. Necesitamos empezar por "creer" también en nosotros mismos: creer que podemos crecer; que somos amados y capaces de amar; que nuestros hermanos y compañeros, sin dejar de ser como nosotros y de los nuestros, pueden sernos "profeta", o "sacerdote", o "padre", o "rey", o "Dios", o …; al igual que nosotros, para ellos, sin dejar de ser humanos.
Debemos ir descubriendo que, en Jesús, RELIGIÓN es COMUNIÓN, Fraternidad, Igualdad, … Necesitamos superar la tendencia a relacionarnos con cada persona mirándola desde arriba o desde abajo, desde una superioridad benevolente, o desde de una inferioridad servil.
La COMUNIÓN nace de la horizontalidad entre nosotros. Y sólo desde la vivencia de la comunión horizontal podremos acoger y disfrutar de la COMUNIÓN CON DIOS, ya que (misterios del Amor!) Él ha querido hacerse uno de nosotros.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Qué conlleva, en la práctica, CREER EN EL HOMBRE?
  2. Tanto los grandesdictadorescomo el más pequeñohombre de poderpretenden dictar a sus súbditos aquello que deben ser, y suelen decir que lo hacen "por su bien".¿Qué falla aquí?
  3. Cuando desde la Religión se pretende imponer una determinada forma deser hombre,¿qué clase de equivocación o de injusticia se está cometiendo?
 
 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)