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jueves, 9 de agosto de 2012

Nueva Evangelización? - LA IGLESIA (1/6).

 


Seguramente todos los comentaristas estén de acuerdo en que el tema central del Concilio Vaticano II fue LA IGLESIA. Si miramos con más perspectiva, nos daremos cuenta de que este ya había sido el tema central de los concilios Vaticano I (1869) y de Trento (1545). Este hecho solo puede significar que la Iglesia, desde hace ya mucho tiempo, se ha convertido en un "problema" para sí misma.
¿Qué es la Iglesia? ¿Qué papel tiene en el mundo? ¿Qué "diseño" nos ofrecen los Evangelios?
Desde el momento en que la Iglesia fue convertida en la única religión oficial del antiguo Imperio Romano, el año 380 con el emperador Teodosio, fue convirtiéndose en una realidad muy grande, influyente y significativa.
Pero a la vez nos encontramos con un hecho sorprendente: los Evangelios prácticamente no utilizan la palabra "iglesia". Sólo el evangelio de Mateo la menciona dos veces: una, en el sentido normal de una "comunidad"; la otra, es aquel famoso texto tan controvertido: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las fuerzas del infierno no la derrotarán. Te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo" (Mateo 16,18 s). (Ver comentarios en el blog del autor (en catalán): Fiesta de los Pablo, y Domingo 21 del año A.)
Sobre todo en la Iglesia Católica, se fue cayendo en la incongruencia de interpretar la palabra "iglesia" del evangelio de Mateo como si significara aquella realidad histórica que existió después, fruto en buena parte de las "circunstancias imperiales" en que se encontraba. (Las otras Iglesias –Ortodoxos y Protestantes– interpretan de otro modo esta palabra).
Estos dos hechos –que los Evangelios casi no usen la palabra "Iglesia" y la magnitud que esta tomó al ser convertida en religión oficial– han provocado que la Iglesia se haya convertido un problema para sí misma.
Por estos motivos, el Concilio Vaticano II tuvo que volver a estudiar y a hablar de "la Iglesia". Dijo cosas realmente nuevas e importantes, pero, al parecer, los tiempos aún no eran lo suficientemente maduros como para solucionar el "problema". Reflejo de ello es que el Concilio hizo dos Constituciones sobre la Iglesia: una Constitución dogmática ("Lumen gentium") y una Constitución pastoral ("Gaudium et spes").
Aunque las dos fueron votadas y aprobadas por la gran mayoría de los obispos, de hecho expresan dos formas muy diferentes de entender la Iglesia. Cincuenta años después, el problema se ve con mayor claridad, ¡pero estamos lejos de la solución!
¿Cómo fue posible que los mismos obispos nos ofrecieran dos Constituciones tan distintas sobre la Iglesia? Me aventuro a sugerir una respuesta que pude intuir directamente aquellos días.
La Lumen gentium, la primera Constitución, respondía a la mentalidad de una mayoría de obispos al comienzo del Concilio. Es un documento que, de alguna forma, conecta con la doctrina del concilio Vaticano I (de 100 años antes), y la completa.
Pero, durante el Concilio, muchos obispos se fueron "convirtiendo". Gracias al clima abierto y espiritual del Concilio (debido en muy buena parte a la espiritualidad que derramaba y desprendía la figura singular del papa Juan), muchos obispos se fueron abriendo a nuevos enfoques. Ayudó muchísimo el contacto entre obispos de lugares muy diferentes y el diálogo con los teólogos, los peritos y los observadores de otras Iglesias. Para muchos obispos, el Concilio supuso un auténtico reciclaje espiritual y teológico. Al final de la 1ª sesión, ya fueron muchos los que pidieron un nuevo enfoque para hablar de la Iglesia. La solución que se tomó fue hacer dos constituciones: una sobre la Iglesia hacia adentro (la Lumen gentium), y la otra en relación con la Iglesia hacia afuera (la Gaudium et spes). Esta segunda no estaba prevista inicialmente.
Hacer dos Constituciones, seguramente, fue un gran acierto, ya que pretender hacer encajar las dos mentalidades en un único documento habría sido inviable. Habría comportado el fracaso del Concilio (cosa que más de uno temió).
Como las dos Constituciones pertenecen al Concilio, dedicaré, a cada una de ellas, los dos próximos comentarios. Después añadiré tres reflexiones más: sobre la Iglesia en el futuro de la Humanidad, el futuro de la Iglesia y la iglesia del futuro.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)