Traductor

martes, 14 de agosto de 2012

Nueva Evangelización? - LA IGLESIA (2/6).

 


1ª Constitución: "LUMEN GENTIUM" ("Luz de los pueblos").
La Constitución dogmática de la Iglesia fue estudiada ya en la 1ª Sesión del Concilio. Los obispos la devolvieron a la Comisión que la había presentado para que hiciera algunos cambios y la volviese a presentar. No fue definitivamente aprobada hasta la 3ª Sesión (de las 4 que hubo). Tal como quedó, se puede decir que es un gran monumento teológico en la Iglesia; pero a una Iglesia que, en buena parte, ya no existe: la Iglesia de Cristiandad (que es la única forma de Iglesia que históricamente hemos conocido, si prescindimos de los primeros tiempos de Persecuciones).
En ella se dicen cosas nuevas e importantes. Destaca la idea de comunidad, que, aplicada a toda la Iglesia, se transforma en pueblo de Dios, y, aplicada a la jerarquía, se transforma en colegialidad. Son expresiones con una gran capacidad renovadora. Pero se presentan encajadas en un lenguaje que, 50 años después, es del todo indigerible, y a menudo se encuentra al borde mismo de una posible interpretación fundamentalista. Y eso es un problema importante.
Cuando hablo del lenguaje no me refiero sólo a sus palabras y expresiones verbales, sino también y sobre todo al esquema mental en el que estas palabras y expresiones quedan empotradas.
No hay duda de que los Evangelios presentan claramente la realidad humana como una realidad trascendente. Trascendente por su origen, por el horizonte que se le ofrece y por el apoyo que la mantiene. El Hombre no es fruto de la casualidad o de la evolución ciega de la energía-materia. La forma concreta en como ha aparecido la vida humana en nuestro planeta lo irán descubriendo las Ciencias, pero lo que nos dicen los Evangelios (y toda la Biblia en su conjunto) es que al inicio de todo hay un proyecto de amor, y que nos es ofrecida, como horizonte final, la participación en la VIDA de Alguien que nos ama.
Los humanos, seamos conscientes o no, estamos inmersos en una Realidad que nos desborda, de una forma parecida a como los peces están en el agua o los pájaros en el aire. Experimentamos, aunque sólo sea en ciertos momentos, que nuestra vida no se sostiene por sí misma, pero que, de hecho, nos sostenemos. Por tanto: "algo" nos sostiene.
El gran problema de la Iglesia (y de las otras Culturas) ha sido entender esta trascendencia con categorías de Poder, más aún, de Poder Sagrado:
Partiendo de un Dios "poderoso" o "todopoderoso", los humanos estaríamos "conectados" con Él sobretodo a través de los Poderes Sagrados que lo representan, desde los reyes o "caudillos por la gracia de Dios" hasta los sacerdotes o ministros sagrados. Todo verdadero Poder sería, de alguna manera, sagrado. Se trataría de una especie de trascendencia mediática que nos haría, a los humanos, dependientes de los intermediarios con el Mundo del más allá.
Pero precisamente, en los Evangelios, Jesús nos es presentado como directamente opuesto a esta forma de entender las cosas; tan opuesto, que por ello fue condenado por todos los Poderes existentes (religioso, civil y militar). El tuétano de los Evangelios es la encarnación de la bondad de Dios en los seres humanos, si están libres de Poder. Según los Evangelios, la relación de los humanos con Dios excluye la vía del Poder, y se va realizando por la vía del servicio de hermandad. O dicho de otra forma: si imaginamos a Dios como fuerza, esta fuerza no nos llega desde arriba mediante intermediarios sagrados, sino desde nuestro interior (El Espíritu Santo). No legitima relaciones de superioridad sino que actúa a través de la hermandad. No hay "trascendencia mediática" sino "trascendencia encarnada" (aunque parezca una contradicción). Es que el "Dios trascendente" ha querido hacerse "Emmanuel": "Dios con nosotros" (Mateo 1,23).
Insistiendo en el lenguaje, hay que añadir que la sociedad actual ha superado, o está superando rápidamente, la visión sagrada del Poder. A partir de largas y dolorosas experiencias, la Humanidad va tomando consciencia, cada vez más, de la capacidad deshumanizadora de toda forma de Poder, y en especial del Poder pretendidamente sagrado.
La Constitución dogmática sobre la Iglesia expresa claramente la trascendencia con categorías de encarnación, pero encajando la todavía en categorías de Poder Sagrado. Mantiene la imagen de una Iglesia jerárquica y piramidal. Se intenta fundamentarlo en algunas palabras de Jesús, pero a base de interpretarlas no desde su contexto evangélico sino desde la posterior realidad historia de una Iglesia ya estructurada en forma de Poder Sagrado.
La nueva evangelización tiene aquí un campo inmenso por recorrer: encontrar un nuevo lenguaje que exprese la trascendencia con categorías de encarnación, excluyendo todo Poder Sagrado y toda sacralización del Poder.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)