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jueves, 23 de agosto de 2012

Nueva Evangelización? - LA IGLESIA (3/6).

 


2ª Constitución: "GAUDIUM ET SPES" ("Joyas y esperanzas").
Si, cincuenta años después, la lectura de la 1ª Constitución, la Lumen gentium, puede resultar indigerible para mucha gente, la 2ª Constitución, la Gaudium et spes, resulta mucho más sencilla, comprensible y optimista. No se deben contraponer estas dos Constituciones porque ambas son fruto del Concilio, pero es evidente que el lenguaje de esta segunda deja mucho mejor sabor de boca.
El nombre completo de esta segunda Constitución, no prevista en un principio, es Constitución pastoral de la Iglesia en el mundo actual. El "mundo actual" de la Constitución es, evidentemente, el de hace 50 años. A pesar de todo, 50 años después, su mensaje sigue siendo del todo válido, si exceptuamos el capítulo sobre Matrimonio y la Familia (1er. capítulo de la 2ª parte). Sobre este punto, la cuestión más importante en tiempos del Concilio era la regulación de los nacimientos. Pero el Papa Pablo VI quiso que este punto no fuera tratado en el aula conciliar, y lo reservó a una comisión especial para que lo estudiara más a fondo. Por este motivo, lo que pudiera decir el Concilio perdió gran parte de su interés, y de hecho se limitó a repetir la doctrina del magisterio que, en este punto, y desde muchos siglos antes, no consigue conectar con la realidad de la gente casada.
En cambio, el enfoque general de esta Constitución, y sobre todo su Introducción, abre nuevos horizontes para los cristianos y para todos. Se presenta explícitamente el principio de encarnación: La Iglesia es y quiere ser cien por cien humana, y su misión trascendente no empequeñece a los humanos ni la hace a sí misma "sobre-humana". A pesar de ello, se encuentran todavía algunas "salpicaduras" de una mentalidad que entiende a la Iglesia más como maestra que como compañera de la Humanidad.
Tiene dos partes bien diferenciadas: La primera, con la Introducción y la Exposición preliminar, es como un Tratado de Humanidad. Si los Evangelios nos presentan a Jesús como una parábola de la Humanidad, esta Primera Parte nos presenta a la Iglesia como una parábola de la Sociedad que debe convertirse en HUMANIDAD. "El Concilio dirige la mirada al mundo de los hombres, es decir, a toda la familia humana con el Universo, en medio del cual vive; … este mundo que los cristianos reconocen creado y sostenido por el amor del Creador, … a fin de transformarlo y llevarlo a su cumplimiento definitivo, según el plan de Dios." (Número 2).
Reflexionando sobre sí misma, a la luz del Evangelio, la Iglesia descubre y acepta su misión esencial: ser portadora de humanidad, y no en exclusiva. "Por eso el Concilio … no cree poder dar una prueba más grande de solidaridad, de respeto y de amor a toda la familia humana de la que forma parte, que hablando con ella de todos estos problemas … Porque es al hombre al que hay que salvar, es la comunidad humana lo que hay renovar. … El Concilio ofrece a la Humanidad la colaboración sincera de la Iglesia para promover esa fraternidad universal de todos los hombres que responda a su vocación" (Número 3).
Humana entre los humanos, la Iglesia acepta, como identificadora de sí misma, la tarea de construir Humanidad, colaborando con todo aquel que tenga este mismo propósito. Todos los humanos estamos llamados a hacer humanidad. Pero para la Iglesia, esta es su tarea esencial, aquella que legitima su existencia y presencia en el mundo. Y está convencida de que su aportación puede ser muy útil, ya que está iluminada por el Evangelio de Jesús (del Hombre). Por esto ella no vive para sí misma, sino para hacer Humanidad.
La segunda parte de la Constitución trata de problemas concretos que en ese momento preocupaban a la Humanidad. Los trata no como quien ya tiene la solución de todo sino para hacer su aportación específica. Como una compañera entre compañeros. Aunque aquí aparece a menudo, como un tic residual, su tendencia heredada del pasado a hablar como maestra.
En esta Constitución, aprobada el último día de la última sesión, por 2.111 votos, contra 251, la Iglesia expresa su propia conversión. Se reconcilia con la Humanidad, y así se reconcilia también con Dios, promotor de la Humanidad. Una vez convertida, la Iglesia puede también confirmar a los hermanos (→ Lucas, 22,32).
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)