Traductor

martes, 28 de agosto de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XXII DE ORDINARIO. CICLO B.

DOMINGO XXII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

 

PROYECTO DE HOMILÍA. 
Después del largo discurso-discusión sobre la Eucaristía, del evangelio de Juan, volvemos al Evangelio de Marcos, que es el propio de este Año-B.La Lectura de hoy recoge diferentes fragmentos, que contienen básicamente dos ideas, relacionadas entre ellas pero distintas: A) El respeto a las tradiciones de los ancianos, y B) La cuestión de lo que es puro e impuro (o sagrado y profano).
A). Las "tradiciones de los ancianos".
La base de la espiritualidad judía era la Biblia.
La Biblia estaba escrita en hebreo, pero la lengua normal de la gente era el arameo.Esto obligaba a que hubiera maestros o especialistas que la tradujeran, explicaran y comentaran.Esto había creado dos niveles dentro de la Comunidad judía: los "maestros de la Ley" y los "fieles". Y, como suele ocurrir, las personas del nivel superior se fueron convirtiendo en los directores de las conciencias de la gente sencilla, y en los jueces inapelables que dictaminaban quien era "buen judío" y quién era "mal judío".Ser declarado mal judío comportaba quedar excluido de la vida de la comunidad, a fin de no "contaminar" a los demás.Y todo ello, en nombre de Dios!!!
En las sinagogas de los pueblos de fuera de Jerusalén, la Biblia era comentada sobre todo por losfariseos, que también la aplicaban a la vida de las personas y del pueblo.A través de estos comentarios y aplicaciones, losfariseosylosmaestros de la Leydirigían la vida religiosa y social de las comunidades judías.
Al parecer, loscomentariosconcretosde los "maestros religiosos" tenían, en la práctica, más importancia que la propia Biblia.El resultado era que la Biblia, destinada por sí misma a proclamar y celebrar laacción liberadorade Dios, se convertía, de hecho, en unaherramienta de dominiosobre el pueblo.Utilizada como unlibro de normas y preceptos,provocaba, en muchas personas,sentimientos de culpay deangustia religiosa.
La denuncia, que hace Jesús de esta situación, es clara y contundente: no se dedica a defender al pueblo sino que increpa directamente a los responsables de esta perversidad: "Vosotrosabandonáis el mandamiento de Dios para mantener las tradiciones de los hombres".
Los evangelios, en conjunto, nos muestran cómo Jesús se opuso frontalmente a esta situación tan injusta, e incluso invirtió los términos."Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino hacia el Reino de Dios"(Mateo 21,32).
B). Lo que es puro y lo que es impuro.
Es una cuestión distinta de la anterior, pero está muy relacionada puesto que le sirve de base.
Desde una mentalidad demasiado "religiosa", es fácil caer en la tentación de dividir el mundo en dos partes: el ámbito de Dios y el ámbito de los hombres.Por comparación con el ámbito de Dios, las cosas sólo humanas son profanas o incluso impuras.Esta división se refleja en la forma de valorar a la sociedad y a las otras personas.Por ejemplo: el pueblo de Israel, "pueblo elegido", consideraba que, por su elección, había entrado en el ámbito de Dios.Es, por tanto, un pueblo santo.Por contraste, los otros pueblos eran considerados profanos o impuros.Por eso, cuando un judío se relacionaba con personas no judías, quedaba contaminado, y se había de purificar, él y las cosas que llevaba consigo.
Además de esta "impurezapor contacto con los paganos",había también una larga lista de acciones que igualmente producíancontaminacióndentro mismo delpueblo elegido,como, por ejemplo, comer según qué animales, tocar un cadáver, comer sin lavarse las manos, padecer determinadas enfermedades como la lepra, una mujer en la menstruación, no cumplir ciertas normas de higiene, etc. También aquí la postura de Jesús es radical: "Nadade lo que entra en del hombredesde fuerano le puede contaminar".Ni los pueblos, ni las personas, ni los animales, ni las cosas, ni nada de todo lo que existe esimpuro.Para Jesús, si se quiere hablar deimpureza, hay que mirarsólo a "aquello que sale del corazón".No hay ninguna otraimpurezaque aquella que nace de lamala intenciónen nuestras relaciones con los demás."Sólo aquello que ‘sale’ del hombre, le puede contaminar".
Todo esto conlleva un cambio muy importante en la forma de valorar a las otras personas y a las cosas.Es tan importante este cambio que los propiosdiscípuloslo interpretan como un "proverbio" o "parábola" que habría que explicar para evitar que fuera malentendido.Pero Jesús les replica insistiendo en su significado directo:"¿También vosotros sois incapaces de entenderlo?¿No comprendéis que todo lo que entra en el hombre desde afuera no le puede hacer impuro, porque no le va al corazón, sino al vientre, y termina fuera del cuerpo?De esta manera declaraba puros todos los alimentos" (Marcos7,17. Fragmento no recogido en el Misal).
MENSAJE. 
Cualquier persona que conozca mínimamente la historia de la Iglesia o participe de su funcionamiento, se dará cuenta enseguida que la denuncia que hace Jesús afecta también a la Iglesia.Sería un grave error pensar que afectaba sólo a la sociedad judía de aquel tiempo.Hay que reconocer que afecta también directamente, y quizá más si cabe, a la Iglesia, sobre todo a la Iglesia Católica.
Nosotros, a la "tradición de los ancianos", normalmente la llamamos "Magisterio eclesiástico", y por tratarse de una aplicación a situacionesconcretas, suele tener más relieve y más importanciaprácticaque elmensaje evangélico.Inclusose enseñaque la Biblia debe ser "interpretada” de acuerdo con el Magisterio Eclesiástico!
Esto no sería demasiado problema si elMagisterio Eclesiásticonaciera de laexperienciade las comunidades cristianas,ya que entonces coincidiría con elmensaje de los evangelios,los cuales expresan lavida de la comunidad,y están dirigidos a ella.Pero no es así.La Iglesia ha caído también en el defecto de crear dos niveles dentro de la Comunidad: los "maestros" (jerarquía)y loslaicos(los fieles).Así elMagisterioya no es la expresión de lavida de la Comunidad,sino que expone los puntos de vista de la jerarquía, destinados a "orientar" a losfieles.
Parece evidente que esta separación en dos niveles contradice directamente al Evangelio.Las palabras de Jesús:"Vosotros abandonáis los mandamientos de Dios para mantener las tradiciones de los hombres",desgraciadamente, también se deben aplicar a nuestra Iglesia.
RESPUESTA. 
La respuesta que se nos pide parece clara y urgente: hay que reencontrar la "fraternidad",que significa anular los dos niveles.Todos somoshermanos. "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo." (Mateo,23,8 ss).
En necesario superar la división entre "laicos" (profanos, impuros?) Y "clérigos" (sagrados, puros?).
Si usamos la imagen tan frecuente delREBAÑO, debe entenderse quetodos somos ovejas, porque todos nosalimentamosde laVIDAdelBuenPastor, y también, de alguna forma,todos somos pastores, porque todos hacemos también de nuestra propiavidaunalimentopara los demás."Pastores" no paradirigirsino paraapacentarlas "ovejas". "Elbuen pastor da la vida por sus ovejas"(Juan 10,11).
No solamentedentro de la Iglesiahay que superar esta división entreprofanoysagrado,sino también en la relación de la Iglesia con el Mundo.Todos somos Mundo.Decirnos a nosotros mismos "pueblode Dios"es muy peligroso y ambiguo, si se entiende como unacaracterística propia de la Iglesia.En la Iglesia no debemos usar esta expresión si no es aplicándolaa toda la humanidad.
Ennuestrolenguaje, toda la Humanidad es "el pueblo de Dios".Pero cuando lo decimos, deberíamos tener en cuenta que existen otroslenguajes,tan válidos como el nuestro, en los que esta expresión puede resultar inaceptable.La actualglobalizaciónnos obliga a cambiar muchas expresiones denuestro lenguajesi no queremos que deje de ser "buena noticia" para todos.
En el momento de preguntarnos cuál debe ser nuestrarespuestaal evangelio de hoy, debemos procurar no cometer la equivocación de pensar en lo que deberían hacer los demás.Buscamos nuestra respuesta.Por ejemplo: para reencontrar lafraternidadno hay que empezar pidiendo alPapaque abandone el Vaticano.Empecemos nosotros por "abandonar" elVaticanoy lo que representa de contrario al Evangelio.Tampoco hay que empezar pidiendo a losobisposque bajen de sus cátedras.Empecemos nosotros por sentirnos personasadultasque siguen el consejo de San Pablo a los Tesalonicenses: "Examinadlotodo y quedaos con lo bueno"(1ª Tes. 5,21).Ni siquiera comencéis pidiendo a lossacerdotesque no hagan de "señores rectores" de las parroquias.Empezad vosotros, si habéis decidido vivir el Evangelio en el marco de una comunidad concreta, por sentiros miembrosadultos y activosde la propia comunidad, ayudando a que cada uno pueda ofrecer losserviciosde que es capaz y que lacomunidadle pide.
La gran mayoría de sacerdotes y obispos (por no decir todos, incluido el obispo de Roma) somos personas de buena voluntad.Si el resto de la comunidad no nos "margina" poniéndonos por encima de los demás o tolerándolo, nos sería mucho más fácil vencer la tentación de considerarnos "maestros", y podríamos sentir el gozo de serhermanosentre hermanos.No dudemos: lo que necesitamos todos,sacerdotesyobisposincluidos, no son "fieles" sino "hermanos".O eso parece que nos pide el Evangelio, si lo valoramos más que a las "tradiciones humanas"
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Qué tradiciones humanas, en vuestra opinión, han pasado a tener más "fuerza" que el mensaje evangélico?
  2. ¿El "clericalismo" es un defecto propio de losclérigos, o es sobre todo un problema delconjunto de los católicos?
  3. ¿En qué consiste el mal del clericalismo? 
 
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)