Traductor

jueves, 13 de septiembre de 2012

Nueva Evangelización? - LA IGLESIA (6/6).

Safe image php
La Iglesia en el futuro.
El Concilio nos llevó a regresar al Evangelio, y el Evangelio es claro: El reino de Dios es una realidad que no se diferencia de la Realidad, aunque la Realidad resulte muy diferente según la proporción de reino de Dios o de reino de Poder que incluya.
El reino de Dios es sal, es levadura, es luz, es alimento, … El cristiano es ciudadano, un ciudadano que no busca diferenciarse de los demás ciudadanos por el hecho de ser cristiano, sino que colabora en "hacer pueblo" por el bien de todos. No se trata de "hacer Iglesia" sino de "hacer pueblo", colaborando desde la iluminación que ofrece ser iglesia. La sal no se ve, la levadura no se identifica, la luz no es para ser vista sino para hacer visibles las otras cosas.
La gran Iglesia de Cristiandad, solemne, fuerte, exuberante, con personalidad, tratando de tú a tú a Estados e Imperios, … ahora es llamada a volver al Evangelio. Nuestro obispo Jaime, ya hace mucho tiempo, decía: Volver a Nazaret. No es una cuestión de humildad, sino de fidelidad: fidelidad al Evangelio, que en este caso significa fidelidad a la Humanidad.
Como levadura de la Humanidad, la Iglesia puede convertirse también en levadura de los distintos componentes de la Sociedad, incluso de las otras religiones que puedan existir. Sin necesidad de afirmarse, a sí misma, como religión, es capaz de tomar forma religiosa para los religiosos, y forma no religiosa para los no-religiosos. El que ha recibido y asumido el Evangelio, tiene la capacidad y la misión de hacerse todo para todos: religioso con los religiosos, ateo con los ateos, alienado con los alienados, esclavo con los esclavos, libre con los libres …; siempre para ganar humanidad (1Corintios 9,19 ss). Quien cree en el hombre, se humaniza haciendo humanidad con cada uno de los seres humanos. Como dice explícitamente la Gaudium et spes: Es la persona humana lo que es necesario salvar y es la sociedad humana lo que es necesario instaurar (N º 3).
Y en esta misión, la Iglesia no debe pretender ninguna clase de monopolio, sino todo lo contrario: cuantos más se apunten, mejor. Tampoco es "la maestra" que tiene respuestas a todos los interrogantes que la humanización genera. Tiene, sí, la luz del Evangelio. Pero esto no genera en ella ningún derecho a imponerse, sino sólo la capacidad de iluminar y de servir. "La luz no lucha; le es suficiente hacer claridad".
En este sentido, el verdadero seguidor de Jesús debe evitar caer en la trampa en que han caído todos los dictadores que han existido: convencidos de que ellos tenían la "verdad", han querido imponerla a todos. ¿Resultado? Más esclavitud y más muerte. Ya nos lo advierte, desde los inicios, el mensaje bíblico: "… no comas del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comas, ten por cierto que morirás" (Génesis 2,17). Nada ha generado tanta muerte dentro de la Humanidad como la pretensión, desde el poder, de imponer las propias ideas sobre el bien y el mal.
La humanización no se hace sobre los humanos sino desde los humanos y con los humanos.
Desde hace tiempo, se va descubriendo una nueva manera de ser y hacer iglesia, que se caracteriza por un gran y rico pluralismo. Hay muchísimos pequeños grupos, más o menos independientes de la Iglesia oficial, que son como células de Humanidad, que se alimentan de la lectura del Evangelio en torno a una mesa para compartir. Pero sobre todo hay una infinidad de hogares, se denominen o no cristianos, que están unidos por un firme propósito de hacer Humanidad. Quizás fue pensando en ellos que Jesús dijo: "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos" (Mateo 18,20).

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)