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lunes, 17 de septiembre de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XXV DE ORDINARIO. CICLO B.

DOMINGO XXV DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
El pasado domingo, llegados al corazón del evangelio de Marcos, comenzábamos la 2ª parte, que está centrada en el CAMINO DE JESÚS.
Desde el comienzo Jesús deja claro el itinerario: Jerusalén, juicio, muerte … y RESURRECCIÓN COMPARTIDA.
Tras diferentes episodios que el Misal no ha recogido para este Año B, el evangelio de hoy nos presenta otra vez a Jesús repitiendo a los discípulos el itinerario del su CAMINO. Los discípulos no entienden nada, pero, tras la reacción que había tenido Jesús la 1ª vez ("Vete de aquí Satanás …), ahora no se atreven a pedir explicaciones. Pero el evangelista no se calla que la han fastidiado otra vez.
"¿Qué discutíais por el camino?" …
No han extendido las palabras de Jesús, pero sí tienen clara una cosa: van hacia Jerusalén. Jerusalén es la Capital; es el ámbito del Poder. Jesús es el Mesías y, aunque no lo entiendan, en la Capital se va para mandar. Deben empezar a pensar cómo se organizarán y cómo se repartirán la autoridad y las distintas funciones importantes.
Jesús vuelve a reaccionar. El evangelista pone solemnidad en la acción de Jesús: se sienta (como hacen los maestros y los jueces), llama a los Doce, y da su lección-sentencia: "Si alguien quiere ser el primero, debe ser el último y el servidor de todos". Y para que no quede ninguna duda sobre lo que quiere decir, "hizo venir un chico, lo puso en medio, lo tomó en brazos y les dijo: «El que reciba uno de estos chicos porque lleva mi nombre, me recibe a mí, y quien me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado»".
En la actualidad, entre nosotros, los niños a menudo son "el reyecito del hogar", pero fuera de aquí, y sobre todo en tiempos de Jesús, los niños eran y son la imagen viva de un ser dependiente, indefenso, servidor, sin compensaciones por su servicio. Los niños (y sobre todo las niñas) no "hacían servicios" sino que "eran servidores". (“Chico” quiere recoger los dos conceptos en una sola palabra)
Aquel que ellos, los discípulos, consideran el Mesías acaba de "entronizar" a un sirviente en su calidad de "servidor", y le convierte en norma para todos. "Os lo aseguro: si no volvéis a ser como los niños, no entraréis en el reino de los cielos"(Mateo 18,3).
"… porque lleva mi nombre…"
¿Cuál es el "nombre" de Jesús? Repitámoslo una vez más: el nombre de Jesús es "el hombre" ("hijo del hombre" en la forma de hablar de los Judíos). Sería un error entenderlo en sentido religioso o confesional como si se refiriera a los "cristianos". Por supuesto que hay que acoger también a los "cristianos", pero no tanto porque son "cristianos" sino porque son "chicos", es decir: pequeños y servidores, junto con los innumerables "pequeños y servidores" de todo el mundo: todos aquellos que no se atribuyen otra categoría que la de ser "seres humanos".
MENSAJE. 
"Quien acoge uno de estos chicos porque lleva mi nombre, me recibe a mí, y quien me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado".
Inversión de las relaciones sociales. Un buen amigo me decía una vez que la mayoría de Festivales Musicales que en verano se hacen en la Costa Brava son económicamente deficitarios, en buena parte porque se regalan muchas Entradas a autoridades y gente importante. O sea: se regalan Entradas sobretodo a personas que las podrían pagar sin problemas. Sería un ejemplo de nuestra tendencia a acoger sobretodo a la gente importante.
El mensaje de Jesús es exactamente lo contrario: "Acoger a uno de estos chicos porque lleva mi nombre", es decir: porque es pequeño, porque es siervo, porque es un ser humano
Es un mensaje consolador porque nos dice que Dios nos acoge, especialmente si formamos parte del grupo de los "pequeños", los "poca cosa". "… Porque ha mirado la humillación de su sierva … el Todopoderoso obra grandes cosas por mí" (Lucas 1,48).
RESPUESTA. 
La respuesta nos la indica directamente Jesús: Si alguno quiere ser el primero, debe ser el último y el servidor de todos.
Por tendencia espontánea, intentamos de alguna forma "ser el primero". Cuando no conseguimos ser el primero en cosas buenas intentamos serlo en cosas malas, porque es más "vital" el ser el primero que la ética.
Estamos en una sociedad que nos cubre de derechos pero nos reduce a ser un simple "número". Nuestro instinto más primario se rebela contra ello. Evidentemente, hay muchas maneras de rebelarse. Por ejemplo: el incivismo. Para muchos, el incivismo, e incluso la violencia, son la "respuesta" que les permite no sentirse un simple "número".
Un niño de los que a menudo se "reúnen" en la entrada de mi casa, al hacerle notar su elevado grado de vulgaridad, me respondía con cierto orgullo ante los compañeros: "Pues en la escuela soy todavía mucho peor".
"Ser incívico" era su "identidad"; mejor eso que no ser nadie.
En los espectáculos, en muchos deportes, en los informativos, en la vida de la calle … nuestra sociedad ofrece continuamente a nuestros chicos y jóvenes el espectáculo de la prepotencia.
Jesús no condena "querer ser el primero", pero nos dice la forma positiva de serlo: primeros en el servicio.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Aunque suene a demagogia: ¿Hemos comparado, alguna vez, la forma en como acogemos a los turistas y en cómo acogemos a los inmigrantes? ¿Hemos comparado, alguna vez, lo que nos gastamos para los turistas y lo que nos gastamos para los inmigrantes?
  2. ¿Qué signos de prepotencia continúan presentes en la Iglesia? ¿Cómo se podrían "solucionar", dado que algunos parece que formen parte de su esencia?
  3. Las "ideas de prepotencia" que tenían los discípulos hicieron necesaria la muerte de Jesús (Lucas 24, 7). ¿Necesita la Iglesia de hoy, "volver al Calvario"? ¿Qué significaría esto, en concreto?  
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)