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miércoles, 10 de octubre de 2012

Nueva Evangelización? - Mujeres y hombres (1/2)


Una de las cosas más incomprensibles en la Iglesia Católica es la situación en la que ha sido situada la mujer. Es incomprensible, porque se trata de una situación que se ha normalizado a pesar de ser directa y explícitamente contraria al mensaje de los Evangelios.
En los Evangelios, la figura central es Jesús, como parábola de la Humanidad. También aparecen varios grupos que encarnan diferentes actitudes, situaciones o respuestas en la comprensión-aceptación del mensaje de Jesús: los sacerdotes, los maestros de la ley, los fariseos, los saduceos, la multitud, … y dos grupos de discípulos: un grupo de hombres –los Doce– y un grupo de mujeres.
Sobre el grupo de hombres, los Evangelios hablan mucho. Es que sirven de contrapunto. Incluidos en una lista encabezada por Pedro (que negó a Jesús) y terminada con Judas (que le traicionó), personifican la Israel (Pueblo de Dios) que sigue a Jesús pero sin haber asumido, en un primer momento, su mensaje. A menudo vendrán representados por un ciego, o un sordo, o un paralítico … que necesita ser "curado". Pero la realidad de esta "curación" no aparecerá hasta después de que la muerte de Jesús les haya hecho entender su error. En el Calvario no habrá ninguno de estos discípulos. Sólo el evangelio de Juan se inventa a un nuevo discípulo, "aquel a quién Jesús amaba", que aparece al final, cuando Judas se "descuelga" de los Doce y se va con el grupo de los que han condenado a Jesús, para entregárselo. Este "nuevo discípulo" acompaña a la madre de Jesús y al grupo de mujeres al pie de la Cruz. Diríamos que este discípulo está ahí incluido para "salvar" el componente masculino de la futura comunidad cristiana.
Los Evangelios hablan con frecuencia del grupo de los Doce porque Jesús les debe corregir continuamente. En cambio, el grupo de las mujeres apenas hablan, porque nunca debieron ser corregidas, ni fueron causa de ningún problema para Jesús. Se trataba de un grupo que le seguía desde Galilea, y que "les servían con sus bienes" (Lucas 8,2.  y también Mateo 27,55). Este grupo aparece sobre todo en los momentos decisivos de la obra de Jesús: el Calvario, el sepulcro y al momento de la resurrección. Son, por otra parte, los momentos en que los Doce han desaparecido del mapa.
Sólo el grupo de las mujeres fue testigo, como discípulos, de la muerte de Jesús. Y ellas serán los únicos primeros testigos de su resurrección. Los Evangelios lo explican de forma que quede claro que los Doce sólo serán "apóstoles" tras recibir de las mujeres el anuncio que deberán predicar. Es decir: las primeras enviadas ("apóstoles") a testimoniar la resurrección de Jesús son las mujeres.
Sabemos que los Evangelios no son biográficos. Por tanto, si hacen una distinción tan clara entre el grupo de los hombres y el grupo de las mujeres, es para decirnos algo importante. Y lo que nos quieren decir se podría resumir así: para entender el mensaje de Jesús, los hombres-varones primero deben convertirse, en cambio las mujeres sintonizan espontáneamente. ¿Por qué? Porque en la sociedad del tiempo en que fueron escritos los Evangelios, los hombres-varones encarnaban el afán de dominio del corazón humano, principal destructor de Humanidad, mientras las mujeres encarnaban el amor servicial que hace comunidad, única fuerza humanizadora. Este es también el significado evangélico de la "virginidad" de María. Aquello que, en la sociedad, representa el varón no sirve para hacer nacer al Hombre Nuevo,; si interviniera, provocaría un aborto.
Que en la Iglesia se haya considerado que las mujeres, por ser mujeres, tienen alguna clase de incapacidad en comparación con los hombres, es una gran incoherencia, aparte de ser una flagrante injusticia. 
No podrá haber Nueva Evangelización en la Iglesia sin corregir esta escandalosa injusticia, repetidamente denunciada.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)