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viernes, 12 de octubre de 2012

Nueva Evangelización? - ¿Sacerdotes?


    Examinando los Evangelios, está claro que Jesús no hizo "sacerdotes" sino "apóstoles". Apóstol significa enviado. Jesús envía (todos) sus discípulos a esparcir la BUENA NUEVA. De hecho, una buena noticia "necesita" ser comunicada. Acoger esta Buena nueva significa abrirse a la comunión, y la comunión hace nacer COMUNIDADES. Las comunidades cristianas son apostólicas, no por ningún vínculo jurídico con los Doce Apóstoles, sino por la esencia misma de la Buena nueva que han acogido.

Los curas actuales, además de apóstoles (como todo seguidor de Jesús) estamos considerados también sacerdotes. Los más viejos fuimos "formados" a los Seminarios conciliares que había en cada obispado. Nuestros seminarios se llamaban "conciliares" porque nacieron por un decreto del concilio de Trento (iniciado en el año 1545!); Un concilio convocado por el emperador, en plena situación de cristiandad.
Hoy la figura del cura aún es entendida de acuerdo con una Iglesia de Cristiandad. El "obispo" sigue siendo, eclesialmente, un "señor feudal". Los curas no pertenecemos a las parroquias sino al "señor obispo", a través de un pacto feudal. Por este pacto, el cura está al servicio de su obispo, y el obispo se hace cargo de la vida personal del cura (manutención, vivienda, …).
La mayoría de curas están destinados a servir a las parroquias. Están como una prolongación del obispo. Por otra parte, las mismas parroquias han sido entendidas, y lo son todavía, como sectores o porciones de la "propiedad episcopal".
Pero el Concilio Vaticano II, siguiendo el Evangelio y las exigencias de la cultura actual, hizo posible entender a las parroquias como comunidades adultas.
Esto cambia completamente las cosas. Si las parroquias son comunidades adultas, no pueden ser "propiedad" de nadie, y el cura está al servicio de la vida de la comunidad, y no para representar al obispo, supuesto señor de las parroquias.
Este cambio de perspectiva, iniciado ya antes del Concilio como consecuencia, entre otras razones, de un mejor conocimiento del mensaje bíblico, ha provocado que muchos curas hayan dejado el ministerio. A medida que iba quedando claro que Jesús no había hecho sacerdotes sino apóstoles, muchos curas vieron que el trabajo que se les daba en la Iglesia no correspondía ni a su vocación ni a la auténtica misión de la Iglesia. Por eso decidieron emprender otro camino.
Resulta sorprendente que este hecho, que ha tenido una gran importancia en la vida de la Iglesia, no haya provocado en la jerarquía una reflexión profunda sobre la figura del "cura-sacerdote". En vez de eso, la jerarquía, mayoritariamente, ha visto en la decisión de estos curas una infidelidad. ¡Gravísimo error!, e injusto, porque la mayoría (por no decir todos) de sacerdotes que lo han dejado lo han hecho por fidelidad al Evangelio y a la propia conciencia, así como los que no lo han dejado o lo hemos dejado parcialmente.
Esto, y la falta de "vocaciones" crea un gravísimo problema en la Iglesia oficial de los antiguos países de Cristiandad.
El obispo Francesc de Gerona, quizás más forzado por las circunstancias que por convencimiento, ha empezado otro camino que puede ser interesante: dar "misión pastoral" a laicos de parroquias sin cura. No sé si las mujeres continúan excluidas. Quiero suponer que no!!! Y cabe esperar que este hecho no sirva para "clericalizar" a unos laicos o laicas de muy buena voluntad haciendo curas de segunda categoría, sino para desclericalitzar realmente a la Iglesia, devolviendo el protagonismo a las comunidades.
Todos somos laicos. "Laico" significa "del pueblo". Viene de la palabra griega "laos", pueblo. Cada comunidad podrá solicitar a los miembros (mujeres u hombres) una misión pastoral, con la confirmación, si procede, del obispo como signo de una comunión más amplia. ¡Aquí no faltan vocaciones!
Entretanto, para los últimos sacerdotes tridentinos que quedamos, una tarea importante y urgente es ayudar a las parroquias a convertirse en auténticas comunidades adultas. Y esto, no como una estrategia para "salvar a la Iglesia" sino por fidelidad a la misión recibida. Después, lo que tenga que venir vendrá.
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– ¿Todo esto, está de acuerdo con el Concilio Vaticano II?
– Depende. Si miramos los Documentos, encontraremos puntos que lo sugieren, pero también encontraremos afirmaciones literalmente opuestas a lo que acabo de expresar. Pero, como expuse ya en Nueva Evangelización? - Referencia al Concilio, además de los Documentos escritos, hay que tener en cuenta el Espíritu del Concilio. El Concilio marcó una tendencia, y lo hizo ofreciendo unos documentos escritos que fueron impresos, y son lo que son. El Espíritu no se puede imprimir. Hay que respirarlo, siempre nuevo.
Los DOCUMENTOS DEL CONCILIO no son un Manual de Eclesiología. El Concilio fue un (nuevo) Pentecostés: un fuerte viento que trastornó a la Iglesia; una Iglesia que sufría de esclerosis desde hacía mucho tiempo. El resto (Documentos, Misal, Código de Derecho Canónico, Catecismos, …) son obra de la prudencia humana que necesita "canalizar" el Espíritu (con el gran peligro de ahogarlo!).
Este es el gran peligro de todos los DOCUMENTOS ESCRITOS! Si se pierde el espíritu que los inspiró, se vuelven corruptos. La Historia está llena de lamentables ejemplos. El mismo Jesús fue condenado porque "nosotros tenemos una ley (escrita), y según esta ley, este hombre debe morir" (Juan 19,7). También en nombre de los Evangelios escritos se han cometido gravísimas injusticias.
¿Dónde se "respira" el espíritu del Concilio? Es el mismo Espíritu quien da testimonio de sí mismo. Nosotros podemos sólo ofrecer una actitud de escucha, de docilidad, de atención a los signos de los tiempos, sobre todo en el marco de unas comunidades nacidas de la COMUNIÓN (o del Espíritu).
Por otra parte, individualmente, es tan fácil pensar que tenemos el Espíritu cuando sólo tenemos pajaritos en la cabeza! Por lo tanto: hay que ser prudentes y humildes.
He aquí el primer requisito para una NUEVA EVANGELIZACIÓN.
Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)