Traductor

martes, 30 de octubre de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XXXI DE ORDINARIO. CICLO B.

DOMINGO XXXI DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 
El episodio que hemos leído, situado en este lugar del Evangelio de Marcos, resulta sorprendente. Jesús, siguiendo su camino, ha llegado a Jerusalén donde ha tenido que enfrentar a todo el sistema de Poder político-religioso que estaba esclavizando al pueblo en nombre de Dios. El enfrentamiento ha sido radical: por parte de Jesús: expulsión de los "mercaderes" del Templo, por parte de los sumos sacerdotes y maestros de la ley: decisión de matar a Jesús (Marcos 11,15 ss). Y precisamente en este ambiente tan tenso, el evangelista nos presenta a un maestro de la ley que formula a Jesús, sin segundas intenciones, una pregunta clave: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos de la Ley?"
Ciertamente la pregunta no es para ver si Jesús conocía o no la respuesta. La respuesta a esta pregunta la conocen todos los judíos ya que constituye la oración básica de cada día: "Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es el único. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo el alma, con toda tu mente, con todas las fuerzas".
Pero la pregunta pide más de lo que parece, y además, Jesús responde más de lo que la pregunta pide.
Aquí "primer mandamiento" no quiere decir sólo aquel que está colocado en primer lugar en relación con los otros, sino que se refiere al mandamiento fuente y origen de todos los demás. Es como si la pregunta fuera: "¿Cuál es el hecho o la situación de la que provienen todos los mandamientos?".
Este hecho, origen de todos los mandamientos, es que "el Señor es nuestro Dios". Y lo es de tal manera que todos los humanos quedamos convertidos en mutuamente hermanos.
Por eso Jesús anuncia no sólo el "primero de los mandamientos" sino también el segundo: "Amarás al prójimo como a ti mismo". En realidad, lo que hace Jesús es destacar que estos "dos mandamientos" son las dos caras de un único mandamiento, que, en la práctica, toma diferentes formas (los diferentes "mandamientos").
"Amar al prójimo como a ti mismo" era un mandamiento ya conocido entre los judíos (Levítico 22,39), pero no era considerado "el segundo" unido con el primero. El evangelio de Mateo lo dice más explícitamente cuando añade: "El segundo es semejante al primero", o mejor: el segundo es la semejanza del primero (Mateo 22,39).
El maestro de la ley reconoce la buena respuesta de Jesús e, incluso, hace una aplicación sorprendente cuando dice que el amor a los demás es más importante que las prácticas cultuales de amor a Dios. La sintonía entre Jesús y el maestro de la ley es total, y Jesús deja constancia: "No estás lejos del Reino de Dios".
Que el evangelio de Marcos acentúe esta sintonía en un momento de gran tensión entre Jesús y los maestros de la ley es muy significativo. Significa que Jesús no se opone a los maestros de la ley como colectivo. Pertenecer al grupo de los maestros de la ley no comporta automáticamente estar enfrentado a Jesús. Depende de la decisión de cada uno. Los evangelios nos presentan "buenas personas" pertenecientes a colectivos adversos; al igual que "malas personas" pertenecientes a colectivos favorables. Así nos presenta la bondad de este maestro de la ley, o de José de Arimatea, miembro destacado del Sanedrín, o del Centurión romano que acaba confesando la divinidad de Jesús. Por el contrario, también dice explícitamente que el traidor era uno de los Doce.
MENSAJE. 
El MENSAJE de este evangelio es doble, según se mire el contenido de las palabras o las circunstancias del hecho en si mismo.
  1. Mensaje del contenido. Toda la Ley nace de "dos" fuentes, que en realidad son dos aspectos de una sola: el AMOR A DIOS, el cual genera en nosotros el AMOR A LOS DEMÁS. Aquí "los demás" no han de ser entendidos de una forma teórica y genérica sino muy concreta. Literalmente: "AMOR AL PRÓJIMO".
  2. Mensaje de las circunstancias. No se debe valorar a una persona sólo por el colectivo al que pertenece.
RESPUESTA. 
También la RESPUESTA puede ser doble:
  1. Teniendo en cuenta el contenido. No hay que separar el primer mandamiento del segundo, ni el segundo del primero. Sólo podemos amar a Dios amando al prójimo, sólo amamos realmente al prójimo si lo hacemos en el horizonte del amor a Dios.
La expresión "en el horizonte del amor a Dios" se puede entender mal en una sociedad como la nuestra. No es necesario entenderla en sentido religioso o confesional. Puede entenderse en sentido existencial: valorar la realidad del otro como una realidad digna en sí misma e independiente de nuestros conceptos, juicios, valoraciones, …
La estimación crea vínculos. En el amor verdadero, quien ama no usa jamás estos vínculos para atar al amado sino que son un compromiso a favor de su plena y creciente libertad. Con un lenguaje no religioso diríamos: amar al otro por sí mismo.
"Amar a alguien por sí mismo" conlleva considerarlo digno de dedicarle nuestra propia vida. En este sentido le consideramos más importante que nosotros mismos. Este "plus" que el amor nos hace ver en la persona amada, con lenguaje religioso puede ser llamado "amor a Dios". A Dios no le ha visto nadie, le amamos en los demás. Así pues, puede darse perfectamente el caso de personas que afirman que no creen en Dios, y que, sin embargo, amen realmente a los demás. Este amor, visto por un creyente, puede ser considerado perfectamente "amor a Dios", aunque deberá abstenerse de decirlo por respeto a quien quiere ser tenido por ateo o no creyente.
  1. Teniendo en cuenta las circunstancias. Necesitamos valorar a cada persona yendo más allá del colectivo al que pertenece o en que le incluimos. De hecho, quizá sea precisamente esto lo que quiere significar la palabra "prójimo". La "proximidad" consiste en mirar a la persona en sí misma, recortándola, como si dijéramos, del marco en el que previamente la habíamos situado o que él mismo utiliza para definirse. (Aquí podría ser un buen momento para leer la Parábola del Buen Samaritano (Lucas 10,25).
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. ¿Qué incidencia tienen los prejuicios en vuestra relación con las personas con quienes os encontráis o con quienes convivís?
  2. ¿Qué pensáis de las leyes discriminatorias que existen en la Iglesia, sobre todo relacionadas con el culto (liturgia)? (Mujeres, otras religiones, separados, etc.)
  3. ¿Cómo influye el amor a Dios en vuestra forma de amar al prójimo?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)