Traductor

lunes, 5 de noviembre de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO XXXII DE ORDINARIO. CICLO B.


DOMINGO XXXII DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo B.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 
"Filacterias". Son unas cintas para amarrar unas pequeñas cajitas dentro de las cuales hay unos trocitos de pergamino o de papel con las primeras palabras de los Diez Mandamientos. Deben estar atadas de tal forma que las cajitas queden situadas al frente y ante el corazón, a fin de hacer más real lo que mandó Moisés en relación con las normas de la Ley: "Átatelas a la mano como un distintivo, llévalas como una marca entre los ojos" (Deuteronomio 6, 8). Se llevan puestas durante la oración; pero en tiempos de Jesús algunos las llevaban todo el día, haciendo ostentación.
Siguiendo su camino, Jesús, junto con los discípulos, ha llegado a Jerusalén.
Para los discípulos es el final del camino. También será el momento de la gran decepción, como explícitamente hará constar Lucas: "Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel" (Hechos de los Apóstoles 24, 21).
Para Jesús, la llegada a Jerusalén tiene dos polos opuestos: el Templo (con sus ocupantes, que le condenarán a muerte) y Betania (la casa de los hermanos), al otro lado del torrente Cedrón, sobre el monte de los Olivos. De día actúa en el Templo, de noche, se refugia en Betania. "Templo" y "Betania" no deben entenderse en sentido local, sino teológico. Es decir: son lugares utilizados como lenguaje para expresar la obra de Jesús. El "templo" representa una forma de relación del hombre con Dios a través de "lugares, personas y acciones pretendidamente sagradas", y esto a menudo conlleva un abuso de Poder sobre los fieles. "Betania" representa una relación con Dios a través de los demás, considerados hermanos.
También los "días" de la estancia en Jerusalén deben ser entendidos en sentido teológico, y no cronológico. En su conjunto, constituyen una semana, y hacen referencia a la "Semana de la Creación", en la que el "día sexto" es el de la creación del hombre (Génesis 1, 1-31). Jesús, muriendo ("dando la vida") al "día sexto" (viernes), lleva a  su "cumplimiento" la plenitud del Hombre como imagen de Dios.
La Liturgia nos hace leer los episodios de Jesús en Jerusalén sobre todo en los alrededores de la Semana Santa. Ahora, cuando estamos a finales del año litúrgico, aquí se recogen sólo algunos episodios muy concretos.
El evangelio de hoy, en su versión larga, recoge dos episodios diferentes, pero muy ligados entre sí.
En el primero, Jesús expresa su juicio sobre los maestros de la ley. Ellos, como los viñadores criminales de la parábola (Marcos 12,7), han pretendido apoderarse de la viña del señor. Pretenden ser tenidos por personas piadosas, pero "… devoran los bienes de las viudas". Jesús no oculta que serán juzgados severamente.
En el segundo, se nos presenta una figura de contraste: la viuda pobre y explotada. La escena es sorprendente: Jesús sentado ante la Sala del Tesoro. "Sentado" es la posición propia del maestro, y también del juez. Jesús observa. Muchos ricos dan mucho, de lo que les sobra. Una viuda pobre da poquísimo, pero es todo lo que tiene. Jesús-maestro llama a los discípulos para darles una enseñanza importante: la viuda pobre hay da más que todos los ricos.
Pero esta enseñanza es también un juicio, explicitado dos versículos más allá (no recogidos en el evangelio de hoy): "¿Ves estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra: todo será destruido" (Marcos 13, 2).
La viuda pobre es esclava de la "ideología del Templo", convertido en Sala del Tesoro. Ella cree que lo da todo a Dios en un acto supremo de confianza en Él, cuando en realidad está engordando el Tesoro de los Maestros de la Ley. Pero Jesús no mira el Tesoro del Templo sino el corazón de la viuda, y pone en relieve su fe en Dios. Dando todo lo que tenía para vivir, esta viuda pobre se convierte en anuncio e intérprete de la donación total de Jesús en la Cruz.
La Segunda Lectura está extraída de la carta a los hebreos, que el Misal nos hace leer estos últimos domingos del Año B. Esta carta nos presenta a Jesús como gran y eterno sacerdote. Es una expresión cuyo significado a menudo se ha tergiversado, dándole el sentido contrario contrario de lo que realmente significa.
Al parecer, entre los primeros cristianos (y aún actualmente) había quienes añoraban el templo y los sacrificios que ofrecían los sacerdotes. Es a estos cristianos que va dirigida la carta a los hebreos (nótese el nombre). El razonamiento de esta carta se podría resumir así: "Hermanos: dado que todavía «necesitáis» templos, sacerdotes y sacrificios, sabed que en Jesucristo tenemos un sacerdote que, pese a ser totalmente distinto de los otros sacerdotes, es tan perfecto que su culto ya no necesita ser continuado ni completado. Ni necesita de templos, porque está directamente frente a Dios, en el cielo. Y como no muere, tampoco necesita que otros sacerdotes continúen su ofrenda, hecha una vez para siempre. Así pues, hermanos: vigilad que vuestra añoranza del antiguo culto no se convierta en una falta de fe en Jesucristo, que es el único camino para llegar a Dios."
MENSAJE. 
El mensaje es doble.
  1. Institucionalmente:
Se acabó el "tiempo del Templo". Esto conlleva que también se ha acabado el tiempo de separación entre "personas del Templo" (escribas y sacerdotes) y "laicos". Comienza una nueva forma de relación entre Dios y los humanos. El evangelio de Juan lo expresa explícitamente cuando la Samaritana pregunta a Jesús: "Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén. Jesús le dice: Créeme, mujer, llega la hora en que daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. … Pero llega la hora, mejor dicho, es ahora, que los auténticos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad." (Juan 4, 20).
  1. Personalmente:
Las personas que, engañadas por la ideología de los maestros de la Ley, han creído que servir a Dios consistía en servir al Templo, no quedarán decepcionadas, porque Dios mira el corazón y su generosidad.
Con todo, hay que actuar con sentido crítico porque, también en las cosas religiosas, podemos ser engañados.
RESPUESTA. 
La semejanza entre la estructura jerárquica del judaísmo en tiempos de Jesús y la estructura jerárquica de la iglesia actual parece evidente: grandes templos, con grandes salas del Tesoro, y muchos maestros de la Ley. Muchos ricos que hacen importantes aportaciones a partir de lo que les sobra, y también muchas "viudas pobres" que hacen pequeñas aportaciones a partir de lo que necesitan para vivir.
Según lo que aparece, la Iglesia estaría aún como en el Antiguo Testamento; es decir: "Antes de Cristo".
Es urgente revisar a fondo las "formas" de nuestra manera de vivir la fe.
Sin embargo, hoy en nuestra Iglesia también se pueden encontrar abundantísimas muestras de una generosidad a toda prueba: generosidad en horas, en dedicación, en servicios de toda clase, en dinero … Vista la experiencia, hay que ejercer esta generosidad con sentido crítico: ver si sirve para mantener las formas, o si realmente está en la línea de "hacer humanidad", "hacer pueblo", hacer Reino de Dios.
Nuestra Iglesia estaba acostumbrada a ser algo importante en la sociedad. Actualmente ha perdido "presencia". Parece que en algunas personas esto genera una reacción, normal pero infantil y antievangèlica, que las mueve a querer una Iglesia "que se haga notar más". Esta reacción fácilmente lleva a abusar de la generosidad de muchas personas que se sienten llamadas a hacer un servicio verdaderamente comunitario y no "eclesiástico".
En nuestro país, este afán de afirmar la presencia de la Iglesia, también lleva a querer "sumar efectivos" para aumentar el propio tamaño, y que así se note que estamos.
Este juego es muy peligroso. El "tamaño" que se consigue uniformando la diversidad es falaz e injusto.
Es falaz, porque se presenta como una exigencia de la comunión.
Es injusto, porque no respeta la iniciativa y el carácter de las diferentes Comunidades donde se genera la vida eclesial.
El recurso a las "macro-comunidades" puede contradecir las indicaciones de Jesús de ser levadura (que se disuelve en la masa), sal (que desaparece en el alimento), grano de mostaza (que crece mucho, pero sin abandonar nunca el ámbito doméstico de las hortalizas).
Jesús dijo: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mateo 5, 14). Pero nadie enciende una lámpara para que la gente se entregue a contemplarla sino para hacer visibles las cosas que hay alrededor. Igualmente la Iglesia: no existe para que la contemplen sino para ayudar a ver el mundo.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Simplificando mucho, podríamos decir que la presencia de la Iglesia en la sociedad siempre ha sido o como perseguida o como poderosa. ¿Cómo os parece que debería ser la presencia de las Comunidades Cristianas en una sociedad laica que no las persigue ni tampoco les reconoce Poder?
  2. Dado que del Templo no quedó piedra sobre piedra, ¿cómo podemos demostrar hoy día nuestra fe, las personas que somos como la viuda pobre?
  3. Nuestras iglesias, ¿no se parecen demasiado al desaparecido Templo de Jerusalén?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)