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martes, 11 de diciembre de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. ADVIENTO III. CICLO C.

Adviento III. Año C.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"¿Qué debemos hacer? …"
Las preguntas que la gente hace a Juan Bautista resultan bastante sorprendentes, porque no hay que ser ningún profeta para saber la respuesta. No es necesaria una respuesta de profeta para que los cobradores de impuestos sepan que no deben exigir más de lo que corresponde, o para que los guardas sepan que no deben excederse con amenazas. Igualmente, por legítimo que sea tener dos vestidos, todos nos damos cuenta de que si nos encontramos con alguien que no tiene ninguno, hay que darle uno, ya que se trata de una necesidad básica. Las respuestas de Juan están en el campo de la ética humana.
Pero, precisamente porque es un profeta, Juan nos dice algo más, y muy importante. Cuando ve que la gente se instala en sus respuestas éticas, les anuncia que “hay alguien” que les invita a ir más allá. “Yo os bautizo con agua, pero viene el que es más poderoso que yoÉl os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.
Hay dos "bautismos". El bautismo con agua ofrece un primer horizonte de conversión: abandonar los comportamientos injustos. Pero también nos es ofrecido un bautismo con espíritu santo y con fuego, que ofrece un horizonte mucho más alentador.
"Bautismo" significa "inmersión". Bautizarse con agua significa sumergirse en el agua, bañarse, lavarse.
Eran habituales las abluciones rituales, sobretodo de las manos y los pies, pero bañarse en el río podía tener un significado más radical. Era hundirse en el agua para emerger renovado. Más que un rito religioso, era una acción muy significativa en sí misma. Podía significar un cambio de opción; una nueva dirección en el camino de la vida, que tomaba especial importancia cuando se hacía frente a alguien que encarnaba una nueva forma de vivir, como Juan.
Pero se nos ofrece también ser bautizados con Espíritu Santo y fuego. Este bautismo es otra cosa muy distinta.
El fuego hace referencia a la obtención de los metales: el mineral se sumerge en el fuego y las altas temperaturas funden el metal, que fluye separándose de la escoria. Entonces aparece el precioso y brillante metal que estaba "escondido" en el mineral.
El Espíritu Santo hace referencia a la fuerza creadora y engendradora de Dios. Con su Espíritu, Dios ha creado el Universo, el cual ha evolucionado hasta el Hombre inteligente. En este "ser inteligente", el Espíritu continúa su proyecto invitándole a ser "hijo".
Ser bautizado con Espíritu Santo significa que el Hombre acepta sumergirse en la fuerza humanizadora-afiliadora de Dios. El Hombre no es sólo una "creatura". Dotado de inteligencia, se va haciendo capaz de recibir la invitación a ser "hijo", y de responder positivamente. El Hombre, cuando es bautizado con Espíritu, es como el "metal precioso" escondido en el Universo creado por Dios.
MENSAJE. 
No somos sólo criaturas, y criaturas inteligentes. Esto ya es mucho, y nos hace capaces de generar una ética que nos permita el gran bien de la convivencia. Pero el profeta nos dice: ya viene el que puede "bautizaros" con Espíritu Santo y haceros "hijos". Buena y necesaria es la ética, pero estamos llamados a la filiación.
El Bautista acompaña esta buena noticia con un aviso importante: "Yo no soy digno de desatarle las sandalias". ("Desatar el calzado" era un rito de sustitución en el ámbito de la alianza matrimonial). Esta expresión no quiere manifestar humildad sino que expresa la incapacidad para "sustituir" al que está viniendo. Es decir: Juan no puede sustituir a Jesús, ni su bautismo de agua puede sustituir el bautismo con Espíritu Santo, ni la rectitud ética puede sustituir la buena nueva de la filiación.
Cierto: lo que podemos "aportar" nosotros sólo es la ética. La filiación sólo puede concederla el propio Dios. Pero, dado que Dios nos invita a ser hijos, también nos pide, además de la ética, la aceptación de este don de Dios.
RESPUESTA. 
Estamos preparando la Navidad. El evangelio nos habla del Espíritu Santo, pero todo el ambiente navideño nos habla del Espíritu de Consumo.
El Espíritu Santo nos abre un nuevo horizonte: convertirnos en hijos. El Espíritu de Consumo nos sitúa al nivel de las necesidades, y nos hace más consumidores.
No llegamos solos a ser hijos, sino construyendo hermandad. Tampoco nos convertimos solos en consumidores, sino construyendo "sociedad de consumo".
¿Qué elegimos?
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Hay personas que suelen decir que, para ellas, estas fiestas son tristes. Según vuestra opinión, ¿de dónde nace esta tristeza? ¿Qué falta o qué sobra en sus vidas?
  2. ¿No creéis que, por lo que parece, nuestra Iglesia está más preocupada por la Ética que por el Evangelio? ¿Es misión de la Iglesia, la Ética? ¿Qué opináis?
  3. "La gente, que estaba en expectación, sospechaba si no sería Juan el Mesías". ¿Qué diferencias apreciáis entre "Juan" y "Jesús"? ¿Quién es realmente vuestro Mesías?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)