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miércoles, 26 de diciembre de 2012

REFLEXIONES DOMINICALES. SAGRADA FAMILIA. CICLO C.

SAGRADA FAMILIA. Año C.
Por cerezo Barredo
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Comentando este evangelio, uno de los participantes dijo:
Si mi hijo me hubiera hecho una mala jugada de estas, ¡el primer saludo habrían sido un par de bofetadas!
Todos sonreímos, y algunos estaban de acuerdo.
Pero inmediatamente pensamos que Lucas nos debía querer comunicar algo más significativo
"Cuando tenía 12 años …"
Hay que tener en cuenta que en los Relatos de infancia, Lucas no escribe una "biografía" sino un "evangelio".
Los 12 años eran la edad de la emancipación –los chicos y chicas a menudo ya se iban de casa para ir a servir o hacer de mozo–. Sólo el heredero se quedaba ayudando y aprendiendo del padre si éste tenía un oficio.
El evangelista aprovecha este hecho para comunicarnos algo importante sobre Jesús y sobre la vida humana. En la niñez, todos empezamos siendo inferiores con relación a los padres y a los mayores. Pero se trata de una inferioridad temporal.
Lucas ya nos había dicho, después de la Presentación en el templo (2,40), que Jesús "crecía y se fortalecía" junto a sus padres. En el Relato de hoy se vuelve a decir lo mismo, y se añade que vivía sometido a ellos. En el primer relato no era necesario decirlo porque ya se podía suponer. Como todos los niños, Jesús estaba sometido por inferioridad. Pero, a los 12 años, deja clara su independencia y, desde esa independencia, vuelve a someterse por generosidad. Y esto le hace crecer aún más.
¿Por qué me buscabais? …
Esta respuesta de Jesús es realmente insolente.
¿Por qué el evangelista Lucas pone en boca de Jesús una respuesta tan impertinente?
Seguramente Lucas ya era testigo de la dificultad de muchas comunidades para asumir la libertad cristiana. Seguramente, ya en los inicios de la Iglesia, se constataba el miedo de muchas personas a vivir de acuerdo con una fe adulta, más allá del inicial infantilismo de la propia religión. Recordemos la carta a los hebreos! O la carta a los gálatas ("¡Gálatas insensatos!, ¿quién os ha podido fascinar, después que yo os había puesto ante los ojos la figura de Jesucristo clavado en cruz?". 3.1). Con la "insolencia" de la respuesta puesta en boca de Jesús, Lucas nos quiere llamar la atención sobre la llamada de Dios a ser "hijos", e "hijos adultos".
Dos mil años después, es evidente que, ni siquiera con un lenguaje tan provocador, el evangelio de Lucas ha conseguido que la mayoría de los cristianos vivan su pertenencia a la Comunidad de una manera adulta.
Se hace notar que sus padres no comprendieron la respuesta de Jesús. Es normal: la primera relación de los padres con sus hijos conlleva un fuerte sentimiento de propiedad. La emancipación siempre coge por sorpresa. A pesar de todo, seguramente Lucas no piensa tanto en las relaciones de padres-hijos como en las relaciones entre jerarquía-fieles.
Jesús responde haciendo referencia a “su Padre”. No es que Dios sustituya a los padres naturales sino que toda la superioridad de los padres (jerarquía) hacia los hijos debe conducir a la emancipación y a experimentar esa "filiación más profunda" que nos hace sentir hermanos de todos y servidores unos de otros desde la igualdad y la libertad generosa.
Con la referencia a "la casa de mi Padre" (más exactamente a "las cosas de mi Padre"), Lucas nos quiere indicar que cada persona tiene una misión no recibida de los padres sino de Dios, que para cumplirla tiene la obligación (y el derecho) de ser libre.
Pero Lucas nos quiere decir todavía otra cosa más significativa.
De momento Jesús, para "las cosas de mi Padre", se queda en el templo de Jerusalén. Pero, precisamente la misión de Jesús será ayudar a todos a descubrir que las "cosas de mi Padre" que encontramos en el templo tienen por finalidad hacernos religiosamente adultos. A partir de ahí, las "cosas de mi Padre" se encuentran allí donde haya un ser humano.
El evangelio de Lucas repite una y otra vez que los padres de Jesús cumplen en él "todo lo que está mandado en la Ley del Señor". En cambio, después de los "12 años", Jesús no vuelve al templo si no es para enseñar que "ya ha pasado el tiempo del templo". En la predicación de Jesús el "templo de Israel" deja paso al "Reino de Dios" universal. Jesús no es un "sacerdote del templo" sino el hombre-adulto, y, como tal, señor del templo, del sábado, de la Ley y de la religión (Lucas 6,5).
Al cabo de tres días …
Referencia clara a los tres días en que los discípulos "perdieron" a Jesús después de su muerte en Jerusalén.
A José y María se les perdió "su" niño Jesús, y al cabo de tres días le reencuentran adulto y emancipado. A los discípulos se les perdió "su" mesías de Israel, y al cabo de tres días le reencuentran como salvador universal.
Jesús (todo ser humano) no es propiedad privada de nadie: ni de sus padres, ni de su pueblo, ni de las Comunidades cristianas. En todo caso pertenece a Dios, y de Él lo recibimos como un don, quedando excluida toda relación de propiedad, de dominio o de sujeción. Jesús es el hombre-adulto, el nuevo Adán, primogénito de la Humanidad adulta, libre y generosa.
Lucas divide la historia humana en dos partes: infancia/ley (antes de Cristo) y adultez/servicio generoso (después de Cristo). Y aplica esta división a la propia vida personal de Jesús, antes y después de los 12 años. Igualmente ocurre en cada uno de nosotros.
Pero aquí sorprende una cosa: según Lucas, Jesús comienza su vida pública cuando tenía unos 30 años (Lucas 3,23). ¿Qué ocurre con los "18 años" de vida adulta, pero sujeta a sus padres?
Como ya he dicho, para Lucas, ser adulto no significa vivir "independiente de todos" sino hacer de la propia vida un servicio a los demás desde la libertad.
MENSAJE
Formamos parte de la historia universal, y todos somos, a la vez, una historia personal.
Dentro de la historia universal, estamos ya en "después de Cristo", en situación de mayoría de edad, es decir: en tiempos de libertad generosa y servicial.
Pero, en nuestra historia personal, cada uno comienza en la niñez, y es llamado a crecer hasta llegar a la madurez personal, de acuerdo con "su tiempo". Todos, religiosamente hablando, comenzamos "antes de Cristo", pero cada uno a su ritmo y según su generosidad, está llamado a alcanzar la plenitud de la libertad cristiana, y a disfrutar de ella.
RESPUESTA
La respuesta es doble:
- Con vistas a nosotros mismos:
Necesitamos ser fieles a nuestra vocación a ser adultos.
La libertad es un derecho porque es un deber. Si queremos servir, necesitamos ser libres (como los "taxis", que sólo nos sirven si están "libre"). Por cómoda que nos sea la "niñez", la fidelidad a la Vida (al don de Dios) nos reclama crecer hasta la plenitud de Cristo.
La emancipación-libertad no la logramos cuando nos la dan sino cuando descubrimos la necesidad y la obligación. En este sentido, sería contradictorio esperar la emancipación-libertad como una concesión de los padres o de la jerarquía, simplemente debemos asumirlas por responsabilidad.
Las personas realmente adultas no "creen" en la autoridad sino que, en todo caso, la "crean" cuando la consideran necesaria para unos servicios determinados.
- Con vistas a los demás:
Hay que fomentar y respetar su autonomía. Esto comportará la aparición de comunidades adultas, libres para convertirse en creativas.
En este punto es urgente promover reformas profundas en los criterios y en los comportamientos de nuestra Iglesia.
Hay que tener en cuenta un hecho: en la medida en que el mensaje cristiano fue tomando la forma de una religión, retornó al tiempo "de antes de Cristo". En esta situación, muchos "cristianos" no superan la minoría de edad religiosamente hablando. Y ha sido precisamente el crecimiento de la vida humana al margen de la religión, lo que más nos ha ayudado a re-descubrir nuestra vocación a ser adultos. ¡Bienvenida laicidad!
Habría que aprovechar la carencia de vocaciones al "sacerdocio" para recuperar la vitalidad de las Comunidades. Son éstas las que generan las vocaciones para los servicios que necesiten.
Cuando en la actualidad se habla de "falta de sacerdotes", posiblemente se está cometiendo una equivocación importante y de resultados nefastos. Los "sacerdotes" hacen falta si queremos mantener la situación de Cristiandad. La Cristiandad, a pesar de haber tenido cosas buenas, fue un retroceso a "antes de Cristo", cuando aún se necesitan "templos", "sacerdotes" y "ritos sagrados" para conectar con "las cosas de Dios".
Pero hoy, incluso la sociedad civil, además del Evangelio, nos impulsa, nos pide y nos exige una opción decidida por la mayoría de edad. Nuestra sociedad ya no necesita "servicios religiosos" a menos que sean fermento de libertad. Hay muchas libertades, pero poca libertad. Aquí el mensaje cristiano tiene todavía mucho trabajo por hacer.
PREGUNTAS para el diálogo
  1. Examinando las diferentes leyes eclesiásticas que conocéis, ¿os parece que en determinadas ocasiones habría que no cumplirlas por respeto a la vida adulta de la comunidad? Concretad leyes y momentos.
  2. ¿Podríais ilustrar el evangelio de hoy desde vuestra propia experiencia con los hijos, alumnos, ayudantes o personas dependientes de vosotros?
  3. En estos tiempos de cambios, ¿encontráis momentos para, como María, conservar todos estos recuerdos en vuestro corazón?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)