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miércoles, 16 de enero de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO II DE ORDINARIO. CICLO C.

DOMINGO II DE ORDINARIO
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Es conveniente, ya desde el primer momento, no leer este relato de las bodas de Caná como la narración de un hecho objetivo. Se trata de una alegoría. La relación entre Yahvé (Dios) y la Comunidad de Israel era expresada a menudo con el lenguaje propio de la alianza matrimonial (1ª Lectura). Del mismo modo que la mujer, cuando es elegida por un hombre para ser su esposa, también Israel se sabe elegido por Dios. Aquí, sin embargo, hay que notar que la alianza matrimonial entre los judíos era muy distinta a como es ahora entre nosotros. Entre nosotros, hombre y mujer están en un plano de igualdad, no era así entre los judíos del tiempo de Jesús. Esta diferencia es importante para entender el mensaje del evangelio de hoy.
El evangelio de Juan sitúa el comienzo, de la obra de Jesús, en las bodas de Caná. De este modo se prentende expresar la situación que conlleva la alianza entre Dios e Israel. En este relato, María, la madre de Jesús, representa a la comunidad fiel de Israel. Es ella quien, gracias a la presencia de Jesús (con sus discípulos), se da cuenta de que la alianza entre Dios e Israel ha llegado a su término. El evangelista lo dice gráficamente: "Se terminaba el vino", y María se lo hace notar a Jesús: "No tienen vino". De hecho, el símbolo más propio de aquella alianza no era el buen vino sino más bien las tinajas de piedra, para las purificaciones legales (es decir: la Ley, escrita en tablas de piedra). Maria descubre que, en Jesús, ya está presente el "buen vino", y les dice a los sirvientes: "Haced lo que él os diga".
“… Aún no ha llegado mi hora …”
Jesús es cien por cien judío, y como miembro del pueblo elegido se encuentra también presente en la boda. Pero la alianza de Dios con Israel no debe entenderse como un privilegio en beneficio de Israel, sino como la misión de preparar a la Humanidad para recibir el don de Dios. Es toda la Humanidad la destinataria final de la elección de Israel.
Es cierto: como hijo de Israel, Jesús realizará esta misión, pero "no ha llegado aún la hora". La alianza definitiva no vendrá representada en unas "bodas" sino en el árbol de la cruz, recuperación del mítico árbol de la vida, "perdido" por la primera pareja cuando estaban en el jardín inicial (Génesis 2,9 y 3,24).
Este relato de las bodas de Caná al comienzo de la actividad de Jesús forma una inclusión con el relato final de Jesús en la Cruz. Están presentes los mismos personajes centrales: Jesús y María, pero la situación es muy distinta.
En ambos casos está la "madre de Jesús", en ambos casos Jesús habla a su madre llamándola "mujer" (que, en un contexto de alianza matrimonial, puede significar también "esposa"), en los dos casos están los discípulos, aunque en la Cruz, representados por el "discípulo a quien Jesús amaba".
Pero hay también diferencias radicales.
En Caná, para Jesús "aún no ha llegado su hora"; pero en la Cruz, es el momento álgido de su hora.
En Caná "no tienen vino"; pero en la Cruz, del costado abierto de Jesús sale "sangre y agua", símbolo de la alianza en plenitud. (También Eva fue "sacada" del costado de Adán)
En Caná, María es la "madre de Jesús". En la Cruz, se convierte en "madre del discípulo a quien Jesús amaba", personificación de todos los discípulos que vendrán, y es "acogida" en casa de ellos (Juan 19,26).
En Caná, el esposo es Dios sólo implícitamente presente en forma de Ley, evocada por las seis tinajas de piedra destinadas a las purificaciones legales. En la Cruz, el esposo es Dios explícitamente presente en el Hombre–Jesús, el "Hijo Único que está en el seno del Padre" (Juan 1,18 y 34), y la "esposa" es ya toda la Humanidad, representada en las "Tres Marías" (Juan 19,25), entre las que destaca María Magdalena en el relato del huerto (jardín) (Juan 20,13).
"Así, Jesús comenzó sus milagros (signos) …"
Las bodas de Caná son una alegoría de la historia pasada. Y la historia es el primer signo.
En el evangelio de Juan, la adhesión a Jesús (la fe) se va realizando progresivamente, por pasos. El verdadero discípulo va viendo los diferentes signos y va creciendo en su fe–adhesión. Al final, la cruz–resurrección: como gran signo, y definitivo. Entre las bodas de Caná (la historia de cada uno) y la cruz–resurrección, existe todo aquello de lo que nos habla el evangelio de Juan: el camino que va desde la "vida que debe ser alimentada" hasta la "vida convertida en alimento, y entregada".
MENSAJE. 
Nos ha sido hecha una oferta: pasar de ser sólo "esposa" a ser "hijos" en el Primogénito, que manifiesta y continúa la obra de Dios.
Ser "esposa" es poco en los planes que Dios tiene para nosotros.
Aquí, como ya he dicho, hay que tener en cuenta que, en aquel tiempo, la esposa tenía una profunda dependencia hacia el marido, el cual, además, era considerado el único auténtico protagonista de la vida de la pareja. Ser "hijos en el Hijo" nos hace también participantes en el protagonismo del Primogénito.
RESPUESTA. 
Aceptar la oferta.
Esto conlleva sentirse colaboradores en la obra de Dios. "Sus discípulos creyeron en él".
La obra de Dios somos nosotros mismos, es decir: la humanidad. Por eso, como colaboradores de Dios, nuestra respuesta consiste en "ser humanidad y construir humanidad".
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. "Colaboradores de Dios". Hay infinitas maneras de hacerlo, pero cada momento tiene las que le son propias. ¿Cómo ha ido variando vuestra forma personal de "construir Humanidad"? ¿Cómo debería ser para la Iglesia, o para vuestra comunidad, esta acción humanizadora en la sociedad actual?
  2. La Iglesia considera el matrimonio cristiano como un sacramento. ¿Es que tiene algo de especial el matrimonio cristiano? ¿En qué consiste, lo que es especial? ¿Proviene del hecho de celebrarse "por la Iglesia" o en la forma de vivir el amor matrimonial?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)