Traductor

miércoles, 13 de febrero de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO I DE CUARESMA. CICLO C.

DOMINGO I DE CUARESMA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

En primer lugar, sorprende que el Espíritu empuje a Jesús al desierto para ser tentado durante cuarenta días. Lucas no se atreve a decirlo explícitamente tal y como lo hace Mateo (Mateo 4,1), pero lo deja entender.
Israel había tardado cuarenta años en pasar del "País donde eran esclavos" a la "Tierra Prometida". "Cuarenta años" indica todo el tiempo de una generación. Esto quiere decir que ninguno de los que salieron de Egipto llego a entrar en la tierra prometida, ni siquiera Moisés. Así pues, la experiencia de pasar de la esclavitud a la libertad, superando las pruebas del desierto, estaba todavía por hacer. Según los evangelios, el Espíritu empuja a Jesús al desierto precisamente para que supere estas pruebas. Con la "victoria" del israelita Jesús, Palestina se convierte realmente en "Tierra Prometida" y Tierra de Libertad. Y la misión de Jesús será hacer llegar a todo Israel la libertad propia de la Tierra Prometida. Por eso comenzará "reconstituyendo" las Doce Tribus a través de los Doce Apóstoles (Lucas 6,13).
El desierto no pretende ser en absoluto un lugar sino un proceso. Las pruebas no son para pasar de un país a otro sino para pasar de la Esclavitud a la Libertad. Israel es una parábola de la Humanidad: todos los humanos comenzamos en diferentes formas de Esclavitud, y estamos llamados a la Libertad.
Pero la Libertad no se improvisa. Es un don, pero también una conquista. Para poder recibir el don, es necesario superar unas pruebas las cuales, vistas desde nosotros mismos, son tentaciones.
El ayuno no es ninguna huelga de hambre sino el esfuerzo por controlar nuestras necesidades a fin de que no sean un obstáculo a que la Palabra de Dios nos "alimente".
Después de cuarenta días, las necesidades reclaman ser atendidas. Pero las necesidades son algo tan nuestro que tenemos, sobre ellas, un cierto control. Es aquí donde nuestra libertad puede empezar a actuar. Y es aquí donde se presenta la tentación.
En nuestra sociedad resulta poco serio hablar del diablo. Para nosotros, los diablos son personajes folclóricos relacionados con los “Pastorets” o con las Fiestas del fuego.
Pero en el evangelio tienen un significado profundo: representan aquel doble pensamiento o deseo que a menudo coloca una división y un conflicto en el corazón humano. Esta duplicidad nace del hecho de que el ser humano no es sólo un conjunto de necesidades ─la más significativa de las cuales es alimentarse─ sino que experimenta también un profundo deseo de trascender.
Dada la situación de Jesús, la propuesta del diablo es muy "sensata": "Si eres hijo de Dios, ordena que esta piedra se convierta en pan".
El diablo, es decir, el pensamiento o el deseo provocado por las necesidades, propone a Jesús que se dedique a solucionar el problema que ahora experimenta: el hambre.
De hecho, esto es lo que hacemos normalmente con nuestro trabajo de cada día.
La réplica de Jesús es muy extraña. ¿Qué significa que el hombre no vive sólo de pan? ¡El pan es necesario! En el desierto de la vida experimentamos continuamente nuestras necesidades. Y son necesidades reales. Es necesario atenderlas. Es necesario ejercer nuestra capacidad de transformar las piedras (la Naturaleza) en pan (todo lo que necesitamos).
Jesús no niega las necesidades ni la capacidad de transformar las piedras en panes; pero tiene en cuenta la Palabra de Dios. Dios no nos creo para que fuéramos sólo un "tubo digestivo" o un "saco de necesidades". "Si eres hijo de Dios" … Si somos hijos de Dios, el horizonte que se abre ante nosotros no es ir consumiendo la vida para convertir las piedras en panes y poder satisfacer nuestras necesidades. Ser hijos de Dios significa que estamos invitados a participar en la vida divina.
La finalidad del desierto, con las necesidades inherentes, no es sobrevivir, sino experimentar la presencia bondadosa de Dios que nos prepara para la Tierra Prometida; para la Libertad. Más aún: para la comunión de vida con DiosPadre.
Esta es la primera tentación, la inicial, la que afecta a todos los seres humanos, la que Israel no superó en el desierto (Éxodo 16,3); la que Adán y Eva no superaron en el Paraíso cuando vieron que el fruto del Árbol del conocimiento era bonito y apto para convertirse en (pequeños) dioses (Génesis 3,6).
Consiste en confiar, para vivir, sólo de las propias capacidades, prescindiendo del proyecto amoroso de Dios sobre nosotros. La no superación de esta tentación viene escenificada en la famosa parábola del Hijo Pródigo. El hijo "pequeño", a pesar de ser "hijo" reclama del Padre aquello que le corresponde, y se va por su cuenta, para vivir independiente del Padre y de su amor.
Jesús es el contrapunto. Él vence la tentación.
Superada la Primera Tentación, nuestras necesidades ya no son un impedimento para trascender y poder mirar también a nuestro mundo, y descubrir que faltan muchas cosas y que hay mucho mal a corregir. Espontáneamente nos aparecen las ganas de hacer algo para "salvar al mundo".
Pero, ¿cómo?
Y aquí puede aparecer la Segunda Tentación: "Adorar el Poder". Salvar a nuestro mundo confiando en el Poder. ¡¿Qué puede haber más "eficaz"?!
El "Poder", con sus mil disfraces, es el dueño real de nuestro mundo. Sólo hay que pactar con él para ser eficaces en la tarea de salvar al mundo. ¡¿Qué puede haber más noble?!
Jesús replica al tentador recitando aquella sentencia que resume todo el mensaje, radicalmente humanizador, de la Biblia de los Judíos: "Adora al Señor, tu Dios, dale culto solo a Él".
Israel, con sus constantes servidumbres, es una parábola de la Humanidad, constantemente sometida a los Poderes de turno. Todos los Dictadores han sido exaltados como grandes salvadores; pero la triste historia humana deja claro que el "Poder", con sus grandes y maravillosas construcciones y revoluciones, siempre resulta destructor de Humanidad. Es la antítesis de la acción de Dios. Dios crea Humanidad; el Poder destruye Humanidad. Todos los dictadores se han elevado sobre montones de víctimas.
Pero el "Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" es el Dios que ha sentido y escuchado los gemidos de las víctimas (Éxodo 3,7). Jesús lo tiene claro, y supera también esta tentación.
Dios crea Humanidad. El Poder destruye Humanidad. Pero hay un Poder del cual su malicia es difícil de detectar: aquel que se reviste con vestiduras sagradas; aquel que aparece como un servicio a Dios o como un acto de confianza en él.
Es la tercera tentación.
Se inspira, incluso, en la Palabra de Dios. Hacer una gran exhibición para que todos se den cuenta de que hay un enviado de Dios. "Confiar" en Dios porque "ha dado orden a sus ángeles de guardarte".
Es una tentación sutil que pretende comprometer a Dios en "nuestra" obra, en lugar de comprometernos nosotros en la suya. Pretender que el poder y la bondad de Dios confirmen nuestra acción pretendidamente "salvadora".
"Dice la Escritura: 'No tentarás al Señor tu Dios'".
Jesús supera también esta tentación tan propia del "mundo religioso".
Ahora, superadas las diversas tentaciones, Jesús se podrá presentar al mundo como hombre libre, portador de Libertad.
Pero será una Libertad combatida, como ya anunció el viejo (y experimentado) Simeón a la madre de Jesús (Lucas 2,34). Por esto el evangelista termina de una forma tan sorprendente este relato: "… el diablo se alejó de él, esperando que llegara la oportunidad".
MENSAJE. 
El mensaje viene constituido por las tres respuestas de Jesús, que tienen carácter progresivo. En primer lugar se nos dice que la vida en la que estamos invitados por Dios supera a la que nos podría venir sólo de satisfacer nuestras necesidades. En segundo lugar se nos dice que esta vida sólo es posible si renunciamos a toda forma de dominio sobre los demás. En tercer lugar se nos indica, de forma especial, que debe quedar excluida cualquier "superioridad" pretendidamente venida de Dios. La Cuaresma mira a la Pascua, como el Desierto mira a la Tierra Prometida.
RESPUESTA. 
La respuesta personal varía según en qué tentación estemos atascados. A nivel de toda la Iglesia, las tres tentaciones están siempre muy presentes. Pero, al menos teóricamente, entre nosotros se ve claro que la primera y la segunda tentaciones existen y las tenemos que ir superando. Quizás no las vencemos del todo, pero al menos somos conscientes de que son tentaciones que hay que superar.
En cambio la tercera tentación todavía es poco detectada. Parece que la "religión", más o menos "laicalizada" en el campo social (necesidades) y bastante excluida del campo de los "poderes fácticos", se está refugiando en un ámbito religioso propio donde puede mostrarse como algo "importante". Optamos por "grandes espectáculos religiosos", en una sociedad en donde "el espectáculo", la "multitud", "la exhibición" son muy valorados. Mantenemos el "pináculo del templo" para hacer nuestras exhibiciones. Parece que no acabamos de descubrir que, quizás, estamos "tentando a Dios".
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Cada tiempo es cada tiempo. ¿En los tiempos actuales, pensáis que están de acuerdo con el evangelio las exhibiciones religiosas? ¿Son una forma adecuada de dar testimonio?
  2. Después de grandes catástrofes o de grandes injusticias, mucha gente suele preguntar "¿Dónde estaba Dios?". ¿Qué pensáis de esta pregunta? ¿Qué idea de Dios presupone? ¿Coincide con la del evangelio?
  3. Es bonito decir que la Cuaresma prepara la Pascua. Pero no hay Pascua sin Viernes Santo. ¿Qué os sugiere esto?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)