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martes, 26 de febrero de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO III DE CUARESMA. CICLO C.

DOMINGO III DE CUARESMA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Nos hallamos en el punto central de la Cuaresma, tiempo de conversión. Pero el evangelio de hoy nos habla de conversión en un lenguaje duro. El punto de partida son unos hechos desgraciados que produjeron demasiadas víctimas. Y las palabras de Jesús resultan incluso crueles: "Si no os convertís, todos pereceréis".
La dureza de las palabras de Jesús se corresponde con la dureza de la valoración que la gente hace de las víctimas. Ante la desgracia, tenemos tendencia a buscar culpables, y nuestra dureza es capaz de declarar culpables precisamente a las propias víctimas, considerando su desgracia como un castigo de Dios. Pensamos a veces: "Algún mal habrán hecho … que les haya ocurrido esto".
Jesús reacciona: “¿Pensáis que esos galileos fueron maltratados porque habían sido más pecadores que los demás galileos? Os digo que no: si no os convertís, todos pereceréis”. Con dureza Jesús denuncia la dureza, y exige de todos la conversión.
Convertirse.
Sigue una parábola en donde se continúa el lenguaje duro: "Córtala de una vez. ¿Para qué la tengo, si no hace más que ocuparme la tierra? "─ dice el propietario de la higuera.
Con la parábola de la higuera Jesús nos dice porqué hay qué convertirse, y así, de paso, nos explica también qué significa convertirse.
La viña es un símbolo del Pueblo Elegido, especialmente trabajado, protegido y mimado. En los viñedos siempre se plantaba una higuera, muy necesaria para que los trabajadores pudieran descansar a su sombra (las cepas tienen la sombra demasiado baja) y alimentarse con sus maravillosos frutos. Pero una higuera que no da fruto no sirve para nada, sólo estorba. "Córtala de una vez"!
Pero la parábola quiere resaltar la ternura del viñador. El viñador excusa a la higuera: "No es culpa suya; tal vez no la he trabajado suficiente; quizá le falta abono …".
¿Quién es este viñador?
Es una extensión del mismo propietario. En esta parábola se muestran a la vez la dureza y la ternura, la justicia y la bondad.
Justicia y ternura, en Dios, no son cosas opuestas. En realidad, hay que hablar de una justicia tierna y de una ternura justa. Son dos aspectos que se corresponden con los dos aspectos de nuestra realidad más profunda: somos "creaturas", pero hechos a imagen del "creador". Como criaturas, dependemos de la acción de Dios, y sería suicida querer deshacerse de ella. Como creadores, podríamos caer en el engaño de creernos que ya podemos funcionar sólo con nuestra creatividad.
Imaginemos una lámpara eléctrica: es capaz de dar luz y calor, pero no puede funcionar si no está conectada a la corriente eléctrica. Su capacidad de dar depende de su capacidad de recibir. Y por potente que sea, sería una fatal equivocación pretender arrojar luz prescindiendo de la fuente que la alimenta.
Cuando el hombre "descuida" su conexión con su Fuente, entra en una situación de grave riesgo.
La dureza de Dios pretende deshacer nuestra dureza de corazón cuando nos resistimos a recibir su ternura, que es lo único que nos permite existir, y disfrutar de la vida.
MENSAJE. 
Como se lee, también, en la Segunda Lectura, la dureza de Dios es con la intención de romper nuestra dureza de corazón, y que así estemos en disposición de recibir los dones que nos ofrece su ternura. La desgracia de las víctimas de la crueldad de Pilatos o del accidente de la Torre de Siloé no es peor que la "desgracia" de la higuera que no da fruto. El lenguaje es duro; el mensaje es tierno.
Como leeremos en la parábola del próximo domingo, es como si se nos dijera: "O aceptáis ser hijos o no tenéis cabida en la casa del Padre. No hay otra opción". Y si sois hijos en relación con Dios, entre vosotros sois hermanos, no jueces. (Hablaremos de ello el próximo domingo).
RESPUESTA. 
Evidentemente, la respuesta es convertirse. Y en este caso, "convertirse" significa dejarse "cuidar" por el viñador; dejarse amar. Como la higuera: dejarse cavar y abonar. El "fruto" ya vendrá por sí sólo. En realidad, el "fruto" somos nosotros mismos en la medida en que aceptamos ser hijos.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Si sois padres, ¿recordáis situaciones en las que habéis tenido que mostrar con dureza vuestra ternura hacia vuestros hijos?
  2. Las desgracias siempre son desgracias, y hay que hacer lo que sea para evitarlas. Y, si esto no es posible, hay que solidarizarse con las víctimas. Pero, ¿habéis experimentado situaciones en las que una desgracia haya tenido también aspectos o resultados positivos?
  3. En las desgracias, ¿tenéis más tendencia a preguntaros "¿dónde estaba Dios?", o a preguntaros "¿donde os situáis, vosotros?"?. Dicho de otro modo: ante las desgracias, ¿os dedicáis todo a buscar culpables o buscar soluciones?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)