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miércoles, 27 de marzo de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO DE PASCUA. CICLOS A,B y C.


EVANGELIO (Juan 20,1-9)

NOTA: La visita al sepulcro, de Pedro y del otro discípulo forma parte de un relato más largo centrado en la figura de María Magdalena, y es muy difícil entender su significado si se separa de este relato más amplio. Por eso aquí añado en rojo el trozo del relato que no se encuentra en el misal. (Nota del traductor: La versión del Evangelio expuesta es una traducción de la versión catalana del Misal. Puede que haya algunas variaciones con relación al Misal Español)
El domingo María Magdalena fue al sepulcro temprano,
cuando aún era de noche,
y vio que la piedra había sido movida de la entrada del sepulcro.
Ella se va corriendo al encuentro de Simón Pedro y el otro discípulo,
aquel a quién Jesús amaba tanto, y les dice:
«Se han llevado al Señor del sepulcro
y no sabemos dónde está ».
Entonces, Pedro, con el otro discípulo, salió hacia el sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo se adelantó
y llegó primero al sepulcro,
se agachó para mirar dentro
y vio las vendas en el suelo;
pero no entró.
Detrás de él llegó Simón Pedro,
entró en el sepulcro y vio las vendas en el suelo;
pero el pañuelo que le habían puesto en la cabeza
no estaba tirado como la sábana,
sino atado todavía en el mismo lugar.
Entonces entró también el otro discípulo
que había llegado primero al sepulcro,
vio y creyó.
Hasta ese momento no habían entendido que,
según las Escrituras,
Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Y los dos discípulos regresaron a casa.
María se quedó llorando fuera, al lado del sepulcro.
Mientras lloraba, se agachó para mirar dentro del sepulcro
y vio dos ángeles vestidos de blanco,
sentados en el lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús,
uno en la cabeza y el otro a los pies.
Ellos le dicen:
-Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les responde:
-Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Así que acabó de decir estas palabras,
se volvió y vio a Jesús allí de pie,
pero no sabía que era él.
Jesús le dice:
-Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le responde:
-Si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto,
y yo misma me lo llevaré.
Jesús le dijo:
-¡María!
Ella se vuelve y le dice en hebreo:
-Rabuni -que significa «maestro».
Jesús le dice:
-Suéltame, que todavía no he subido al Padre.
Ve a mis hermanos y diles:
"Subo a mi Padre, que es vuestro Padre,
a mi Dios, que es vuestro Dios. "
María Magdalena fue a los discípulos
y les anunciaba: «He visto al Señor».
También les contó lo que él le había dicho.



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DOMINGO DE PASCUA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Este relato, en su conjunto, es tan inverosímil que esto solo ya nos indica claramente que no se trata de la crónica de un hecho objetivo sino de un lenguaje plenamente simbólico que expresa una realidad tan profunda que no puede ser dicha con lenguaje directo. Los diferentes relatos del anuncio de la "resurrección" no tratan de decirnos lo que sucedió objetivamente con el cadáver de Jesús. Eso ya lo sabemos por la experiencia diaria. Los relatos evangélicos son para hacernos descubrir y celebrar lo que constituye la realidad más profunda y gozosa de la vida humana: que la vida–entregada no se pierde, sino que "se enchufa" en la propia VIDA de Dios.
Cada evangelista lo expresa con un lenguaje simbólico extraído de su entorno y de la vivencia que hace su Comunidad. Dos mil años después, es bueno que nos ayudemos mutuamente a entrar en el significado de estos símbolos y, así, poder disfrutar, también nosotros, de la buena noticia que contienen, y celebrarla.
En primer lugar, es conveniente leer todo el relato, es decir: leer también el trozo que sigue al fragmento que nos ofrece el Misal (y que yo he añadido en rojo).
La Biblia expresa la relación de Dios con la Humanidad usando el lenguaje de la alianza matrimonial: Dios es el esposo y la Humanidad es la esposa. En el evangelio de Juan, Dios–esposo viene personificado en Jesús, y la Humanidad–esposa viene personificada en María Magdalena, la cual "sustituye" a María, la madre de Jesús, que personifica la alianza preliminar de Dios con Israel.
El relato de hoy nos presenta la resurrección de Jesús como el encuentro de la esposa con el esposo, inspirándose sobre todo en el poema bíblico del Cantar de los cantares (3,1-4).
María Magdalena, como toda buena esposa, va al "sepulcro" a llorar la muerte de su Señor, pero ve que ha sido movida la piedra de la entrada, aquella que separaba el "mundo de los muertos" del "mundo de los vivos". Ella lo interpreta pensando que han robado el cuerpo de su esposo. Como esposa, busca y reclama el cadáver, y avisa de inmediato a los amigos del esposo. La presencia de Pedro y del otro discípulo sugiere que la cámara sepulcral, sin la piedra que la separa del mundo de los vivos, ya no es un lugar de muerte sino que se ha convertido en la cámara nupcial, que está lista para la Nueva Alianza. La "sábana" ya no sirve para amortajar un cadáver sino para el atuendo propio de la cámara nupcial. En cambio el "sudario", símbolo de muerte, que habían puesto sobre la cabeza de Jesús, ahora está envolviendo un "lugar" aparte (La traducción del Misal es muy ambigua).
En el lenguaje de los judíos, la expresión "el lugar" designaba el templo de Jerusalén. Así pues, simbólicamente, se dice que el sudario no cubre la cabeza de Jesús, sino que envuelve el templo. Es como si dijera: el templo ha muerto y seguirá muerto porque ya no es necesario. La Alianza preliminar ha dejado paso a la definitiva.
Cabe destacar la delicadeza del discípulo que Jesús amaba de no "entrar" directamente en la cámara nupcial, y, por contraste, la zafiedad de Pedro que entra enseguida, sin el debido respeto. El significado de estas acciones quizás se podría entender mejor si conociéramos bien las costumbres nupciales de aquel tiempo y el papel que jugaban los amigos del novio.
Pedro y el otro discípulo no se dicen nada porque, sin Jesús, no tienen nada en común fuera del deseo de descubrir qué ha ocurrido. Sólo del segundo se afirma que "vio y creyó", aunque "hasta ese momento no habían entendido que, según las Escrituras, Jesús debía resucitar de entre los muertos". A los discípulos, como a todos los humanos, nos cuesta entender que la muerte no sea la última realidad.
"Debía resucitar de entre los muertos".
¿Por qué Jesús murió, si tenía que resucitar? ¿Por qué los evangelistas no aplican a Jesús el modelo bíblico del profeta Elías, que fue llevado directamente al cielo? (2 de los Reyes 2,11).
A menudo entendemos mal esto de la resurrección. Lo entendemos como un paso atrás: volver a la situación de antes de morir. Imaginemos la vida como un camino, y la muerte sería como caer en un pozo, y resucitar consistiría en salir del pozo y volver al camino. Dentro de esta forma de imaginar las cosas, sería lógico preguntarse por qué Jesús murió si debía resucitar.
Según los evangelios (y el sentido común) las cosas no son así. La espiga es la plenitud del grano de trigo enterrado, no el retorno a lo que era antes. La vida es la misma pero cambia el "cuerpo" que le sirve de soporte. En el pequeño grano de trigo no cabría la plenitud y la exuberancia de la nueva espiga. Tampoco la resurrección es un retorno a la situación anterior, sino el paso a la plenitud. Se llega a la plenitud pasando por la donación total ("muerte"). Por eso Jesús debía resucitar de entre los muertos. En la muerte no pierde la vida sino que la entrega plenamente. A partir de ahora vivirá como vida–que–se–entrega.
La resurrección de Jesús no es sólo una "cuestión suya individual". No es el privilegio de un hombre extraordinario, hijo de Dios. Cada ser humano, en la medida en que es "vida–que–se–entrega", entra a formar parte de esta "Nueva Alianza" de la cual Jesús es la Cabeza, o el Primogénito, o el Esposo (en aquel tiempo, el esposo era considerado el cabeza de familia que formaba junto con la esposa). Es la vida de cada persona que adquiere la capacidad de responder a la llamada de Dios a ser hijos suyos: hijos en el Hijo; resucitados en el Resucitado.
Ni para Jesús ni para nosotros la resurrección no es un hecho puramente individual, ya que una "vida entregada" sería una "vida perdida" si nadie la recibiera. Por eso, no hay realmente comunidad si antes no existe comunión, una comunión abierta a todos, y difícilmente hay comunión sin unas personas concretas que la encarnen en alguna forma de comunidad.
Las comunidades serán múltiples y diferentes. La comunión es única, y abarca a todos los seres humanos, incluso a todos los seres vivientes.
"Mujer (esposa), ¿por qué lloras?" …
Parece una pregunta innecesaria. ¿Cómo no va a llorar la esposa que ha perdido a su esposo y Señor? Y, sin embargo, la pregunta se repite dos veces para que María Magdalena se dé cuenta de que ya no hay motivo para llorar sino que ha llegado la hora de alegrarse. Si ella todavía "no ve al esposo" es porque lo busca como cadáver. El que ella toma por "el hortelano" le permitirá recordar que Jesús fue "enterrado" en un "huerto", como se hace con las semillas.
Cuando Jesús la llama por su propio nombre "María", ella le reconoce inmediatamente y le abraza. Ahora son el Nuevo Adán y la Nueva Eva, los nuevos "padres" de la Humanidad plenamente Viviente.
Pero todavía no es la hora del abrazo pleno y definitivo. Este será entre Dios y la Humanidad. Antes, Jesús ha de subir al Padre, y María debe convocar a los hermanos. En la Nueva Alianza, el modelo ya no será el matrimonio (¡sobretodo tal como era en aquel tiempo!), sino la paternidad–filiación.
Nuestra dificultad para entender la resurrección viene del hecho de no entender la vida. No nos damos cuenta de la calidad de la vida que hemos recibido y de la plenitud a la que estamos llamados. La resurrección no es un "milagro". ¡La vida es el milagro!
Quizás resulte un poco sorprendente que algunos directores de cine o novelistas actuales hayan sido más perspicaces que muchos estudiosos de los Evangelios para darse cuenta de la intensidad amorosa del lenguaje del Cuarto Evangelio. Lástima que a veces lo hayan utilizado para añadirle cierta morbosidad.
MENSAJE. 
María Magdalena representa a la humanidad. Por eso al abrazo le sigue inmediatamente la misión. "Ve a mis hermanos y diles: «Subo a mi Padre, que es vuestro Padre, a mi Dios, que es vuestro Dios»."
El abrazo de Jesús es el abrazo de Dios a la Humanidad y a cada uno de sus miembros. A cada uno de nosotros, colocados ante la experiencia de la muerte, son dichas estas palabras: "Mujer, ¿por qué lloras?". ¡¿Qué grano de trigo lloraría por el hecho de convertirse en espiga?!
La resurrección de Jesús nos muestra sobretodo el abrazo de Dios a la Humanidad sufriente. "Hoy estarás conmigo en el Paraíso" (Lucas 23,43).
Y es también una advertencia para todos los "Poderosos": "Que sepa, de cierto, todo el mundo que Dios ha constituido Señor y Mesías a este Jesús a quien vosotros crucificasteis" (Hechos de los Apóstoles 2,36).
La resurrección, experimentada ya en Jesús, lo trastoca todo. Sin resurrección, la última palabra sería de los que tienen el poder de juzgar, condenar y matar. Nada nos podría librar de ellos. Pero, si Cristo ha resucitado, es que hay resurrección (1ª Corintios 15,12 ss), y la última palabra no la tienen los poderosos sino Dios–Amor.
Así, pues, "no hay que tener miedo a los que, después de matar el cuerpo, ya no pueden hacer nada más" (Lucas 12,4). Más aún: los crucificados se convierten en los "jueces" definitivos. Al final seremos examinados de amor (Mateo 25,40-46).
RESPUESTA. 
La respuesta nos viene indicada por la misma María Magdalena: "Rabuni!" (Que significa "maestro mío!"). "Y fue a los discípulos y les anunciaba: «He visto al Señor». También les contó lo él le había dicho".
Jesús dice a María Magdalena: "Suéltame" que aún no he subido a mi Padre. Quien ha tenido la experiencia del Resucitado no se debe abrazar a Él con actitud posesiva. El Resucitado no es "propiedad privada" de nadie, ni siquiera de la Comunidad. "Ve a anunciar a mis hermanos …". Es de todos los humanos de quien Jesús es hermano.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. La resurrección plena conlleva una vida plenamente entregada. Pero, ¿podemos comenzar a vivir la resurrección antes de morir?
  2. La resurrección de Jesús hace nacer la comunidad como "nuevo lugar" donde se visualiza la presencia de Dios, quedando "superados" los templos o santuarios (Juan 4,20 s). En la práctica, ¿cómo vivimos esto los cristianos?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)