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martes, 5 de marzo de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO IV DE CUARESMA. CICLO C.

DOMINGO IV DE CUARESMA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

Tradicionalmente, esta historieta ejemplar que hemos leído es conocida como la Parábola del Hijo Pródigo. Pero recientemente, los comentaristas nos invitan a llamarla la Parábola del Padre misericordioso. Es un cambio conveniente. Llamarla "del Hijo Pródigo" da el protagonismo al hijo menor y deja en la penumbra el comportamiento del padre hacia el hijo mayor, el cual representa precisamente a aquellos a quienes va directamente dirigida esta parábola.
Recordémoslo: el contexto de la escena viene dado por la crítica que los fariseos y escribas hacen a Jesús porque acoge pecadores y come con ellos. A quienes le hacen esta crítica, Jesús les responde con tres parábolas, la tercera de las cuales es ésta que hemos leído (Lucas 15, 2).
La auténtica protagonista de este relato es la BONDAD DEL PADRE. Ambos son hijos que no saben vivir su filiación en consonancia con la ternura del padre. Dicho de otro modo: la ternura del padre supera las expectativas de sus hijos, los cuales piensan en él sobretodo como dueño y señor, pero no como padre.
Era habitual que el hijo mayor fuera el heredero y, como tal, se quedara en casa para ayudar y continuar el trabajo y la vida de la familia. Normalmente los otros hijos tenían que irse de casa para ganarse la vida fuera.
Pero en nuestra historieta el hijo menor reclama su parte en la herencia, y el padre se la reparte. Así pues, el hijo pequeño se va de casa por la necesidad de ganarse la vida sino para poder vivir independientemente.
La parábola pone de relieve su regreso: "Ya no merezco llamarme hijo tuyo; tómame entre tus trabajadores". Esto es lo que pensaba decir, pero el padre no le escucha, porque sólo lo ve como hijo. Con su comportamiento le está diciendo: "O hijo o nada". El "nada" habría sido si no hubiera querido regresar, pero ha regresado, y, por tanto, sólo puede ser acogido como hijo. No queda otra alternativa. ¡Es la tierna "dureza" del padre!
Y lo mismo sucede con el hijo mayor. Este critica al padre porque no le ha dado nada para hacer fiestas con sus amigos. Esto lo dice porque ve al padre de la misma manera que le ven los otros jornaleros: como "dueño". "Tantos años a tu servicio, sin desobedecer nunca una orden tuya". Ha vivido en casa sin darse cuenta de que era hijo. "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo que yo tengo es tuyo". Ha servido siempre como sirviente sin darse cuenta de que era hijo, y por tanto hermano.
"… Debemos alegrarnos y hacer fiesta …".
La parábola del Padre misericordioso va precedida de otras dos parábolas: la del pastor que ha perdido una de sus cien ovejas, y la de la mujer que ha perdido una de sus diez monedas. Reencontrar la oveja perdida es causa de alegría para él y todos sus compañeros. Lo es también reencontrar la moneda.
Las tres parábolas nos hablan de alegría para todos. Sólo el hijo mayor se retrae de la alegría y de la fiesta compartida. ¿Qué le ocurre?
Recordemos que esta parábola va dirigida a los fariseos y maestros de la Ley, los cuales criticaban a Jesús diciendo: este acoge pecadores y come con ellos (Lucas 15,2).
MENSAJE. 
El mensaje de las tres parábolas se puede expresar con las palabras que Lucas pone en boca de Jesús: "Os digo que hay una alegría similar entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta" (Lucas 15,10). O en el otro lugar: "os digo que en el cielo habrá más alegría por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse" (Lucas 15, 7). Hay ironía en la expresión "justos que no necesitan convertirse". Quiere decir que el don de Dios es tan grande que todos necesitamos convertirnos para ser capaces de recibirlo.
RESPUESTA. 
La parábola no nos dice si el hijo mayor entró o no a la fiesta del hermano. Este "hijo mayor" representa a las personas "buenas" que hacen de su bondad un mérito ante los demás. Seguramente habrá quien entrará a la fiesta (es decir: se convertirá) y quién no querrá entrar. Con todo, la respuesta que nos propone y nos pide el padre es precisamente entrar en la fiesta del hermano.
En los evangelios a menudo se habla de la FIESTA DE BODAS: las "bodas" de Dios con la Humanidad. Hoy se nos presenta otro aspecto: la FIESTA DEL REENCUENTRO. Cada uno debe ver en qué es como el hijo menor y en qué es como el hijo mayor. Los dos deben convertirse, aunque de forma distinta. El padre organiza la fiesta para ambos. Para ambos, entrar en la fiesta conlleva aceptar al otro como hermano.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. A nivel de Humanidad, ¿no os parece que en la Iglesia, globalmente y con relación a las otras Religiones, a menudo hemos tenido un comportamiento similar al del hermano mayor? Comentadlo y, en su caso, sugerid caminos de conversión.
  2. El padre y el hijo mayor, ambos tienen "razones válidas" para comportarse como se comportan. Por lo tanto la "solución" no está en saber quién tiene razón. En vuestros conflictos, ¿buscáis solucionarlos atendiendo a las razones, o aplicáis algún otro criterio más efectivo?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)