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miércoles, 13 de marzo de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES.DOMINGO V DE CUARESMA. CICLO C.


DOMINGO V DE CUARESMA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/
PROYECTO DE HOMILÍA. 

Según los estudiosos, el relato que hemos leído hoy, estando actualmente en el Evangelio de Juan, no pertenece al texto original. Muchos de los antiguos códigos no lo contienen, y en aquellos que lo contienen no está siempre en el mismo lugar. Incluso alguna vez está "colocado" en el Evangelio de Lucas. Se trata, pues, de un relato independiente, muy antiguo, que ha acabado empotrado en el Evangelio de Juan a pesar de no usar ni su vocabulario ni su estilo literario, ni adecuarse demasiado con el contexto.
Pero, dado que ahora forma parte del Evangelio de Juan y que la liturgia nos lo propone para este domingo, intentaré dar los apuntes correspondientes. Creo que de este relato se pueden hacer dos interpretaciones muy diferentes.
Interpretación de "techos hacia abajo".
Tratándose de un relato independiente sin contexto propio, es difícil saber exactamente a qué responde y qué nos quiere decir. Por eso a menudo se ha hecho una interpretación de "techos hacia abajo", simplemente mirando su sentido directo. Así se puede hacer notar la actitud sesgada de los acusadores, quienes se interesan muy poco por la mujer sorprendida en adulterio; lo que buscan es comprometer a Jesús haciéndole una pregunta–trampa, por la que, responda lo que responda, podrá ser acusado. En este sentido, la pregunta de los acusadores hace pensar en aquella otra pregunta–trampa que encontramos en los Sinópticos de si es lícito o no pagar el tributo al César (Mateo 22,17). En este caso de la Adúltera, si Jesús no la condena, va contra la ley de Moisés, y si la condena, no es tan misericordioso como pretende demostrar, y, además, iría contra una limitación legal que los Romanos dominadores habían impuesto los Judíos.
La respuesta de Jesús es en tres actos: primero se desentiende del todo: se pone a jugar haciendo garabatos en el suelo con el dedo. Como insisten, levanta la cabeza, mira a los acusadores y les dice: "Aquel de vosotros que no tenga ningún pecado que tire la primera piedra".
Respuesta sorprendente, pero no tanto si tenemos en cuenta que, en las lapidaciones que ordenaba la Ley de Moisés, la primera piedra la debían tirar los testigos directos, los cuales, así, asumían la responsabilidad legal de aquella muerte.
Por otra parte, la respuesta de Jesús no dice que los testigos tiren la primera piedra sino aquel de vosotros que no tenga ningún pecado. Ellos se conocían demasiado bien como para que alguno se atreviera a tirar la primera piedra. El que lo intentara se exponía a la crítica de los demás acusadores que podrían decirle: "Vaya, ¿¡precisamente tú te tienes por un hombre sin pecado!? Por eso la respuesta de Jesús provoca que se vayan uno tras otro comenzando por los más viejos (que eran también los más conocidos …).
Sorprendentemente, cuando Jesús se ha quedado solo con la acusada, se hace el despistado y pregunta: "¿Nadie te ha condenado?". Si los acusadores, "garantes de la ley", no la han condenado, él, que ha predicado que no es el hombre para la ley sino la ley para hombre (y para la mujer!), Tampoco la condena. Y termina diciendo: "Vete y no peques más". Cabe resaltar que el relato no dice que la perdone, sino simplemente que no la condena, dándole un buen consejo.
También se puede destacar el diferente comportamiento de Jesús y de los acusadores fariseos y letrados. Igualmente se podría comentar la situación injusta en que la Ley sitúa a la mujer, ya que aquí no se hace ninguna referencia al "socio masculino" indispensable para el delito de la mujer.
Interpretación de "mayor vuelo".
Pero dudo mucho que este relato independiente esté escrito realmente para expresar la angustia de una mujer adultera, utilizada para comprometer a Jesús, y para poner de manifiesto la bondad de éste. Que este relato terminara empotrado precisamente en el Evangelio de Juan, ya nos indica que debe tener “mayor vuelo”, como ocurre con todos los relatos propios de este Evangelio. (Recordemos que, en la iconografía de la iglesia primitiva, el autor del Cuarto Evangelio está representado precisamente por un águila).
Seguramente este relato independiente quiere responder a una situación muy conflictiva que había entre las primeras comunidades cristianas.
Había comunidades formadas por personas provenientes del Judaísmo en las que no se habían abandonado las prácticas que mandaba la Ley de Moisés.
También habían bastante comunidades provenientes del Paganismo en las que se habían adherido también personas judías que progresivamente iban abandonando las prácticas la Ley.
Pues bien: a menudo estas personas judías de las comunidades pagano–cristianas eran acusadas por sus compañeros de las comunidades judías de ser infieles a la Alianza de Dios con Israel.
Recordemos que esta Alianza normalmente se expresaba en un lenguaje matrimonial. El propio Evangelio de Juan marca el comienzo de la vida pública de Jesús con una boda (Las Bodas de Caná de Galilea. Juan 2,1), y termina con el encuentro de Jesús con María Magdalena en un Huerto-Jardín, como nuevos Adán y Eva en el "Jardín terrenal" iniciando una Nueva Humanidad (Juan 20,13 ss). Por ello, en el lenguaje bíblico, se llama "adúltera" la persona o comunidad que es infiel a la Alianza de Dios con Israel.
Visto así, cada detalle de este relato adquiere un significado nuevo. "El adulterio" de los miembros judíos de las comunidades pagano–cristianas era constatable y continuado desde el punto de vista de los cristiano-judíos. “Esta ‘mujer’ ha sido sorprendida en el momento de cometer adulterio". La "adúltera" representa a las personas judías-cristianas que ya no se sentían obligadas por las "obras de la Ley". Los acusadores pretenden implicar la autoridad del propio Jesús, también judío. Pensemos sólo en las persecuciones constantes que tuvo que soportar San Pablo no sólo de parte de los judíos sino también de muchos cristiano-judíos.
Pero el autor del relato nos presenta un Jesús que se desentiende, y ante la insistencia de los acusadores, invierte la situación invitándoles a examinarse a sí mismos. La consecuencia inmediata es que todos abandonan, comenzando por los más viejos.
Este detalle es muy significativo. No significa que los más viejos fueran especialmente pecadores sino que eran los más capaces de darse cuenta, desde la propia experiencia, que es un grave error pretender condenar a los demás.
Permitidme explicar esto partiendo de mi propia experiencia.
Yo ahora soy también viejo. Cuando repaso mi vida veo que he tenido que ir haciendo cambios importantes en la forma de entender y vivir la religión. Y, desde cada nueva situación, veo la situación anterior como una "infidelidad" que había que superar. Siempre he sido "cristiano". Durante muchos años lo viví como una fidelidad a la Ley (de la Iglesia) hasta que un día me di cuenta de que aquella "fidelidad a la Ley" escondía infidelidad al Evangelio. Y tuve que convertirme, excluyendo de mi vida algunas prácticas religiosas en que había puesto la confianza. Pasados unos años vi que mi (pretendida) "fidelidad al Evangelio" escondía, a menudo, infidelidad a la Humanidad (que es lo que realmente nos pide el Evangelio). Y tuve que convertirme de nuevo, liberándome de muchos criterios eclesiásticos que, hasta entonces, me habían permitido considerarme un buen cristiano.
A pesar de ser viejo, presiento que mi "fidelidad a la Humanidad", posiblemente esconde aún, infidelidad a hombres y mujeres concretos con quien convivo. Y tendré que continuar mi conversión, liberándome de mucha ideología "humanista".
Como viejo que soy, hoy me parecen geniales las palabras puestas en boca de Jesús: "El que no tenga pecado que tire la primera piedra", y me doy cuenta de que yo debo ser el primero en retirarme.
Y se agradecen las palabras de Jesús: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más".
MENSAJE. 
Nadie es juez de nadie. Pero, como esto tardamos mucho en descubrirlo, el evangelio nos ofrece una segunda parte: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más”.
Las acusaciones entre cristianos o comunidades cristianas que viven diferentemente el mensaje de Jesús queda deslegitimada. El autor de este relato, ante estas "acusaciones", evoca las preguntas–trampa que los fariseos y escribas hacían a Jesús para poderle acusar.
La actitud de Jesús desentendiéndose de las acusaciones indica la legitimidad del pluralismo en la Iglesia.
Este mensaje es de una grandísima actualidad. Hoy la Iglesia ya es bastante "vieja" como para ser capaz de superar toda tentación acusadora y asumir de verdad un gran pluralismo interno. Y los Católicos deberíamos empezar por aceptar explícitamente la legitimidad de las mal llamadas "Iglesias Separadas". Más aún: es necesario asumir el pluralismo religioso como una riqueza cultural a través de la cual cada persona puede recibir el don de Dios ofrecido absolutamente a todos, sea cual sea su religión o no–religión.
RESPUESTA. 
Nadie nace completamente bueno. Con relación a la Humanidad todos podemos ir descubriendo que hemos comenzado siendo bastante "adúlteros", aunque quizá con buena voluntad. Pero la "buena voluntad" no quita la injusticia. Nos lo recuerda San Pablo, en la Segunda Lectura, hablando de sí mismo: "Ni siquiera soy justo gracias a una justicia mía ganada porque he observado la ley".
Hay que aprovechar que nos hacemos viejos para darnos cuenta de la situación de donde venimos y del término al que estamos llamados. "Nadie es juez de nadie". Y si esto se puede aprender ya de jóvenes, mejor que mejor.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. El pluralismo en la Iglesia es creciente, y parece algo bueno, pero todavía hay muchas condenas mutuas. ¿Qué pensáis hacer para superar esta tentación?
  2. Un proverbio antiguo dice: "Si quieres saber qué defectos tienes, mira qué defectos criticas más en los demás". ¿Qué opináis? ¿Lo practicáis en vosotros mismos?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)