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viernes, 29 de marzo de 2013

RESUCITO AL TERCER DÍA. SEGÚN LAS ESCRITURAS - DOMINGO DE PASCUA - Ciclo C


"RESUCITO AL TERCER DÍA. SEGÚN LAS ESCRITURAS"
DOMINGO DE PASCUA - Ciclo C - 31 de marzo de 2013

"NO ESTA AQUÍ: HA RESUCITADO, COMO HABÍA DICHO" 
Jesús, además del SIGNO de su resurrección que había dado a Pedro, Santiago y Juan transfigurándose en el monte Tabor, había anunciado en distintas ocasiones su futura resurrección: expresamente, al bajar del Tabor, les había advertido que no lo dijesen hasta que resucitara de entre los muertos; también repetidamente se lo había dicho yendo de camino a Jerusalén; y, por otra parte, había dicho a los judíos, refiriéndose a su cuerpo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Su resurrección no fue un volver a la vida temporal, como había ocurrido con la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naim o Lázaro; sino un haber entrado el CUERPO, que estaba en el sepulcro, unido ya a su Alma, en la realidad de la VIDA ETERNA, por la acción del Espíritu Santo. La HUMANIDAD de Jesús quedaba ya fuera del espacio y del tiempo, no pudiendo ser percibido por los sentidos corporales, aunque podía ofrecerse a ellos, como ocurrió en las distintas apariciones que narran los Evangelios: La Ascensión del Señor significaba el final de aquellas apariciones, ya que en el CIELO había entrado desde el primer momento.
"¿CÓMO PUEDE ÉSTE DARNOS A COMER SU CARNE?" 
Cristo, al resucitar, ya en la eternidad, quedó sentado a la DERECHA de Dios Padre, es decir, quedó GLORIFICADA toda su HUMANIDAD con la gloria propia de Dios. Y, estando así sentado a la derecha del Padre, le tenemos ahora presente en la Eucaristía, mediante la cual, de un modo excelente, ha establecido su morada entre nosotros.
Ahora ya podríamos responder a los judíos, quienes, al decirles Jesús que su CARNE era el PAN de VIDA, que había que comer para tener vida eterna y habían discutido diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? Nuestra respuesta seria aclararles que Jesús no hablaba de su cuerpo mortal, sino de su CUERPO GLORlOSO, que, estando en la realidad de la vida eterna, se haría presente, bajo las apariencias del pan y del vino, en la Eucaristía: en ella está presente Cristo Resucitado.
"SAULO, SAULO, ¿POR QUÉ ME PERSIGUES?" 
El misterio de la Iglesia consiste en ser un conjunto de signos pobres en los que podemos descubrir la presencia de Cristo Resucitado, que es FUENTE inagotable de LUZ y de SANTIFICACION: en todos los sacramentos, en su Palabra, en el ministerio de los sacerdotes, en las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, en la Comunidad que ora y se reúne en su nombre, etc. Por eso, el Señor, al aparecerse a San Pablo y derribarlo del caballo, le dice: ¿por qué me persigues? Perseguir a la Iglesia es perseguir a Cristo, con el que está identificada.
Además, al haberse hecho Jesucristo solidario con toda la humanidad, podemos descubrir cierta presencia del Señor en cada hombre, y particularmente en los que sufren y están más necesitados, como dice Jesús al hablar del juicio: lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, CONMIGO lo hicisteis.
Cada hermano con quien ejercitamos la caridad, se convierte también para nosotros en FUENTE de gracias del Señor.

Leunam