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miércoles, 13 de marzo de 2013

"TAMPOCO YO TE CONDENO"


"TAMPOCO YO TE CONDENO"
QUINTO DOMINGO DE CUARESMA - Ciclo C - 17 de marzo de 2013

EL APASIONADO AMOR DE DIOS HACE PREVALECER LA MISERICORDIA
En el Evangelio de hoy vemos la mala intención de los letrados y los fariseos, al presentar a Jesús a aquella mujer sorprendida en adulterio. Si el Señor hubiera dicho que se cumpliera la Ley de Moisés, apedreando a aquella mujer, le hubieran acusado de dureza y falta de misericordia. Y si, por el contrario, hubiera dicho de no apedrearla, lo hubieran acusado de ir contra la Ley de Moisés. La respuesta de Jesús fue acusarles a ellos al decirles: "El que esté sin pecado, que tire la primera piedra", dando señales de que Él les conocía bien.
Jesús es la encarnación de la misma Misericordia divina. El deseo de Dios es poder derramar sobre cada hombre el torrente de su Misericordia; pero, para no faltar a su JUSTICIA, era necesario que el Hijo, hecho Hombre, se sumergiera en los sufrimientos de la Pasión, y rescatara a la humanidad del pecado. Dice Benedicto XVI: "El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su AMOR contra su JUSTIClA" ("Dios es Amor" n° 10).
NO SEAMOS COMO LOS LETRADOS Y LOS FARISEOS
También nosotros, fácilmente, ante el pecado de los demás, nos convertimos en acusadores; y, si nuestra intención no es tirar piedras, si que arrojamos el "barro" de la crítica y la murmuración, con el pretexto de que aquello que decimos es verdad. Cuando se habla mal de alguien, si aquello es ya conocido, se llama murmuración; si no es conocido, recibe el nombre de difamación; y, si no es verdad, se llama calumnia. En cualquier caso, se falta al amor que debemos al prójimo.
Estas faltas las evitaremos, si tenemos presentes las palabras del Señor: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Si examináramos nuestros pecados, se nos quitarían las ganas de acusar a nadie; y haríamos el propósito de acusamos a nosotros mismos en el sacramento de la Penitencia, como se nos pide en Cuaresma.
EN LA CONFESIÓN SE RECUPERA LA DIGNIDAD DE HIJOS DE DIOS
Vemos el contraste entre aquellos que brutalmente habían conducido a la mujer ante la presencia de Jesús, y la delicadeza con que la trata el Señor; quién después de haberse incorporado, se dirige a ella con un respetuoso: “MUJER, ¿dónde están tus acusadores? Tampoco yo te condeno”, designándola con la misma palabra con que se había dirigido a su Madre en las bodas de Caná: "MUJER ... Todavía no ha llegado mi hora" (Jn 2,4).
Pero, como vemos, el Señor, no sólo quiere perdonarle su pecado, sino que también la invita a mirar hacia delante, olvidando su pasado, y haciendo posible un "empezar de nuevo": "Anda, y en adelante no peques más" (Evangelio). En el sacramento de la Penitencia, no sólo se nos perdonan los pecados, sino que el Señor nos comunica la Vida Divina, devolviéndonos la dignidad de hijos de Dios; y se nos da la posibilidad de lanzamos "hacia lo que está por delante", como dice San Pablo (2ª lectura), empezando siempre de nuevo, hacia una amistad con el Señor cada vez mayor; ya que su deseo es realizar "algo nuevo" en nuestras vidas (1ª lectura).

Leunam