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martes, 26 de marzo de 2013

TRIDIUM PASCUAL por Leunam


JUEVES SANTO
28 de marzo de 2013
"LOS AMO HASTA EL EXTREMO"
INSTITUCIÓN DE LA PASCUA CRISTIANA
Con la celebración de la Cena del Señor, nos disponemos a iniciar el Tridium Pascual, en el que la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, nos abre los tesoros de la gracia de la Redención, para ponemos en contacto con ellos y enriquecemos espiritualmente. Los misterios de aquella tarde memorable, se hacen presentes para nosotros, para inundamos con su LUZ y encendemos en el AMOR al Señor.
En la última Cena del Señor, tuvo lugar el tránsito de la Pascua de los judíos (Jesús, como todos los judíos, la iba a celebrar, recordando y dando gracias por la liberación del Pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto (1ª Lectura)), a la Pascua Cristiana, en la que el Nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia, había de conmemorar (recordándola y haciéndola presente) y agradecer, mediante la Celebración de la Eucaristía (2ª Lectura), su liberación del pecado y de la muerte, mediante el Bautismo, gracias al Sacrificio Redentor de Cristo: su "PASO" al Padre, habiendo "PASADO" de la muerte a la vida (PASO=PASCUA).
LA LEY DEL NUEVO PUEBLO DE DIÓS 
Del mismo modo que Dios en el monte Sinaí, al establecer la Alianza, había dado al Pueblo la Ley que debía ser su norma de conducta (Los Mandamientos); Jesús, en la Última Cena, establece la Ley del Nuevo Pueblo de Dios: "Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros, permaneced en mi AMOR ... Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros COMO YO os he amado".
Además, al comienzo de la Cena, al lavarles los pies, les estaba ofreciendo un signo de AMOR; y les mandaba, al mismo tiempo, que ellos hicieran, unos con otros, lo mismo que El había hecho, sirviéndose mutuamente con amor y entrega. Los gestos de Jesús que precedieron al lavatorio, indicaban también el misterio de "despojamiento" y "entrega": "se quita el manto" (de su categoría divina), "tomando una toalla, se la ciñe"(haciéndose hombre), y "se pone a lavarles los pies" (entregándose a cada uno mediante la Eucaristía).
MEDIANTE LA EUCARlSTÍA, JESÚS NOS HACE CAPACES DE AMAR COMO ÉL 
En la Última Cena estableció el Señor la Pascua Cristiana, mediante la institución de la Eucaristía, en la que se hacía presente su entrega y Sacrificio Redentor; para que, recibiéndole en la Comunión, participáramos del AMOR con el que El se entregó por nosotros. Por tanto, como dice Benedicto XVI, "participando en el sacrificio de la Cruz, el cristiano comulga con el AMOR de donación de Cristo y se capacita y compromete a vivir esta misma caridad en todas sus actitudes y comportamientos de vida" (Sacramentum Caritatis nº 82). Este AMOR se nutre también con la ADORACIÓN eucarística.
Y, con el fin de que estos misterios pudieran llegar a los hombres de todos los tiempos, como esta tarde han llegado a nosotros, estableció en sus Apóstoles el Sacerdocio, diciéndoles: “Haced esto en conmemoración mía”. Esta tarde también damos GRACIAS al Señor por el SACERDOCIO, mediante el cual Cristo se hace presente y obra en medio de nosotros.


VIERNES SANTO
29 de marzo de 2013
"TANTO AMO DIOS AL MUNDO"
DIOS ES FIEL EN SU AMOR AL HOMBRE Y AL MUNDO 
“El Dios de la creación –dice Juan Pablo II– se revela como Dios de la redención, como Dios que es fiel a sí mismo, fiel a su AMOR al hombre y al mundo. El suyo es un amor que no retrocede ante nada de lo que en él mismo, exige la JUSTICIA (R. H.9 ,2). Dios, después del pecado, no quedó indiferente abandonando al hombre a su suerte; ni quedó airado, dispuesto a descargar en el hombre todo el rigor de su justicia; sino que, entristecido, buscó el modo de poder perdonar y derramar sobre el hombre y el mundo su abundante MISERICORDIA.
EL AMOR APASIONADO de Dios por su pueblo, por el hombre –dice Benedicto XVI–, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra sí mismo, su amor contra su justicia (Dios es Amor nº 10).
"DONDE ABUNDÓ EL PECADO, SOBREABUNDÓ LA GRACIA" (Rom. 5,20)
El "peso" del pecado (de gravedad infinita, por parte de quien había sido ofendido), había puesto en desequilibrio la balanza de la justicia divina, y era necesario el "contrapeso" de un AMOR SACRIFICADO, que reparase el desequilibrio de dicha balanza. Por otra parte, el pecado se había levantado como un "muro" que impedía a Dios derramar su MISERICORDIA. La postración del sacerdote, al comienzo de la celebración, significaba el estado de impotencia en que se encontraba la humanidad para levantarse y poder recuperar el estado de GRACIA (justicia y santidad) en que Dios la había creado.
Pero, el AMOR de Dios se enfrentó con su JUSTICIA; y fue el mismo Hijo de Dios quien, al hacerse hombre, se hizo solidario con toda la humanidad, gracias también al "SI" de Maria, pudiendo así ofrecer al Padre, en nombre de toda la humanidad, una REPARACIÓN de valor infinito, superando el "peso" del pecado. Este "contrapeso" fue el AMOR con el que el Hijo de Dios se entregó a beber el "cáliz" de la Pasión; con lo que, al mismo tiempo, quedó derribado el "muro" que impedía a Dios derramar su MISERICORDIA, de la cual es "cauce" Cristo Resucitado.
CRISTO AMÓ A LA IGLESIA Y SE ENTREGÓ A SI MISMO POR ELLA 
Ya sabemos como la PASIÓN fue un "sumergirse" del Señor en el "pecado del mundo" (humillaciones, dolores, abandono y muerte), habiendo así "descendido a los infiernos", a fin de rescatar la "joya" de la humanidad, caída en el pecado y la muerte. María, uniendo los sufrimientos de su CORAZÓN a los de su Hijo, colaboró también de una manera eficaz en la obra de la Redención; por eso, es nuestra Madre.
María estaba presente en el Calvario dando a luz a la Iglesia, en medio de sus sufrimientos. Por eso, Jesús, viendo en Juan a toda la humanidad, le dice a su Madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". La Iglesia quedaba confiada a los brazos de Maria. Al mismo tiempo, Jesús, manifestando su CORAZÓN en su costado abierto, revelaba solemnemente al mundo el AMOR APASIONADO de Dios por la humanidad, convirtiendo a la Iglesia en su Esposa, nacida, por otra parte, de su costado abierto, del mismo modo que Eva había salido del costado abierto de Adán (la sangre y el agua fueron símbolos del Bautismo y de la Eucaristía).


VIGILIA PASCUAL
30 de marzo de 2013
"REVESTIROS DEL HOMBRE NUEVO"
RENOVEMOS ESTA NOCHE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO 
La Iglesia nos invita en esta Noche Santa, culmen del Tridium Pascual, a que renovemos las "promesas de nuestro Bautismo". Hemos escuchado algunos textos del Antiguo Testamento, que nos ayudan a comprender lo que es y lo que pide de nosotros el Bautismo que hemos recibido. En el "PASO" por las aguas bautismales, a semejanza del Pueblo de Israel en su paso por el Mar Rojo, hemos quedado libres de nuestro "enemigo", que es el pecado; y nos hemos integrado en el Nuevo Pueblo de Dios, que es la Iglesia.
El profeta Isaías nos ha invitado a los "sedientos", a los insatisfechos, a que nos acerquemos a beber en Cristo Resucitado el Agua Viva del Espíritu Santo; y, con esa gracia, entremos en "sus caminos" y "andemos en una vida nueva", como dice San Pablo; ya que, como nos ha dicho el profeta Ezequiel, hemos recibido un "espíritu nuevo" y un "corazón nuevo" para poder ser LUZ del mundo, como ha significado el llevar las candelas encendidas al comienzo de la celebración.
"MUERTOS AL PECADO Y VIVOS PARA DIOS" 
En el Bautismo, hemos muerto y resucitado con Cristo, habiéndonos incorporado a Él como miembros suyos. Los bautizados somos como una especie de "humanidades complementarias" de la de Cristo Resucitado, y estamos llamados a participar de su misma gloria. También estamos llamados a participar de su "misma suerte", muriendo al pecado; a fin de ser LUZ, es decir, manifestación de Cristo para los demás.
Pero, para que ese HOMBRE NUEVO, en el que Cristo pueda manifestarse, llegue a ser una realidad, 'es necesario que nuestra "vieja condición" de pecadores, es decir, nuestro HOMBRE VIEJO, sea "crucificado", negándole sus apetencias egoístas, a fin de quedar "libres de la esclavitud del pecado"; que nuestro vivir, como el de Cristo, sea "un vivir para Dios".
SI VIVIMOS "DE" CRISTO, PODREMOS VIVIR "PARA" DIOS 
Si, viviendo unidos a Cristo, "hemos resucitado" con El, nuestra esperanza de felicidad ya no podemos ponerla en "las cosas de la tierra" (tener–poder–placer), que ya sabemos, por experiencia, que no responden a las verdaderas necesidades del corazón. Por eso, nos dice San Pablo: "si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra" (Col 3, 1- 2).
La VIDA de Dios, en el Bautismo, ha sido sembrada en nuestro corazón. La tarea de la vida cristiana, que es a lo que nos comprometemos esta Noche, debe de ser cultivar y hacer fructificar esa VIDA, mediante una intensa VIDA EUCARÍSTICA, es decir, de unión y amistad con Cristo Resucitado, que es quien puede transformarnos en HOMBRES NUEVOS, y hacer de nosotros FUENTES de agua viva en bien de los demás.

Leunam