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martes, 2 de abril de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO II DE PASCUA. CICLO C.

DOMINGO II DE PASCUA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"Les enseñó las manos y el costado"
En las manos y en el costado están las heridas de la crucifixión. El relato de hoy quiere que nos fijemos bien en estas heridas. Por tres veces se hace referencia, y son el nexo que enlaza la 1ª y la 2ª aparición de Jesús a los discípulos reunidos.
Quizás, más que de "aparición", se debería hablar de "experiencia de su presencia continuada". "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos" (Mateo 18, 20).
La referencia a estas heridas, en el evangelio de Juan (diferentemente del de Lucas), no es para demostrar que el Jesús que ahora ven es el mismo que antes de ser crucificado. En el evangelio de Juan, "creer en la resurrección" no significa creer que Jesús "ha vuelto a la vida" sino creer que la crucifixión muestra la resurrección. Es decir: en la crucifixión Jesús entrega plenamente su vida, y esta vida–entregada constituye precisamente la resurrección. La resurrección es la vivencia de la propia vida como vida–que–se–entrega–plenamente, convirtiéndose de este modo en la visualización de la Vida misma de Dios, el Padre.
Por eso son tan significativas las heridas de la crucifixión. Después de darles la paz, son lo primero que Jesús "muestra" a sus discípulos en la 1ª aparición, y a Tomás en la 2ª.
La reacción de Tomás cuando los discípulos le dicen que han visto al Señor también quiere poner de relieve este significado de las heridas. Tomás no replica diciendo: si no veo a Jesús con mis ojos, no creeré que haya resucitado. No, lo que él "necesita" para creer es meter el dedo en el agujero de los clavos y la mano en su costado! Es decir: no necesita "ver" a Jesús sino comprobar que tiene las heridas.
Estas heridas constituyen el centro de la 2ª aparición y de la fe de Tomás. Después de desearles la paz, Jesús se dirige directamente a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y pónmela en el costado. No seas incrédulo. Sino creyente". Y la profesión de fe de Tomás no hace referencia a la "resurrección" de Jesús como difunto sino que hace referencia a Dios mismo que, en Jesús, se hace visiblemente presente como vida–que–se–entrega. "Señor mío y Dios mío".
Dirigiendo a Jesús la invocación "Señor mío y Dios mío!", Tomás confiesa que la vida–que–se–entrega (muerte) es la auténtica manifestación de Dios. Había sido precisamente Tomás quien, previendo el fracaso de Jesús si iba a Jerusalén, había dicho a los demás: "Vayamos también nosotros y muramos con él" (Juan 11, 16). Su fidelidad pesimista entonces lo lleva ahora a entender enseguida el significado de la nueva situación. "Señor mío y Dios mío". La palabra "mío" aquí indica una disponibilidad total, es como si Tomás dijera: lo acepto y lo asumo: vivir significa dar (la) vida.
MENSAJE. 
El epílogo con que termina este relato habla de muchos otros milagros que no están escritos en este libro. En el epílogo final, el evangelista volverá a insistir en este punto diciendo que "si alguien quisiera escribirlo todo, creo que los libros que se podrían escribir no cabrían en el mundo entero" (Juan 21, 25).
¿Es una exageración o tiene algún significado especial, esta afirmación?
La referencia al "mundo entero" no es gratuita. Los evangelios nos hablan de Jesús como el hombre. A menudo Jesús, para referirse a sí mismo, usa la expresión "el hombre" o "este hombre" o, sobretodo, "el hijo del hombre". También Pilatos proclama ante el pueblo: "Aquí tenéis al hombre".
Hablar de Jesús es hablar del hombre. Y el hombre está en cada uno de los seres humanos que han existido, existen y existirán. Son innumerables. Por eso no se pueden escribir todas las obras del Hombre.
Lo que el evangelista ha escrito sobre Jesús debe entenderse de todos los humanos. La plena humanización, de cada uno de ellos, pasa por hacer de la propia vida una vida–que–se–entrega.
"Todo está cumplido" (Juan 19, 30). Los evangelios no son una biografía de Jesús, pero, en cierto modo, pueden ser considerados como una biografía de la Humanidad personalizada en Jesús. Quizás podríamos decir, con un lenguaje más actual, que son una radiografía de la Humanidad.
RESPUESTA. 
Nuestra propia resurrección (vida que se entrega) no es para después de la muerte (cuando ya no hay más remedio!). Es una oferta que se nos hace ahora mientras tenemos nuestra vida en nuestras manos. Es ahora cuando podemos hacer de nosotros mismos una vida–que–se–entrega.
"Recibid el Espíritu Santo", dice Jesús a sus discípulos. La capacidad ya nos ha sido dada; acogerla y hacerla realidad es cosa nuestra.
Por decirlo con el lenguaje simbólico y ritual del encuentro de los domingos: el pan ya está sobre la mesa; tomarlo y dejar que transforme nuestra vida en alimento para los demás, es la respuesta que puede dar cada uno.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. El crucifijo se ha convertido en la imagen más significativa para los cristianos. ¿Qué opináis sobre las polémicas actuales con relación a su colocación en lugares públicos? ¿Existe el peligro de una cierta banalización de su significado profundo?
  2. Los discípulos son enviados a perdonar los pecados. ¿Esta misión la ejerce el cura en el Sacramento de la Penitencia o es toda la acción de la comunidad cristiana que acoge, celebra y difunde el perdón de Dios? Dicho de otra manera: ¿"Perdonar los pecados" es un poder especial dado a algunas personas, o es la misión de toda la Comunidad?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)