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martes, 9 de abril de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO III DE PASCUA. CICLO C.

DOMINGO III DE PASCUA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"Simón de Juan" …
Los Evangelios nos presentan la obra de Jesús: los signos que él realizó para revelarnos el proyecto de Dios sobre la Humanidad, y su realización en la Historia. La obra de Jesús, en el Cuarto Evangelio, se empotra en la historia humana. Por eso tiene un inicio donde se nos resume el tiempo anterior a Cristo, y tiene un final desde donde se continúa la obra de Cristo en la humanidad. La etapa anterior está personalizada en Juan Bautista, el Precursor. La etapa final está personalizada en Simón, llamado hijo de Juan. Así pues, la Historia humana no se fragmenta, si bien, entre Juan y el hijo de Juan, la obra de Jesús señala el paso desde la preparación a la plenitud. "Os lo aseguro: entre los nacidos de mujer no ha habido uno mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él" (Mateo 11,11).
El relato que hemos leído hoy tiene dos partes estrechamente vinculadas por la figura de Simón, hijo de Juan. Es un relato riquísimo en simbolismos. Aquí, para no alargarme excesivamente, sólo comentaré algunos puntos.
"A la tercera va la vencida", solemos decir. El evangelio nos hace notar explícitamente que esta es la tercera y definitiva vez en que Jesús se aparecía a sus discípulos.
El escenario ha cambiado totalmente con relación a las dos primeras. Éstas fueron en Jerusalén, la noche del primer día de la semana (domingo), en el marco del encuentro semanal (misa). Allí, Jesús se hacía visible en medio de ellos.
Ahora es un día cualquiera, por la mañana, cerca del lago de Tiberíades (símbolo de apertura al mundo entero). Y Jesús se manifiesta con la forma de un desconocido. El evangelista hace notar que los discípulos, precisamente esta tercera vez, no le reconocen y, además, Jesús en ningún momento se identifica explícitamente. Será la intuición del discípulo a quién Jesús amaba quien llevará a la identificación del forastero al comprobar los "efectos" de su presencia en la gran "pesca" realizada. Haciendo notar que los discípulos no le reconocieron, el evangelista nos muestra que la obediencia de los mismos a lo que les dice el Desconocido no es "porque es Jesús" sino "porque es un ser humano". Así nos indica que han comenzado a convertirse, como ya se había prometido anteriormente a Pedro: "Yo he rogado por ti, para que no desfallezca tu fe. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos" (Lucas, 22,31).
También es importante el simbolismo de los números. Ya no se habla de los doce (cifra de Israel) sino de cinco más dos, que suman siete. Cinco y siete, son símbolos de plenitud intensiva y extensiva.
También el número de "peces grandes": 153. A mí se me hace difícil ver el significado, pero hay comentaristas que desglosan así: (50 x 3) + 3. El cincuenta sería el número que identifica una comunidad adulta nacida de la plenitud del Espíritu (Recordemos "Pentecostés", que significa cincuenta), y el tres es el número de la perfección o de la divinidad.
En el relato se hace notar que ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían que era el Señor. El pan y el pescado que hay sobre las brasas, ¿de dónde han salido? Evidentemente, son una visualización de lo que Jesús ya les había dicho antes en este mismo lugar: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida" (Juan 6,55). Y los discípulos son invitados a asociarse a este "alimento" aportando también los peces que han adquirido con su actividad (vida).
Este desayuno centra todo el relato, y marca el clima necesario para interpretar lo que sigue.
La segunda parte del relato comienza con las tres preguntas de Jesús a Simón, hijo de Juan (literalmente, Simón de Juan). Jesús pone de relieve el vínculo de Simón con Juan, el precursor. Es decir: su vínculo con el pasado, y que le llevó a negarle rotundamente ("tres veces").
La primera pregunta puede ser entendida de dos formas distintas, ambas muy coherentes con el contexto. Es muy posible que aquí el evangelista use conscientemente la ambivalencia de la expresión para decirnos las dos cosas de su doble significado.
Significado A.
La pregunta de Jesús a Pedro puede entenderse así: Simón de Juan, ¿me amas tú más de lo que me aman estos?
Los evangelios nos presentan a un Pedro muy presuntuoso. "Aunque todos fallen, yo no fallaré" (Mateo 26, 33. Ver también: Juan 13, 37; Lucas 22, 34; Marcos 14, 27).
Dado el carácter representativo de los personajes del evangelio, es posible que aquí el evangelista quisiera corregir la pretensión de algunas comunidades que se tenían por "más cristianas" que las otras. Este fue un defecto que nació muy pronto en la Iglesia, y que aún es muy abundante.
Significado B.
La pregunta de Jesús a Pedro también puede entenderse así: "Simón de Juan, ¿me amas a mí más que a estos?".
Sorprende que este significado puede parecer extraño en boca de Jesús, como si expresara celos de Jesús por el amor de Pedro a sus compañeros. Sin embargo, debemos recordar que en los evangelios, y sobretodo en el Cuarto Evangelio, Jesús es el hombre. Por tanto, el significado real de la pregunta sería: "¿Amas al hombre más que a tus compañeros?". Es como si a un político le preguntarais: "¿Quieres el bien del Pueblo antes que el provecho de tu Partido?". O como si a un cura le preguntarais: "¿Amas a la Humanidad más que a tu parroquia?".
Este era precisamente el punto que impedía a Pedro el entender y seguir realmente a Jesús. Él se sentía, ante todo, israelita ("de Juan"), y seguía a Jesús porque veía en él al mesías de Israel que debía instaurar el reino de Israel sobre el mundo.
Simón (llamado Pedro, es decir: "piedra", "roca”, “duro”), junto con los Doce, representan aquella forma de entender la elección de Israel como un privilegio en vez de entenderla como una misión a favor de toda la Humanidad. Pedro quería seguir a Jesús. Pero cuando, acompañando al discípulo a quién Jesús amaba, la portera le pregunta si él es también discípulo de aquel Hombre, responde que no. No lo soy, dice claramente. Pedro ha dicho la verdad. Se consideraba "discípulo de Jesús" (de quien se había hecho una idea equivocada) pero no "discípulo del Hombre". Pedro ha negado al Hombre, y por ello, a la hora de la verdad, se ha encontrado con que había negado también a Jesús (Juan 18, 16 s).
Las preguntas de Jesús a Pedro, ahora que ya no es posible repetir el error debido a la muerte del "rey de los Judíos", provocan que Pedro se convierta. "¿Me amas más que a estos?"
El evangelio de Mateo expresa esto mismo, con una radicalidad casi escandalosa, cuando Jesús dice: "Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí "(Mateo 10, 37).
"Apacienta mis ovejas".
Sólo después de haber optado por el amor al Hombre por encima del amor a los suyos, Pedro recibe el encargo de Jesús: "Apacienta mis ovejas". Estas palabras evocan aquellas otras que el evangelista ha puesto antes en boca de Jesús: "Os aseguro yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandoleros" (Juan 10, 8).
Sólo después de optar preferentemente por el Hombre, Pedro está preparado para "seguir realmente" a Jesús. Ahora Jesús ya puede decirle "Sígueme", e indicarle que ello conlleva lo mismo que ha supuesto para él: dar la vida como alimento para los demás. Es el significado que aquí tiene la palabra "apacentar". Por ello el desayuno de la escena anterior.
Deducir de estas palabras lo que posteriormente se ha dicho "el Primado de Pedro", contradice el mensaje de todo el Evangelio de Juan y del resto de los Evangelios.
"Apacentar las ovejas" no indica una estructura jerárquica de la Iglesia sino una forma de dedicarse a los demás dándoles la propia vida. Estas palabras deben entenderse con relación a toda la Humanidad. Todos somos "ovejas" de Jesús en el sentido de que para todos Jesús ha dado su vida. Ahora se dice también a Pedro lo que es propio de todo discípulo de Jesús: que vivir conlleva ir dando la propia vida por los demás. Toda otra forma de acercarse a los demás es ilegítima. "Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandoleros".
MENSAJE. 
La vida–que–se–entrega (comunión) crea comunidades. Pero estas comunidades no son un fin en sí mismas sino que tienen por objetivo ayudar a que todos los humanos nos sintamos en comunión los unos con los otros formando así la gran, variada y única COMUNIDAD HUMANA.
También es misión de las Comunidades cristianas previsualizar, en su forma de ser y de funcionar, la comunidad universal. Es decir: ser "sacramento de Humanidad".
RESPUESTA. 
Es en cada uno de nosotros, en cada parroquia, en cada comunidad, en cada Iglesia que el Hombre nos pregunta "¿Me amas a mí más que a los tuyos?". Y la respuesta que se nos pide es la misma que da Simón Pedro: Tú sabes que te amo. A pesar de las múltiples negaciones pasadas, a pesar de tantas equivocaciones e infidelidades … tú sabes que yo te quiero.
Sin presunción; ni más ni mejor que los demás; pero amemos al Hombre, amemos a nuestro Mundo (Juan 3, 16).
Como para Israel no es un privilegio ser el Pueblo Elegido sino una misión al servicio de toda la humanidad, así también la Iglesia, hija y continuadora de Israel, no debe entender como privilegio su misión de ser "Sacramento de Humanidad "a favor de todos los hombres.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Hoy, a menudo muchos cristianos se preguntan si la sociedad actual ama suficientemente a la Iglesia, pero la pregunta que nos debemos hacer y que nos debemos responder es, si la Iglesia (nosotros) amamos suficientemente a la sociedad. ¿Qué significa hoy amar a la sociedad?
  2. Parece que actualmente, para bastantes cristianos, el futuro de la Iglesia ha pasado a ser el primer problema de la Iglesia. ¿Cómo lo veis vosotros?
  3. La forma histórica en como ha aparecido y se ha desarrollado el llamado "Primado de Pedro" parece bastante incoherente con el mensaje evangélico. ¿Qué opináis al respecto?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)