Traductor

martes, 23 de abril de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO V DE PASCUA. CICLO C.

DOMINGO V DE PASCUA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

"Cuando salió Judas …"
La salida de Judas da inicio a la hora de Jesús. Pero puede parecer incluso cínico que, precisamente cuando la traición de Judas marca el comienzo del trágico proceso de humillación, condena y muerte de Jesús, el evangelista ponga en su boca las palabras que hemos leído: "Ahora el Hijo el hombre es glorificado, y Dios es glorificado en él". ¿Acaso vive en la luna, Jesús? ¿Acaso el evangelista no sabe qué ocurrió realmente?
Y, si la pasión y muerte de Jesús es como una radiografía de aquello que ocurría y sigue ocurriendo en la Humanidad, ¿no resulta escandaloso que el Cuarto Evangelio nos hable como del momento en que Dios es glorificado?!
La pasión y muerte de Jesús, y la de miles y millones de personas a lo largo de la Historia, es la cosa más cruel e inhumana que puede existir. ¡¿Como puede ser sublimada hablando como de una glorificación?!
Podemos, y quizás debemos, escandalizarnos. Pero el evangelista quiere abrir nuestros ojos a una nueva forma de ver las cosas. Es cierto: la tortura y la muerte de cualquier ser humano es la cosa más inhumana y reprobable, y los que hacen esto no merecen los nombre de "humanos". El mismo Evangelio no olvida recordarlo: "El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay del que le va a entregar! Más le valdría no haber nacido." (Mateo 26,24). Con todo, el evangelio también nos quiere decir que los torturadores y asesinos no tienen la última palabra.
Dios no quiere la muerte. Más aún: hablando a nuestra manera, diríamos que Dios no cree en la muerte. Él ha creado la Vida, no la muerte. Para Dios lo que nosotros llamamos "muerte" no existe realmente. O mejor: la muerte existe como un momento de la Vida. Como es un momento de la vida de la oruga, cuando muere para convertirse en mariposa. Como es un momento de la vida del grano de trigo cuando muere para convertirse en una nueva espiga.
Pero, aunque podamos llegar a entender la muerte, ¿quién puede entender y aceptar el dolor y la tortura? ¿Es legítimo hablar de la dolorosa pasión de Jesús (y de tantos hombres) llamándola una glorificación? ¿Puede no ser visto como cruel un Dios del que se dice que es "glorificado" en la dolorosa pasión de Jesús?
Una cosa nos debe quedar muy clara: el Evangelio no permite una sublimación del dolor. El dolor es malo; el dolor es anti–humano incluso cuando produce algún bien. Siempre sería mejor conseguir el bien sin pasar por el dolor. Jesús mismo lo pide: "Padre mío, si es posible, que esta copa (sufrimiento) se aleje de mí" (Mateo 26,39).
Dios no quiere el sufrimiento de nadie. Dios ha creado al hombre para la felicidad. Del hecho de sufrir: a causa de tanta gente que sufre, no debemos deducir que esto sea voluntad de Dios.
¿Por qué, el dolor? No lo sé. Para mí es un misterio. Sé que sobre muchos dolores no podemos actuar directamente para evitarlos. Pero que no sepamos el porqué de muchos sufrimientos no nos permite olvidar la gran cantidad de sufrimientos causados por los propios humanos. Y de éstos, hemos de responder nosotros, los humanos. Ante cualquier dolor debemos hacer lo que podamos para eliminarlo; pero deben ser sobretodo los sufrimientos causados por los humanos los que han de provocar en nosotros una reacción más decidida, precisamente porque en estos podemos hacer algo.
El relato de la pasión de Jesús (la pasión del Hombre) nos presenta este dolor provocado por el hombre, y lo denuncia como pecado, más aún, como un pecado terrible. Y aquí precisamente se muestra la grandeza de Jesús: a pesar del poder deshumanizante de la tortura, él se ha mantenido fiel a amar, y a no devolver mal por mal.
Y también aquí es donde Dios es glorificado. La gloria de Dios no está en el sufrimiento sino en la fidelidad de aquellos que continúan amando a pesar de ser odiados; de aquellos que continúan humanizando a pesar de ser víctimas de un intento de deshumanización. Si un puente se mantiene firme en su lugar cuando ha habido un grandísimo aguacero, deviene una gloria para sus diseñadores y constructores. Si un hombre sigue dando amorosamente su vida, incluso cuando se la toman para venderla (Judas), este hombre da gloria a quien le ha engendrado y le ha enviado al mundo para que haga visible y experimentable el amor de Dios a todos los humanos.
Y, "si Dios es glorificado en él, es que también Dios le glorificará en Dios mismo, y pronto le glorificará".
"Os doy un mandamiento nuevo …"
El mandato de Jesús es nuevo al menos en un triple sentido:
a) Por la calidad del amor.
Antes de Jesús la perfección del amor venía marcada por amar al prójimo como a ti mismo (Lucas 10,27. Véase también Mateo 5,43 ó 19,19). En cambio, el evangelio de Juan nos dice: "Amad como yo os he amado".
b) Por contraste con la ley.
Seguramente el Cuarto Evangelio usa la palabra "mandamiento" para conectar con la situación de la persona antes de acoger el mensaje del evangelio. Antes del Evangelio, la vida de una persona está marcada por la Ley y sus mandamientos. Por contraste con la Ley, Jesús habla de otra clase de "mandamiento", un mandamiento nuevo. En realidad no es un "mandamiento" porque, comparándolo con la situación anterior, no se basa en la sumisión sino en la participación de la propia Vida de Dios. Es el Espíritu Santo, ofrecido como don y acogido como impulso que nos posibilita colaborar en la Obra de Dios.
c) Por su función identificadora.
"Por como os amáis conocerán todos que sois mis discípulos".
Los discípulos de Jesús no son identificados por pertenecer a un determinado pueblo o una determinada religión. La identidad del discípulo no le viene del (posible) colectivo al que pertenece sino de la práctica de un amor como el de Jesús. Los diferentes colectivos o comunidades pueden ser fruto de muchas cosas. Incluso pueden ser fruto del dominio de unos sobre otros. Pero la identidad cristiana es fruto sólo del amor preferente por el Hombre. (Ved, si os parece bien, los apuntes del Domingo tercero de Pascua . 9).
Un amor así no se puede improvisar. Lo dejan claro las propias palabras de Jesús (no recogidas en el Misal): "Ahoradonde yo voy, vosotros no podéis venir". Este "ahora" no excluye que "más tarde" sí que lo podrán seguir.
MENSAJE. 
La gloria del hombre no está en la posesión y exhibición de Poder o de Fuerza o de Dominio sobre los demás sino en la fidelidad al proyecto amoroso de Dios hacia la humanidad. Dios nos ha creado por amor y para el Amor, y le glorificamos cuando hacemos nuestro este proyecto, y colaboramos para realizarlo.
RESPUESTA. 
La respuesta nos viene directamente indicada en la segunda parte del texto que hemos leído: "Como yo os he amado, amaos también vosotros".
Hay que darse cuenta de que hemos creado una sociedad que tiene, como primer valor (como primer "dios") el Poder, disimulado con mil máscaras diferentes: Estado, Constitución, Ley, Ciudadanía, Democracia, Derechos, … Un montón de cosas que podrían ser buenas si no fueran utilizadas para despreciar a personas y pueblos; Culturas, Etnias y Religiones …
En una sociedad así, si la Iglesia queremos cumplir nuestra misión, debemos cambiar radicalmente nuestro estilo y nuestro compromiso. Hay que abandonar el tradicional mimetismo con Estados y regresar de verdad al Evangelio. Nuestra Iglesia, tal como es ahora, no debe excluir el Calvario ("dar la propia vida") cuando pase por el camino de la fidelidad. "Yo haré que todo sea nuevo", concluye la segunda Lectura.
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Las Religiones, y también el Cristianismo, a veces han hecho a sus fieles un "servicio" bastante sospechoso: no escandalizarse del dolor provocado por los propios humanos. ¿Cómo lo veis vosotros?
  2. ¿Es mejor el amor cuando hay más dolor?
  3. A menudo, en la Iglesia, a alguien se le pide la Partida de Bautismo como prueba de su identidad cristiana. ¿Qué opináis? ¿Consideráis coherente con el Evangelio todo lo relacionado con la burocracia eclesiástica, sobretodo en este tiempo de pluralismo?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)