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martes, 30 de abril de 2013

REFLEXIONES DOMINICALES. DOMINGO VI DE PASCUA. CICLO C.

DOMINGO VI DE PASCUA
Por cerezo Barredo. Ciclo C.
http://servicioskoinonia.org/cerezo/

PROYECTO DE HOMILÍA. 

A veces, sobretodo leyendo el evangelio de Juan, puede parecer que Jesús juega al escondite con nosotros: "Ahora no me veréis, pero poco después me volveréis a ver". "Me voy, pero volveré"
Permitidme poner un ejemplo sacado de las máquinas de fotografiar anteriores a las digitales de ahora. Aquellas máquinas debían ajustarse antes de sacar una foto: apertura y velocidad del diafragma, distancia, luz … Si una foto salía mal no era defecto del objeto retratado sino que no se había ajustado demasiado bien la máquina.
Los evangelios unánimemente nos presentan las dificultades de los discípulos para entender a Jesús. La fe no es algo que se tiene o no se tiene, sino que es como un camino en el que se aprende a andar caminando. Y así, como cada fotografía mal hecha, nos manifiesta algo que no hemos ajustado bien; así, también, los evangelios nos presentan los errores y las infidelidades de los Doce, para que podamos detectar y corregir nuestros propios defectos. Y esta pedagogía que encontramos en los evangelios, Lucas la aplica también a la segunda parte de su obra, los Hechos de los Apóstoles. El decreto de la Comunidad Cristiana de Jerusalén (1ª Lectura) nos muestra claramente que todavía no estaba bien ajustada, a pesar de implicar al Espíritu Santo.
Lucas y Juan nos hablan mucho sobre que el Espíritu Santo nos hará recordar y entender todo lo que ha dicho y hecho Jesús. Así, el Espíritu Santo, es como si se nos diera un Manual de instrucciones puesto al nivel de cada uno, y que se va actualizando automáticamente a medida que aprendemos a ajustarnos mejor.
En los evangelios, la figura de Jesús (es decir: del Hombre), se encuentra muy definida, clara y estimulante. Pero verle borroso o nítido, sentirle cercano o lejano, entenderle o no entenderle, comprender lo que dice o no comprenderlo … todo esto depende de si tenemos o no bien ajustada nuestra receptividad y, sobretodo, nuestro corazón.
El fragmento del evangelio que hemos leído nos quiere hacer mirar hacia la fiesta de la Ascensión, del próximo domingo. La Ascensión, a pesar de ser un relato exclusivo de Lucas, ha sido convertida por la Liturgia en el coronamiento de la obra de Jesús, antes de Pentecostés. Cuando Jesús nos dice que se va, en realidad nos está diciendo que aún no estamos bien ajustados para "ver" su (nueva) presencia; presencia que iremos redescubriendo en la medida en que, leyendo el Manual de instrucciones, es decir, abriéndonos al Espíritu Santo, vamos ajustando nuestra vida.
Y, una vez más, se nos dice que la capacidad de ajustar nuestra vida depende de nuestro amor a Jesús, es decir, de nuestro amor al Hombre.
Sólo conocemos realmente aquello que amamos. Sólo el amor nos permite descubrir que en cada hombre hay un espacio sagrado e inviolable que hay que respetar. Y sólo un amor más grande nos lleva a respetarlo en verdad y a querer verlo respetado totalmente y con finura.
El amor perfecto nos permite ver en nosotros y en los demás la propia presencia de Dios. "Vendremos a vivir con él". No se trata de una presencia que ocupe lugar invadiendo una parte de nosotros, al contrario: es el fundamento de lo más íntimo y sagrado que hay en cada ser humano. Como la presencia del aire hace posible que resuene la música.
MENSAJE. 
La vida es un camino. Más importante que el término es el camino, dice un aforismo conocido. Y es muy cierto en este caso, porque el término no es un lugar o un espacio fuera de nosotros, sino que somos nosotros mismos. Hacer el camino nos va preparando para aquella sabiduría amorosa o aquel amor sabio que nos lleva a vivir y a disfrutar realmente de la Vida en comunión con Dios y los hermanos. Es un camino que no nos "desplaza" sino que nos transforma. Es el "paso" de la vida obtenida en la vida entregada.
RESPUESTA. 
No instalarnos en un punto del camino, aunque éste sea un punto "avanzado". No instalarnos en el presente, que cesa su existencia tan pronto como llega. Somos caminantes, y vale la pena caminar. Como dice el poeta Joan Maragall:
Fuera tierras, fuera playa;
olvídate de todo regreso:
no se acaba tu viaje,
no se acabará jamás …
PREGUNTAS para el diálogo. 
  1. Jesús distingue entre la paz que él ofrece y la paz que ofrece el mundo. ¿Cuál es la diferencia?
  2. En el camino de la fe, ¿habéis caído en la trampa de consideraros más avanzados que el resto y que esto os permitía instalaros allí?

Por el Padre Pere Torras
Rector de la Parroquia de Sant Joan de Vilartagues
Sant Feliu de Guíxols (Girona)